Elena Medel: poder, lucha de clases y la mentira de la meritocracia en su novela más ambiciosa
Elena Medel habla de ‘Todos mis pecados y la mitad de mi dolor’, una novela con un catedrático de universidad a punto de jubilarse como motor de la trama.
Es una de las grandes novelas en español del año, y una de las mejores noticias de la rentrée. Seis años después de Las maravillas, Elena Medel publica Todos mis pecados y la mitad de mi dolor, la segunda novela de una autora que destacó primero en la poesía. Hablamos de una obra formalmente más compleja, con multitud de personajes y voces y un contexto muy diferente al de su debut en la narrativa, pero que conserva algunas de las inquietudes de la autora.
A través de la figura de Jesús Guzmán Espinosa, un catedrático de literatura romántica inglesa que se enfrenta a su jubilación después de décadas ejerciendo una enorme influencia sobre profesores y alumnos, Medel nos habla de la mentira de la meritocracia, de los clanes familiares que domina ciertos círculos y de cómo determinadas personas ejercen su poder de manera implacable. Hablamos con ella de la creación de esta novela y de algunos libros que han sido importantes en su escritura.
Video: entrevista con Elena Medel sobre Todos mis pecados y la mitad de mi dolor
Cuenta Elena Medel que esta no es la novela que estaba escribiendo originalmente, pero que en su camino se cruzó un poema de Lord Byron que le hizo cambiar de camino. “Estaba escribiendo otra novela, muy ambiciosa en lo formal, más que esta quizás, y no estaba encontrando demasiado el tono”, recuerda. “Encontré en una librería una antología de la poesía de Lord Byron y en ella un poema que yo no conocía tanto, que se titula El infiel, El Giaour, dependiendo de la traducción al castellano. Me interesó el poema y empecé a tirar de ese hilo, a preguntarme de qué manera podía llevar ese poema, esos personajes, a mi mundo, que es el mundo de la clase social, el dinero, el poder”.
Desde ahí, comenzó otro proceso distinto. “La novela ha ido mutando durante el tiempo de escritura, que han sido casi cuatro años. En algunas ocasiones era una novela de vampiros, en otras era una novela de espías. Al final acabó siendo una novela de filólogos, que yo creo que quizás es una mezcla entre uno y otro”, bromea Medel. En el centro, está ese personaje, el del catedrático que se resiste a dejar de serlo. “Surgió de manera muy sencilla y muy natural y también, inevitablemente, en torno a él, toda la gente del departamento, su familia, etcétera. Ahí van apareciendo los personajes y cada cual va trayendo su trama”, señala.
La universidad como reflejo del mundo
El mundo universitario, con sus códigos y su vitola cultural, le permite a Medel explorar dinámicas de poder que son aplicables a casi cualquier otro entorno. “La novela quizá se hubiera podido desarrollar en una carnicería o en otro ámbito profesional, pero me interesaba llevarla al mundo universitario porque ahí entra el conocimiento, la educación, la cultura”, apunta. “Ese valor de la formación como un prestigio, pero también como una esperanza que atrae mucho en la teoría, pero en la práctica se demuestra que al final importan los apellidos, importa el origen socioeconómico. Me gustaba ese contraste entre las expectativas de Estefanía, del personaje de la alumna que llega a la universidad queriéndolo todo, con ambición, y que poco a poco se va encontrando con la realidad. En cierto modo, quería enfrentar esa realidad a un mundo que tiene desde luego mucho de sagrado”.
Por esa misma razón, la universidad en la que se desarrolla no tiene nombre, ni tampoco la ciudad de provincias en la que se encuentra. “Si yo menciono una ciudad concreta y una universidad concreta, puede acotar mucho la predisposición de quien está leyendo la novela”, apunta la autora. “Por otra parte, está la posibilidad de abrir la imaginación de quien está leyendo. Es una ciudad, como tantas otras ciudades, en la que un río divide la ciudad vieja, que es la ciudad del dinero, que es la ciudad del poder, la separa de la ciudad nueva, que es la ciudad de los trabajadores”
Cuando el trabajo se convierte en identidad
La jubilación de Don Jesús Guzmán Espinosa es uno de los motores de la novela. Para un hombre que ha pasado décadas en la universidad, abandonar su puesto significa también enfrentarse a la pérdida del espacio en el que ha construido su identidad. Medel conecta ese conflicto con una relación contemporánea con el trabajo que desborda lo profesional. “Todo ese entramado entre el reconocimiento, la vocación, el trabajo, el esfuerzo, etc., lo han estudiado muy bien, entre muchos otros, Remedios Zafra. Uno de los motivos por los que el catedrático se resiste a esa jubilación es porque va a perder su identidad. Lleva décadas trabajando en la universidad, su verdadero hogar no es su casa, sino el despacho”.
“Al final nuestra relación con el trabajo ha terminado fagocitando muchos otros aspectos de nuestra vida”, continúa Medel. “Cuando nos presentamos ante alguien, a nuestro nombre añadimos nuestro oficio. Somos mucho más que aquello por lo que nos pagan a final de mes y, sin embargo, la tensión o el discurrir de la sociedad actual nos está llevando cada vez más a eso. Como se suele decir con el juego de palabras, no a trabajar para vivir sino a vivir para trabajar”.
La jubilación también supone para Don Jesús perder el poder que ha acumulado durante años. Medel amplía esa relación jerárquica para mostrar que el poder no circula únicamente desde quien ocupa la posición más alta. “Él ha sido el demiurgo, el pequeño dios de ese departamento en el que ha ido decidiendo quién era merecedor de una beca, quién podía acceder a una plaza... La novela también plantea esos juegos de poder porque no solo el catedrático somete a quienes le rodean, sino que cada personaje, a su vez, tiene otro personaje al que somete y otro personaje por el que ha sido sometido”.
Incluso en quienes pensamos que pueden estar más desamparados. “Pienso en el personaje de Estefanía, ella ejerce un poder sobre sus hermanos, sobre su pareja, sobre su mejor amiga. Entonces, quería plantear también eso, de qué manera, incluso en ámbitos cotidianos, casi domésticos, alejándonos incluso del círculo de la universidad, podemos también jugar esos juegos de poder y de jerarquía. Como la cadena trófica que aparece en la novela, también se sigue manteniendo cuando cerramos la puerta de casa.
Libros recomendados por Elena Medel
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El primero serían los diarios de Lord Byron. Están publicados por Galaxia Gutenberg con edición al cuidado de Lorenzo Luengo. Para desarrollar todo ese pensamiento del catedrático sobre Byron, para mí fueron utilísimos. Creo que quien tenga un prejuicio sobre la figura de un autor que es su obra, pero que también en cierto modo es su vida, ayudan a situarse bastante y son una lectura muy gustosa.
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El mar, el mar, de Iris Murdoch. En general toda la obra de esta autora. Su idea de imaginación como herramienta moral para enfrentarse a la realidad para mí ha sido una guía cuando estaba escribiendo y me interesan mucho todas esas historias que ya montan en torno a la vida de hombres que empiezan ya a tener más pasado que futuro y para mí es una autora esencial
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Otro libro muy importante fue Sentimentales de Manuel Longares. Igual que con Murdoch, yo lo recomendaría todo de Longares, pero este libro en concreto que es un libro que transcurre en una ciudad de provincias innominada en la que todos sus habitantes son auténticos melómanos y celebran estrenos musicales como quien sale a la calle para festejar un Mundial de fútbol, etc. Yo me apoyé mucho en ella por el tono, el ambiente de provincias, todo el trabajo que tiene Longares siempre con el lenguaje, que es una fiesta, el humor, la ironía… Son elementos que están en la novela y que yo siempre antes de entrar en la escritura calentaba leyendo este libro.
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Otra lectura fue un clásico que para mí resultó esencial al plantear la estructura, que es Drácula, de Bram Stoker. Yo siempre además subrayo que para mí la edición por lo menos que yo disfruté más es la de Juan Antonio Molina Foix para Cátedra porque el prólogo es una fiesta. Cuando tú entras a leer Drácula, que es una novela muy compleja en lo formal, muy admirable y creo que mejor que las películas. Ese prólogo de Molina Foix te pone una alfombra roja y es una gozada.
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