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Nos quedó la palabra

Especial Nos quedó la palabra

Pepe Verdes España /

La noche del 23 de abril tuvo lugar el acto de inauguración de la 50º Feria del Libro de Buenos Aires, que por primera vez en su historia no contó con un discurso inaugural, que en esta ocasión fue sustituido acertadamente por una charla entre las escritoras argentinas Leila Guerriero, Gabriela Cabezón Cámara y Selva Almada, moderada por la periodista y también escritora María O’Donnell. Un miniconcierto sorpresa de Fito Paez interpretando algunas versiones al piano de temas propios y de su eterno amigo Charly García, a quien deseó una pronta mejoría de su reciente operación, no hacía sino elevar los ánimos del más del millar de asistentes que aplaudían enfervorecidos y expectantes por lo que estaban viviendo en la pista central del Predio La Rural en la ciudad de Buenos Aires, y por lo que intuían que les esperaba a continuación.


Sin embargo, como en el argumento de una de esas novelas de aeropuerto, el guión dio un cambio de sentido y fueron subiendo al escenario de forma parsimoniosa algunos representantes políticos de distintas administraciones del sector de la Cultura para dar cuenta (o al menos intentarlo) de todo lo que han venido haciendo desde su área de responsabilidad para fomentar la lectura en el país. Vano intento. La peor parte se la llevó Leonardo Cifelli, secretario de Cultura del Gobierno de Javier Milei, que fue abucheado e increpado por parte de algunos asistentes, mientras otros –más tímidos– aplaudían sus palabras, en un intento por apoyar la política cultural que el gobierno de la Nación está llevando a cabo. Un nuevo giro argumental que nadie esperaba hizo subir los decibelios cuando las tres escritoras y la moderadora subieron al escenario para devolver la palabra al lugar que merecía en una feria del libro.


Iniciaron su conversación hablando de la dificultad de sentirse englobadas en una misma “masa de autoras” (Leila Guerriero), dada la enorme “diversidad” que existía entre ellas mismas; romper “la idea de troupe”, fue la expresión que utilizó Selva Almada. “Las mujeres somos seres humanos y los humanos escribimos”, sentenció Gabriela Cabezón Cámara. También hablaron de los diferentes procesos de escritura que cada una de ellas sigue a la hora de enfrentarse a la página en blanco; sobre todo teniendo en cuenta que dos de ellas (Cabezón Cámara y Almada) son básicamente escritoras de ficción, mientras la tercera (Guerriero) sólo escribe no ficción, un género que la obliga a pasar meses de exhaustiva investigación, antes de acudir al papel. Luego todo son en su caso jornadas de doce horas, apenas interrumpidas por una hora para correr al día.

Algo que, sin embargo, comparten las tres autoras es “la música que sienten en su interior”, y que les dice cuando todo va bien; entonces ya nada puede detenerlas. Almada utilizó una de las metáforas distópicas más esclarecedoras al compartirnos que dispone de algo parecido a un órgano situado en su nuca que escribe cuando ella no está escribiendo.

Se habló mucho del derecho a leer, “un derecho que aprendí en la escuela pública en la que estudié y en mi casa” aseguró Salma Almada. Gabriela Cabezón Cámara confesó en este sentido que “leer nos enseña que hay otras maneras de acercarse al mundo que no sea de una forma mezquina”, para concluir: “He estado buscando el nombre del género que defina nuestro momento y creo que lo he encontrado: necro-grotesco.”



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