10 libros clásicos de terror poco conocidos para preparar Halloween
Más allá de Drácula y Frankenstein, la literatura ha dado forma a pesadillas mucho más extrañas: presencias invisibles, casas malditas, experimentos prohibidos y personajes que se adentran en los rincones más oscuros de la mente.
Nos encontramos ya en plena época pre Halloween, cada año más extensa y convertida en un carnaval de lo siniestro. Un momento del año en el que, más allá de las calabazas y las calaveras, podemos aprovechar para leer o releer literatura de terror. Más allá de los clásicos del género, hay una serie de grandes obras que quizás no han llegado al público masivo, pero que no solo son terroríficas, sino también buena literatura. Seleccionamos 10 de esos clásicos poco conocidos para preparar este Halloween.
El gran dios Pan, de Arthur Machen
La obra de Arthur Machen fue una de las inspiraciones de H. P. Lovecraft, con lo cual ya tendría un lugar de honor en la historia de la literatura de terror. Pero su obra además abrió otra vía de lo terrorífico: no escribía sobre fantasmas o demonios, sino sobre fuerzas de la naturaleza y criaturas que conectan con lo primigenio. Partiendo de la mitología celta, sus relatos nos hablan de ritos, hechizos y enigmas que aúnan belleza y horror.
La otra parte, de Alfred Kubin
Publicada en 1909, esta novela nos lleva al Reino de los Sueños, un territorio aislado del resto del mundo y gobernado por un poder misterioso. Su protagonista acepta la invitación de un antiguo conocido para instalarse allí, pero pronto descubre que aquella sociedad esconde una naturaleza siniestra. Alfred Kubin, conocido también por su obra gráfica expresionista, construye una pesadilla en la que lo grotesco y lo fantástico se mezclan hasta descomponer la realidad. Una historia de terror que también establece paralelismos con la crítica social.
El horla, de Guy de Maupassant
Aunque la mayor parte de la obra de Guy de Maupassant se inscribe en el realismo, también dejó joyas dentro de la literatura fantástica que se acerca al terror, como El horla. Este relato nos presenta a un hombre que sospecha que una presencia invisible controla su casa, y nos narra su deterioro mental a través de su diario. Una obra primigenia sobre los límites de la razón y el poder de la percepción humana.
Los sauces, de Algernon Blackwood
El relato más conocido de Algernon Blackwood es también uno de los primeros ejemplos de horror cósmico. En él nos narra la peripecia de dos viajeros que recorren el Danubio y deciden acampar en una isla cubierta de sauces. A partir de ahí, la sensación de que alguien o algo les amenaza va creciendo. El terror no viene aquí de criaturas malignas, sino de la propia naturaleza y de una fuerza a la que nunca se le da nombre.
La habitación de la torre, de E. F. Benson
En este volumen de relatos de fantasmas, E. F. Benson lleva el terror a territorios de la vida cotidiana. El cuento que da título a la colección gira en torno a una pesadilla recurrente que empieza a invadir la vida real de su protagonista. Pequeños detalles que alteran la normalidad son la puerta de entrada a las situaciones pesadillescas que nos presenta. Una literatura que se basa en la sugerencia, las atmósferas opresivas y el desarrollo (o deterioro) psicológico de sus personajes.
El papel pintado amarillo, de Charlotte Perkins Gilman
Cuando la realidad es la base del horror se generan obras como El papel pintado amarillo. Crítica de las prácticas médicas que sufrían las mujeres en el siglo XIX. En su obra, Charlotte Perkins Gilman nos presenta a una mujer casada con un médico que se instala con su marido en una casa de campo para recuperarse de un malestar supuestamente nervioso. Obligada a descansar y apartada de cualquier actividad, comienza a obsesionarse con el papel pintado de la habitación en la que pasa los días. Charlotte Perkins Gilman publicó este relato en 1892, convirtiendo el encierro doméstico en una experiencia de terror psicológico.
Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson
Maestra del terror, Shirley Jackson no necesitaba fantasmas en sus obras. En esta novela, nos presenta a unas hermanas que viven con su tío en una mansión familiar, aislada de la comunidad cercana. Una tragedia del pasado sobrevuela una narración en la que las supersticiones y secretos cruzan la vida de unos personajes que viven al margen de las convenciones.
El rey de amarillo, de Robert W. Chambers
Publicada en 1895, esta colección de relatos es uno de los mayores ejemplos del llamado terror cósmico. Quienes leen determinados pasajes de El rey de amarillo, una obra teatral ficticia, quedan atrapados por una inquietud que amenaza con destruir su percepción de la realidad. Robert W. Chambers combina decadencia, misterio y horror sobrenatural.
Relatos de fantasmas, de Edith Wharton
Wharton, conocida por novelas realistas como La edad de la inocencia, también cultivó el relato sobrenatural. En estos once cuentos, el terror se filtra en espacios cotidianos y ambientes domésticos, presencias que desafían la razón, secretos que regresan y una realidad que comienza a resquebrajarse.
La casa al borde de la tierra, de William Hope Hodgson
Un manuscrito encontrado entre las ruinas de una casa permite reconstruir las experiencias de su antiguo habitante, que asegura haber vivido fenómenos imposibles de explicar. Publicada en 1908, esta novela de William Hope Hodgson transforma una vivienda aislada en el escenario de visiones aterradoras que desdibujan los límites del espacio y el tiempo. A medida que la narración avanza, la amenaza deja de pertenecer al mundo cotidiano y adquiere dimensiones cósmicas.