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Lo que se descubre sobre los escritores en los libros de entrevistas

Especial Lo que se descubre sobre los escritores en los libros de entrevistas

Carlos Rey España /

Pueden parecer títulos para completistas, o una excusa editorial para seguir explotando el nombre de un autor una vez que ya ha fallecido y no queda nada más que publicar, pero los libros de entrevistas pueden ser mucho más que eso. La última prueba es Notas para una autobiografía, el volumen que reúne entrevistas a Roberto Bolaño desde 1975 a 2003, el año de su fallecimiento. Un libro que abarca casi toda la carrera del escritor chileno y que ahonda en una personalidad que no eludía dar opiniones, sobre su propia obra o la de otros. Ajeno al influjo del éxito, tanto cuando le fue esquivo como cuando, ya al final de su vida, le llegó, Bolaño hablaba con la convicción de quien tiene muy claras sus opiniones y no teme a las de otros. Por eso, el libro es una fiesta constante, tanto para descubrir cómo funcionaba la cabeza del autor de 2666 como para los que busquen críticas mordaces.

Las entrevistas de Bolaño no solo nos muestran cómo las entrevistas pueden ir más allá de la promoción de un libro, sino también que había una época en la que los escritores no rehuían el debate público, sino que llevaban a gala sus opiniones, por polémicas que pudieran parecer. Un ejemplo perfecto es Opiniones contundentes, el libro que recoge entrevistas y artículos de Vladimir Nabokov, una delicia tanto para amantes de la obra del autor ruso como para lectores más ocasionales. Así se defendía, por ejemplo, de su posición ante las entrevistas: “Me enorgullezco de ser una persona carente de interés público. Nunca en mi vida he estado borracho. Nunca empleo palabras malsonantes propias de escolares. Nunca he trabajado en una oficina ni en una mina de carbón. Nunca he pertenecido a ningún club ni grupo. Ningún credo ni escuela ha tenido influencia sobre mí. Nada me aburre más que las novelas políticas y la literatura con propósitos sociales”. Poco después, se expresaba sobre la posibilidad de mostrar alguno de sus borradores: “Siento tener que negarme. Sólo las nulidades ambiciosas y los mediocres cordiales exhiben sus borradores. Es como hacer circular muestras de la propia saliva”.

Hay, por supuesto, otros libros que recogen conversaciones con escritores que, por sí solas, son valiosas más allá de la propia obra de los mismos. Sin embargo, quizás el mayor festín para cualquier aficionado a la literatura sean los dos volúmenes de entrevistas de la revista Paris Review que recopiló Acantilado. Más de medio siglo de conversaciones, desde la década de 1050 hasta más allá de 2010, en sus más de 2000 páginas se cita la mayor densidad posible de grandes escritores del siglo XX: Hemingway, Borges, Cocteau, Céline, Kerouac, Didion, García Márquez, Yourcenar, Cortázar o Sontag, entre muchos otros. Todos ellos y ellas, entrevistados con calma, en conversaciones que se aprecia que no están dictadas por un departamento de prensa ni por la necesidad de hablar del último libro de turno.

Quien dude si hacerse con el estuche de ambos libros -una inversión, desde luego, pero que devuelve con creces- tiene en la entrevista de William Faulkner que se puede leer online un incentivo. Preguntado por si está obsesionado con la violencia, el autor de El ruido y la furia responde así: “Eso es como decir que el carpintero está obsesionado con su martillo. La violencia no es más que una de las herramientas del carpintero. El escritor necesita una herramienta para escribir, de la misma forma que el carpintero necesita una herramienta para construir”. Cuando el entrevistador le pregunta sobre la gente que no entiende lo que escribe “incluso después de leerlo dos o tres veces”, él aporta su solución: “que lo lean cuatro veces”.


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