Bernardo Atxaga: novelas que son como icebergs y sus libros recomendados
El autor de 'Obabakoak' regresa a la novela con 'Golondrinas'.
En 2022, con Desde el otro lado, Bernardo Atxaga daba por finalizada su andadura en la novela. El escritor guipuzcoano, autor de obras tan aclamadas como Obabakoak o El hijo del acordeonista, parecía cerrar así su andadura en el género para dedicarse a otro tipo de textos. Sin embargo, cuatro años después ha llegado Golondrinas, en efecto una novela, pero una que se aleja de los cánones narrativos para adquirir unas formas que solo son posibles en el universo Atxaga.
Partiendo de la figura de Urtain, el famoso boxeador vasco, Golondrinas recorre tres funerales, y tres existencias previas, de “niños perdidos”, hombres que vivieron una vida a la deriva, unidos por un paisaje en común y algunas relaciones personales. Todo ello, contado por Uzariel, uno de los cuatro ángeles caídos que observan las peripecias de los humanos sin poder comunicarse con ellos, y el único que logra empatizar con esos seres ridículos. Hablamos con él de su nueva obra y nos recomienda algunos libros favoritos recientes.
Video: entrevista con Bernardo Atxaga
Preguntado por su regreso a la novela, Bernardo Atxaga tiene que hacer una confesión: “Debo decir que hablo demasiado y que no tengo freno cuando expreso mis deseos”. Su renuncia pública al género se debe a lo que describe como un periodo “de gran tensión”, precisamente el que le provoca la escritura de una novela. “Es como estar siempre con los cables eléctricos zumbando encima y uno cuando acaba la novela realmente odia la novela, odia la literatura, odia el mundo y lo único que quiere es dormir”, cuenta. “En ese momento es cuando debería callarme y no me callo y digo que no voy a escribir más. Esto es lo que me pasa”.
Sin embargo, todo pasa. Atxaga se remite a un pasaje de su nueva obra: “Cuando está el pintor en horas bajas y tiene en su mente siempre esas imágenes de las golondrinas bajo la lluvia a punto de salir, cuando él piensa si yo también no debería escapar, no debería salir del mundo, entonces el narrador le dice: pero ¿por qué? Si en tu caso tienes dentro una dinamo, un motor que puede ayudarte a seguir adelante sin ningún problema y eso es tus ganas de pintar. Yo creo que en mi caso también es un poco lo mismo. Mi vida no es tampoco del otro mundo. Sin embargo, he tenido un deseo siempre, desde los 14 años, de escribir y se ha convertido un poco como caminar para el que camina todos los días. Después del sofoco y después del cansancio, al cabo de dos meses es como si otra vez el rescoldo, otra vez la dinamo, empezase a moverse y entonces empiezas a escribir. Y una vez que empiezas, eso es lo mejor de escribir: la primera parte, cuando empiezas a tirar los hilos. Entonces querrías lo contrario, no estar en el mundo, estar fuera y seguir con el libro”.
Explica Bernardo Atxaga que la chispa de Golondrinas se le apareció andando. “Siempre hay un momento inicial. He leído, por ejemplo, a Tolstoi, cuando habla de cómo escribe alguna de sus novelas, dice que va un día paseando y ve una retama torcida y entonces se acuerda de tal bandolero. A veces, es sencillamente esa cerilla, que se enciende e ilumina algo de tu mente”, señala. “En este caso, yo iba paseando por una zona de Guipúzcoa y de repenteme dijeron, esa fue la casa donde nació Urtain. Entonces pregunté: bueno, ¿y dónde está Urtain? ¿Dónde lo enterraron? Y tuve la fortuna de que allí con un tractor había un campesino que había estado con él en la escuela. Me dijo: ‘si quieres te enseño dónde estaba’. ¿Cómo que dónde estaba?, le dije. 'Sí, es que solo los tienen en el cementerio 25 años, ya no están’. Entonces en ese momento, pensé, lo que ha sido Urtain. Primero, antes de ser famoso como boxeador, era extraordinariamente famoso como levantador de piedras. En su mundo era un rey, era un príncipe. Cuando tenía combates, era el momento en que todas las tiendas de televisores los ponían en el escaparate”.
La historia de Urtain podía haberle llevado por otro camino. “Era un poco el tema de las vanitas. Es decir, es el príncipe, pero luego está la calavera y al final ni siquiera la calavera”, señala. “Yo podía haber llevado eso al círculo de un mundo que he conocido, porque es el que yo he vivido, el de Obabakoak, el de las apuestas. Podía haberlo llevado a su biografía y todo eso, pero fundamentalmente me pareció que él era un hombre desamparado, un hombre que pierde un lugar, que sale de un espacio y va a otro y los dos al final se cierran para él. Pensé que era un hombre perdido”.
Bernardo Atxaga: "Una novela es un iceberg. Hay mucho más debajo de la novela, en notas, cientos de notas".
La historia de Urtain se une a la de otros dos hombres perdidos: Guillermo, el tirolés, que odiaba al boxeador y que vivió en los márgenes, y Pedro, el artista que quería a Urtain. Todos ellos comparten un mismo entorno y, sobre todo, una misma mirada, la de Uzariel, el narrador de la novela, ángel caído y parte de una cuadrilla que observa el mundo con una mezcla de sorna y desprecio, sin poder intervenir en él. “Me pareció que contarlo de una forma naturalista no cabía porque eran muchos años, eran muchos personajes, y me puse a escribir a partir de la idea de unos ángeles militares que hablan a su manera, que son malvados, y de repente me pareció divertido”, explica al autor. “Igual son semanas, meses, que vas mirando al texto y dices ¿cuál es la resistencia? Me gusta mucho esta expresión: la resistencia del texto. ¿Cuál es? ¿Cómo supero esta resistencia? Al principio eran cuatro narradores, pero eran iguales, hablaban igual. Pensé que no había ningún movimiento. Cada uno tenía que tener su voz. Y entonces pensé: ¿y si hay alguien, alguno de ellos, que está en crisis? Y así fue como empecé. Para mí la frase clave del libro, fue cuando él se siente en crisis y dice ¿qué me ocurre? ¿Por qué no me satisface la crueldad? Es entonces un personaje que va a permitirme una clarividencia, pero es intermitente porque es el más cohibido de esa cuadrilla”.
Golondrinas es una novela, pero una novela que quizás solo Atxaga podía escribir, llena de capas, caminos y significados. “Una novela es un iceberg”, resume. “Es decir, hay mucho más debajo de la novela, en notas, cientos de notas. A veces el texto sale y va hacia un lado y dices, no puede ser. Con el tiempo todo se va revelando, va apareciendo el tema, va apareciendo el dibujo, es como si, mientras hablas por teléfono, vas dibujando con el bolígrafo y al final ha salido una figura”, concluye.
Libros recomendados de Bernardo Atxaga
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Quiero empezar con un libro en catalán de un autor mallorquín, que creo que es un gran narrador y es un gran poeta. Entre uno de los dos personajes está Juan March, el de la banca, y el libro es muy interesante, con una documentación tremenda. Si no se puede leer en catalán, que lo traduzcan, por favor.
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Sigo con la periferia. Hay un autor joven vasco que escribe en lengua vasca,y escribió una novela que a mí me pareció también atrevida, de cierto modo, se empareja con la que yo acabo de publicar en, porque también habla de pintura, y se llama Una coca-cola contigo, que es, si no recuerdo mal, es el comienzo de un poema de Frank O’Hara. Es un poema en el que le dice a su amante, ‘prefiero tomar una coca-cola contigo que ir a San Sebastián, Bayona, Biarritz…’. Esta novela yo creo que se va a traducir, pero, en cualquier caso, debería traducirse, me parece muy interesante, y también muy fuera de lo convencional.
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Ignacio Martínez de Pisón tiene una gran valentía cuando escribe, un gran valor, coraje, porque no es fácil adentrarse en los abismos y entrar de frente, prácticamente como si estuviera delante y pusiera el espejo, sin ninguna teoría que lo suavice. De él me asombra ese coraje, y, luego, tiene una gran capacidad de fabulación y de construcción.
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Esto es un atrevimiento por mi parte. De todas las teorías literarias que he leído a lo largo de mi vida, las que siempre me han parecido más interesantes han sido las marxistas. Creo que se debe leer Arnold Hauser, que es la Historia Social de la literatura y del arte. Ese libro estaba en mi casa desde hace mucho y lo había leído hace 30 años o más.