Los libros con los que diez grandes autores se engancharon a la lectura
Detrás de todo gran escritor, siempre hay un gran libro. Pero hoy no nos referimos a esas obras clásicas que han surgido de su capacidad para fascinarnos, sino a ese primer libro que, en una edad temprana, les abrió el universo de la literatura. El impacto de esas historias, como el primer amor, perdura en sus memorias mucho después de haber abierto por primera vez ese volumen. Incluso es posible que sin esa lectura iniciática hubiésemos perdido alguno de esos talentos. Por eso hoy en Librotea rendimos homenaje a los libros que descubrieron la lectura a diez grandes autores y autoras.
A la literatura juvenil le debemos muchas cosas. Nos ha entretenido, fascinado, descubierto nuevos universos y, sobre todo, ha sido históricamente una puerta de entrada al mundo de los libros. Varios de los mayores autores españoles de la actualidad coinciden en señalar que títulos de Julio Verne fueron clave en su infancia para sentir por primera vez la llamada de la lectura. Antonio Muñoz Molina, por ejemplo, reivindica 20.000 leguas de viaje submarino. “Lo vuelvo a leer de vez en cuando y me doy cuenta de lo grandísimo escritor que era Julio Verne. Es un libro de una gran fuerza y una belleza literaria”, nos explicó en su selección de libros.
Una de las historias de despertar a la literatura más bonitas que nos han contado llegó también con Verne. Juan José Millás nos contó como el frío le hizo ir a parar un día de su infancia a una biblioteca pública. Ahí se cruzó con Cinco semanas en globo y el resto ya es historia. Es libro me hizo lector.
Al joven Eduardo Mendoza también le cautivó el genio precursor e imaginativo de Julio Verne, pero él también apunta a otro clásico de la literatura de aventuras: La isla del tesoro. “Pensé que lo que quería hacer en la vida era escribir algo tan bueno y tan bonito como eso. Y lo sigo pensando”, nos confesó recientemente.
Algo similar se puede decir de Robinson Crusoe, otro de esos títulos que no podían faltar en ninguna biblioteca infantil y a los que debemos haber creado varias generaciones de lectores. Andrés Trapiello lo recordó en su selección de obras favoritas, y reivindica su valía en cualquier edad. De igual forma, el libro de Daniel Defoe es uno de los favoritos de Luis Landero.
Sobre este tipo de obras, Mario Vargas Llosa nos hizo toda una estantería de recomendaciones. Entre las obras que, nos dijo, leyó en “los años que pasé en Cochabamba, Bolivia” y quedaron en su memoria incluimos otro clásico, Los tres mosqueteros.
En algunas ocasiones, no es el libro en sí lo que despierta en los futuros autores la chispa de la curiosidad, sino el propio lenguaje. Mucho antes de ser una aclamada escritora de novela negra, Donna Leon leía un libro infantil cuando una frase llamó su atención. Había descubierto, sin buscarlo, la magia del lenguaje.
Otra gran autora actual, Siri Hustvedt, llegó a la literatura a través de un género mucho menos habitual. Cuando su madre le dio un libro de poemas de Emily Dickinson a los 11 años, descubrió su vocación, además de a una autora que no le ha abandonado desde entonces.
Igualmente precoz fue James Ellroy, que recuerda cómo la lectura de De aquí a la eternidad, a los 12 años, le hizo querer ser escritor. Desde entonces, asegura, intenta escribir el tipo de libros que le hubiese gustado leer a esa edad.
Por último, el nuevo premio Cervantes 2019 nos explicó cómo la obra que le abrió a la lectura fue, curiosamente, un libro que debía leer en su colegio de maristas. “Estaba adaptado al fascismo de Franco, pero provenía de un libro anterior de Francia”, nos explico en una entrevista. “Pero estaba muy bien escrito, aunque no tenía autor. Fue para mí este libro como un primer milagro”.