Especial Libros sin autor y librerías con un solo libro: las respuestas ante un mercado editorial saturado
Es una de esas noticias que, por insólita, acaban compartiéndose hasta alcanzar esa odiosa palabra, viralidad. La librería japonesa Morioka Shoten, en el barrio tokiota de Ginza, lleva desde 2015 ofreciendo a sus clientes un solo título cada semana. Ante el panorama habitual de establecimientos abarrotados de ejemplares que rotan cada pocos días, las imágenes de Morioka Shoten parecen más cercanas a una instalación artística: el espacio que suelen ocupar los estantes, en su caso están ocupados por fotografías que tienen relación con el título que se vende en cada momento. Sin embargo, no deja de ser una librería, una que apuesta por un modelo diametralmente opuesto al habitual: concentrar toda la oferta en un solo reclamo, y destacarlo de tal manera que la atención no pueda disiparse.
El caso de Morioka Shoten es el más llamativo y, desde luego, el que más incita a compartir las decenas de noticias que se han creado sobre ella, pero no el único dentro del mundo del libro que apuesta por una estrategia a contracorriente. Esta misma semana, la editorial sevillana Barrett, que desde hace tiempo apostaba por un sistema de suscripción como método de venta de sus títulos, ha anunciado que todos sus títulos de este año no estarán firmados. De esta forma, y coincidiendo con su décimo aniversario, los suscriptores recibirán libros “anónimos”, y la editorial se compromete a no revelar nunca la identidad de sus autores. Lo único que se sabe es que son escritores y escritoras conocidos, y no son debutantes. Una propuesta, a modo de juego, que busca también poner a la propia obra por encima del nombre de quien la firma, más allá de la evidente búsqueda de distinguirse entre el saturado panorama editorial.
Ambas apuestas van un poco más allá, pero no son las únicas que se salen de la lógica de acumular títulos y que sean los lectores quienes hagan, como buenamente puedan, un filtrado. La web Bookish lleva tiempo ofreciendo un servicio de suscripción que, entre seis colecciones diferentes encaminadas a distintos gustos, envía un título al mes elegido entre las últimas novedades. Hay otras, por supuesto, pero casi todas tienen dos elementos en común. El primero, constatar que la dinámica a la que ha llegado el mercado del libro no es sostenible. El año pasado, el número de nuevos títulos registrados superó los 90.000, unos 250 cada día, de los cuales es sabido que una gran parte son devueltos al no venderse en las librerías. A falta de una mejor explicación, la técnica empleada parece ser la de la huída hacia adelante: publiquemos mucho, aunque la gran mayoría no venda, para en el camino encontrar algún título que consiga destacarse. Pura selección natural, adaptada al mundo editorial.
El problema de este enfoque, más allá de que las cuentas de las editoriales cuadren, es que los lectores y lectoras se ven inundados de propuestas, muchas de ellas muy similares, y otras tantas que parecen creadas para aprovechar la ola del momento o la proyección pública del nombre que aparece en la cubierta. Esa cuestión nos lleva a la segunda cualidad de las iniciativas como las de Morioka Shoten o Barrett: se basan en la recomendación humana, en el criterio de alguien que disfruta una obra determinada y cree que otros pueden experimentar algo parecido.
No parece casual que esa labor, que nosotros compartimos y que ha recaído (y sigue recayendo, pese a todo) en las pequeñas librerías, busque nuevas formas para seguir diciendo algo básico: lee esto, creo que te va a gustar. Algo de lo que el sector editorial podría tomar nota, volviendo un poco a sus orígenes, en el que el valor de lo que se publicaba no se medía solo en ediciones y tiradas.