Especial Tipos Infames y la importancia de preservar los lugares que nos recomiendan libros
Es una de las peores noticias para la actividad cultural madrileña de lo que llevamos de este aciago 2026. Ayer se anunciaba a través de sus redes sociales que la librería Tipos Infames cerrará sus puertas el próximo mes de febrero, tras 15 años de actividad. Una década y media en la que la librería de Malasaña se convirtió en más que una librería: lugar de encuentro, dinamizador de la vida cultural y un pequeño oasis en una zona cada vez más despojada de una personalidad propia. Es precisamente la gentrificación la causa que sus responsables indican como del desencadenante de su decisión. Desde el mes que viene, ese barrio madrileño estará aún más vacío.
Por el local de Tipos Infames en la calle San Joaquín pasaron autores y autoras presentando sus libros, algo que sucedía con increíble constancia. Muchos de ellos y ellas de editoriales pequeñas, pero también otros nombres consagrados, porque siempre fue un lugar que aglutinaba y acogía. Varias de las entrevistas que hemos grabado en Librotea a lo largo de nuestros diez años de vida se realizaron allí, en una planta baja que también servía de espacio de exposiciones. Allí siempre se podía pasar para ver las novedades, para tomarse un vino o para encontrarse con alguien. Pero sobre todo era un lugar en el que descubrir nuevos libros, una vocación que en Librotea compartimos.
La de Tipos Infames era (todavía es) una vocación de librería en la que la recomendación tenía un valor esencial, ya fuese a través de sus libros destacados, de sus videos en redes sociales o de los comentarios de viva voz de sus responsables. Una labor que nace del amor por la literatura y que va más allá del negocio, aunque también lo sea. Una manera de compartir la pasión por los libros que sigue siendo, además, fundamental para que toda una industria como la editorial siga en marcha. Si bien los superventas lo son por llegar por otras vías, no son pocos los casos en los que un fenómeno literario comienza de esta forma, a través de la recomendación de los libreros, que actúan como uno de los grandes prescriptores del sector. Antes de estar en boca de todos, libros como El infinito en un junco o la más reciente Comerás flores fueron libros que comenzaron a recomendarse en librerías, iniciando así fenómenos que, de otra forma, no habrían surgido gracias al marketing.
Esa tarea seguirá existiendo mientras sigan existiendo lectores y haya gente osada que se atreva a abrir librerías. Seguiremos viendo recomendaciones y descubriendo libros en otras pequeñas librerías de Madrid, y de otras ciudades de todo el país, pero el caso de Tipos Infames es también un recordatorio: por mucho que estuviese siempre presente durante los últimos 15 años, que tuviesen una actividad constante, que reuniesen a lectores y lectoras de todo tipo e incluso que recibiesen en 2021 el premio Librería Cultural. Las pequeñas librerías, y más si se encuentran en zonas céntricas y proclives a la especulación, son vulnerables. Cuidarlas no solo significa mantener vivos sus modos de vida, sino también una parte importante de nuestra cultura.