Escapar de la España vaciada y del peso de la familia: Jorge Begega y el dilema de ‘La piedad’
Con su primera novela, el autor leonés traza una historia de iniciación que transita entre la dureza, la ternura y el humor.
Ramiro, el protagonista de La piedad, quiere dejar su pequeño pueblo de león para estudiar en Madrid. También escapar de su familia, con un padre ganadero y un tío, Amador, cuya discapacidad le hace ser más bien un hermano pequeño al que cuidar. Pero las cosas no se le ponen fáciles, sobre todo cuando desaparece Piedad, una prostituta de la que su tío está enamorado y a la que ambos van a buscar a través de la región.
Con ese punto de partida, el guionista Jorge Begega arma una novela que es muchas cosas: relato de iniciación, una historia sobre las cargas familiares y un retrato de la España vaciada con todo lo bueno y malo que tiene. Hablamos con Begega de su debut en la novela y nos recomienda algunos de sus libros favoritos.
Video: entrevista con Jorge Begega sobre La piedad
El origen de La piedad está en una historia que Begega escuchó en su pueblo leonés, pero no fue hasta que comenzó un taller de escritura impartido por Juan Gómez Bárcena cuando empezó a escribirla. “Llegué con una premisa muy básica: qué le pasaría al personaje de Amador si desapareciese Piedad”. La novela, por otras circunstancias, fue adquiriendo forma. “Estaba atravesando una época un poco irascible con mi padre. Se daban esas situaciones en las que tienes que hacerte cargo de cosas que no quieres, tienes que tomar decisiones con tu hermano y demás”, recuerda. Algo que se fue trasladando a su protagonista: 'Esa pregunta de “¿por qué a mí?, ¿por qué me toca esto a mí?, ¿por qué no soy un chico normal que puede ir a la universidad y elegir un camino convencional?”, apunta el autor.
Ese enfado define parte de la voz narrativa de La piedad. Ramiro se encuentra en una edad en la que los demás empiezan a exigirle responsabilidades adultas sin estar preparado. “Es como estar en una edad en la que la mayoría de la gente todavía no te considera un adulto, pero tienes que tomar decisiones de adulto. Tú tampoco quieres considerarte un adulto, pero a veces te exigen que lo seas. Y quizá de esa manera de querer hacerte un hueco surge también esa rabia”, señala Begega.
Masculinidad y mundo rural
Otro personaje fundamental de La piedad es Amador, cuya discapacidad nunca llega a definirse. “Para mí era importante que no se verbalizase qué es lo que le pasa. Me parecía realista porque está la figura del tonto del pueblo, que nadie se preocupó nunca de qué tenía. Nadie le diagnosticó ni le dijo qué le pasaba. Para mí, lo importante era que en algunos tramos de la novela pensaras que Amador era un egoísta, pero que, al mismo tiempo, tuviese una ternura increíble. Que fuese también muy animal, en el sentido más primario de ‘no toques lo mío, que te pico’, como una gallina”, apunta.
La relación entre ambos está enmarcada en un universo familiar exclusivamente masculino. “Para mí era importante que fuesen solo hombres, que fueran tres hombres muy diferentes, pero con unas masculinidades no sé si viejas o antiguas”, explica Begega. “Hay una violencia contenida cuando hay tres hombres de diferentes generaciones que no saben hablar, que no saben expresarse. Lo único que expresan es el enfado y casi siempre a través de la violencia. Ni siquiera a través de una conversación, de una queja o de una corriente de pensamiento como la de Ramiro”.
Frente a esa dinámica, las mujeres tienen un papel decisivo. “La solución está en la madre de Ramiro y en Piedad. Una lleva a la otra, y Ramiro entiende un poco su situación y la vida que ha tenido cuando habla con estas dos mujeres. Creo que a Amador también le sucede algo parecido”.
La mirada sobre la vida en un pequeño pueblo es otro de los aspectos centrales de la novela. Frente a la idealización de la vida rural, Begega no oculta sus conflictos ni sus miserias, pero tampoco renuncia al afecto. “Creo que hay miseria y conflicto en la ciudad y en el campo. Son dos formas de vivir completamente diferentes, pero creo que hay cosas buenas y malas en los dos sitios”, apunta. “En lo rural, en el pueblo o en el campo, le pones cara al conflicto. Le pones cara al tipo que te quiere quitar un trozo de la linde o al que te quiere tirar un muro. En la ciudad, a lo mejor, el enemigo es más la burocracia o los vecinos como concepto”.
Pero esa querencia por el origen también está presente en La piedad. “Si yo siguiese escribiendo La piedad como si fuese una serie diaria durante veinte años, Ramiro volvería al pueblo”, asegura. “Hay una frase muy corta al final de la novela que dice algo así como que el monte estaba muy bonito. Es mi manera de decir que Ramiro va a volver”, concluye.
Libros recomendados por Jorge Begega
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Es un libro que me recomendó precisamente Juan Gómez Bárcena. Yo no conocía a Pedro Mairal y me lo recomendó Juan durante la escritura de La Piedad. Me pareció un libro increíble, la verdad. Me parece que, o al menos eso pretendía conseguir con La Piedad, se puede escribir desde lo crudo, desde el enfado y desde zonas un poco oscuras del ser humano. La Piedad habla de la prostitución y Una noche con Sabrina Love, de la pornografía. Pero, bueno, desde lo tierno. De hablar de lugares oscuros, pero desde el punto de vista de alguien, desde la ingenuidad, desde dos chicos que descubren algo luminoso en todo eso.
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Es un libro que me obsesiona, lo he leído muchísimas veces y, en concreto, para La Piedad me ayudó mucho precisamente por lo que hablábamos antes: por esa dicotomía, por no entender lo rural como una cosa única, sino como un mundo con sus miserias y sus bondades. También por esa descripción del hogar como algo que duele, como algo que puede doler
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Me parece un ejercicio estilístico absolutamente brillante. Es algo muy fascinante, muy atrevido, muy valiente. Aunque pueda parecer que el aterrizaje en el libro es duro, me parece una obra muy emotiva. Además, también habla de lo rural. Creo que es un libro del que se va a hablar mucho en los próximos años, la verdad
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No había leído nada de ella y, de repente, me he encontrado con un universo brillante, con un montón de lecturas, de capas y de matices. Habla de España de una manera que me da la sensación de que aborda una realidad de la que no se ha hablado, y de los españoles desde una mirada con la que quizá no nos habíamos visto antes. Estoy muy obsesionado ahora con Belén Gopegui, con ganas de devorarlo todo.