Eider Rodríguez: el arte de retratar la intimidad en la literatura y sus libros recientes favoritos
La autora vasca vuelve al relato con 'Era todo el mismo hueco', una colección de cuentos que van de lo personal a lo social.
Con Era todo el mismo hueco, Eider Rodríguez regresa a un territorio conocido, el relato. La autora, una de las voces más importantes de la literatura en euskera, se fija en instantes cotidianos, casi mínimos, en relaciones y acontecimientos pequeños, para tejer un retrato que no es solo personal, sino también colectivo. Las relaciones de amistad que se tensan, las de pareja que se desgastan y momentos en los que personajes que podrían ser personas cercanas a nosotros evidencias que algo falta son la manera de la autora de Un corazón demasiado grande para hablar de nuestro presente.
De esa intimidad, de las relaciones humanas y de lo que se refleja en ellas en cuanto a condición social hablamos con la autora en esta entrevista. Además, nos recomienda varios libros que han sido importantes para ella recientemente.
Video: entrevista con Eider Rodríguez
Explica Eider Rodríguez que los ritmos de la novela y del cuento son distintos, pero para ella se complementan. “La novela me permite experimentar la velocidad. Una velocidad de escritura y una manera de escribir, un ritmo distinto al del relato”, cuenta. “He escrito, además de la novela que mencionas, Material de construcción, otra novela que todavía no he publicado, pero ya la he escrito; terminé de escribirla en octubre. Y en esta novela lo que he visto es que puedes escribir sobre un tema explayándose, que es justo lo contrario de lo que haces en un relato, donde tienes que contenerte. Ese efecto acordeón de uno y otro hace que respire mejor la escritura. Creo que es una muy buena combinación: combinar la velocidad o el ritmo de la novela con la escritura de relatos. Ese movimiento de sístole y diástole, también del corazón”.
Lo que sí tienen en común sus textos, independientemente del género es un acercamiento concreto a sus personajes. “Mi material de escritura, por lo general, es lo íntimo”; asegura. “La vivencia de lo íntimo y eso que se quiere proteger por ese biombo que llamamos intimidad, que luego, a la vez, resulta tan vulgar cuando te adentras en ello. Yo creo que, por mi formación y por mi educación, todo lo social atraviesa también lo íntimo”.
Paradójicamente, una intimidad que se puede extrapolar a lo colectivo. “No es tanto que yo esté buscando, a través de lo íntimo, contar lo social, pero sí creo que ahora hay una angustia compartida, una ansiedad compartida, una desazón compartida, una falta de certezas compartida, que también emerge en el ámbito de lo íntimo”, asegura. “Cuando estoy hablando de una caída de dientes de un miembro de la pareja, por ejemplo, detrás de esa enfermedad hay también condicionantes socioeconómicos que quiero que estén ahí, que no censuro y que quiero que emerjan y formen parte del relato”.
Lo que cuentan las relaciones de amistad
En Era todo el mismo hueco hay parejas, mujeres solas y también relaciones de amistad, un tema que interesa especialmente a Rodríguez. “La amistad es la gran relegada en el ámbito de las relaciones, por lo que respecta al mundo de la ficción, tanto del cine como de la literatura, incluso de la música”, señala. “No sé, parece que la amistad siempre tiene que estar en un tercer, cuarto o quinto plano, muy por debajo de la familia, de la pareja o del trabajo. Y es muy duro porque luego, en la vida cotidiana, no es así. Entonces, yo tenía muchas ganas de hablar sobre ello y de escribir sobre ello”.
En esas relaciones, sin embargo. también hay grietas. “Me he dado cuenta de que toda la cuestión de clase, todo lo social, atraviesa también las relaciones de amistad”, señala. ·Se pueden encontrar las mismas relaciones de poder, el mismo ejercicio de poder, las mismas jerarquías que puede haber en el ámbito familiar o en una relación de pareja. Incluso los mismos celos, las mismas desconfianzas y las mismas envidias, pero sin el componente sexual o biológico de la familia. Me ha parecido muy interesante poder escribir sobre eso. Hay un relato dedicado específicamente a ello, pero también en los relatos sobre parejas que he escrito hay un componente amistoso que he querido tratar”.
“Hablando con Begoña Gómez Urzaiz, me decía algo que yo no sabía, pero que parece que está documentado: que las parejas homógamas duran más que las heterógamas. Es decir, que las parejas que provienen de clases sociales distintas tienen menos futuro que las que proceden de una misma clase social”, prosigue. “Creo que esto también es extrapolable a las relaciones de amistad. A veces pasa con dos chicas que son amigas, pero de repente una puede irse a estudiar fuera y la otra tiene que quedarse. Ahí hay una ruptura que no tiene que ver solamente con su voluntad, su deseo, su buena fe o su disposición, sino con algo que viene de antes, incluso de las herencias.
En Era todo el mismo hueco también hay un relato que agradará especialmente a quienes hayan seguido la trayectoria de Eider Rodríguez, en el que recupera a la pareja protagonista del relato Un corazón demasiado grande. “No ejerzo mucho control sobre lo que voy a escribir, porque parto de una incógnita. En este caso concreto, con el cuento Canícula, lo que me pasó fue que aquello desconocido eran unos personajes: Isabel e Iñaki. Eran personajes con los que había trabajado mucho tiempo. De alguna manera, permanecieron. Había algo en ellos que seguía ahí.
Así, Rodríguez decidió retomar a esta pareja. "Lo que me interesaba era ver qué había sido de la vida de estos personajes siete años más tarde. Después de haberlos colocado en una historia y en una relación, quería saber en qué habían cambiado sus vidas. Y la verdad es que fue una experiencia muy extraña y muy enriquecedora, porque me di cuenta de que tenían mucha vida, que todavía tenían muchas cosas que contar y que me daban mucho espacio para hablar, a través de ellos, de algunas de mis obsesiones”, concluye.
Libros recomendados por Eider Rodríguez
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Una autora galesa que hace algo sorprendente con esta novela breve, o novelaza, publicada por Libros del Asteroide. Cuenta una historia de amor, de identidad, de lenguaje y de idioma. Es una novela que te detiene nada más entrar en ella y consigue que te sumerjas en su atmósfera de una manera apabullante. La recomiendo fervientemente.
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Otro libro, un ensayo, que también me ha gustado mucho y que he leído recientemente es La última frase, de Camila Cañeque. La autora realizó una investigación sobre los finales de no sé cuántas novelas y luego los montó de tal manera que esos finales terminan contando algo acerca del final como concepto y también acerca de la muerte. Es un libro sorprendente, muy original. Me gustó muchísimo.
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No conocía a esta autora, aunque parece ser que escribe habitualmente ciencia ficción. Este libro es una rareza fascinante. De repente te está contando la vida de una musa que también es escritora y también es pintora. Pero, en realidad, tiene mucho que ver con las obsesiones de quienes escribimos, con las personas sobre las que escribimos y con cómo esas obsesiones están hablando de nosotras mismas; en este caso, de la muerte.Hace algo que no puedo contar porque precisamente ese procedimiento forma parte de la estructura de la novela. Mejor dicho: el dispositivo de la novela es la propia novela.
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Ahora mismo estoy disfrutando muchísimo de un autor colombiano al que no conocía, Giuseppe Caputo. Estoy leyendo La frontera encantada y la verdad es que me está gustando mucho su prosa y la deriva que está tomando el libro, cómo va mutando. Todavía no lo he terminado, pero ya puedo recomendarlo fervientemente.