De los escaparates a las pantallas: Iñaki Gómez Álvarez y el ensayo que nos habla sobre cómo aprendemos a mirar al mundo
Iñaki Gómez Álvarez explora cómo los escaparates han educado nuestra mirada. Una conversación sobre ciudad, imágenes, consumo, infancia y cultura visual.
Antes de las pantallas, estaba el escaparate. Durante más de un siglo, ese rectángulo acristalado ha servido para exhibir productos, pero también para mostrar obras de arte, construir imaginarios colectivos y transmitir valores. En Escaparate. Pedagogía de la modernidad, ensayo ganador del XVII Premio Málaga de Ensayo, Iñaki Gómez Álvarez propone una historia cultural del escaparate que va mucho más allá del comercio. El autor rastrea cómo esas superficies han modelado nuestra forma de observar el mundo, desde los grandes almacenes de Chicago hasta las pantallas de los teléfonos móviles, y plantea una pregunta de fondo: ¿quién educa realmente nuestra mirada?
Para responderla, el ensayo reúne historia del arte, arquitectura, pedagogía y filosofía. En la conversación, Gómez Álvarez explica cómo una investigación sobre el museo doméstico acabó desembocando en una reflexión sobre la cultura visual contemporánea y sobre el modo en que las imágenes, muchas veces sin que seamos conscientes, terminan construyendo nuestra identidad.
Video: entrevista con Iñaki Gómez Álvarez sobre Escaparate
El origen del libro no estuvo, en realidad, en los escaparates. “El origen de la investigación procede de otra investigación previa, que es la idea del museo doméstico: las imágenes que nos llevamos a casa y con las que pretendemos alegrar nuestro domicilio, mejorar nuestra vida”, explica Gómez Álvarez. “Especialmente lo hacemos también con libros, con reproducciones de obras de arte. Así que esos museos de papel y ese museo de la mente que transportamos, una vez que hemos visto por la ciudad imágenes, los tenemos en casa y organizamos un museo doméstico”.
Aquella reflexión fue ampliándose hasta salir de la vivienda y ocupar el espacio urbano. “Quería indagar en esos orígenes y en esa conjunción de imágenes para que hagan de nuestra vida un tiempo mejor, de nuestra casa un lugar mejor y de la ciudad un espacio mejor era el motor”, cuenta el autor. La investigación le llevó a buscar lugares donde el encuentro entre las personas y las imágenes se producía de manera espontánea. Fue entonces cuando descubrió que el escaparate era mucho más que un soporte comercial. “Dentro de la ciudad buscaba lugares que fueran más propicios para el encuentro con la obra de arte o con el libro de arte y me di cuenta de que muchas veces quedaban expuestos en los escaparates los libros de arte. Incluso obras de arte habían sido presentadas en los escaparates o, por supuesto, alguna performance”, recuerda.
La ciudad como una película
Uno de los conceptos más sugerentes del ensayo es lo que llama"cinta de cristal", una metáfora que convierte el recorrido urbano en una experiencia cinematográfica. "La cinta de cristal, con el movimiento del transeúnte, es un travelling y tiene muchas similitudes con la cinta de cine, con los fotogramas y con una secuencia. También con unos puntos de transmisión de información que la acercaban a la idea de la fibra óptica”, explica. "La superficie de cristal bidimensional está proyectando imágenes, unas imágenes que también coinciden con nuestra mirada precisamente en ese espacio de cristal. Es ahí donde va a ocurrir la experiencia de intercambio entre el individuo y la imagen que se está formando”.
Esa idea conecta directamente con uno de los pensadores que atraviesan todo el ensayo: el filósofo y pedagogo estadounidense John Dewey. “Dewey habla del arte como experiencia y también de esos procesos educativos que ocurren sin intención en la ciudad, por mero contacto y por mero roce”, señala. “Él dice que la experiencia cambia tanto al objeto como al sujeto, y me parecía una idea muy rica pensar que estamos transformando, con nuestra interpretación histórica, la imagen que estamos viendo. Por eso, a lo largo del tiempo estudiamos las imágenes de diferente manera y las interpretamos también de forma distintas”.
Del escaparate a las pantallas
Aunque el ensayo parte del nacimiento del escaparate moderno, su objetivo no es quedarse en el pasado. Gómez Álvarez encuentra una continuidad muy clara entre aquellas vitrinas y el universo digital contemporáneo. "Comparaba los escaparates y las superficies de cristal con televisores porque algunos de los personajes creados por los comercios para los escaparates, especialmente para las campañas de Navidad, después habían conseguido un programa de televisión propio”, señala. “Había una conexión clara y, finalmente, no hay mucha dificultad en encontrar una conexión entre los televisores y los teléfonos móviles. Hoy en día los teléfonos móviles son el escaparate principal de los productos, de las cadenas comerciales y de las plataformas de distribución. Ahí habría unas nuevas formas de interpretar la sociedad que he intentado reflejar en el libro”.
Para Gómez Álvarez, existe una misma lógica visual que atraviesa más de un siglo de historia: las imágenes siguen organizando nuestros deseos, guiando nuestra atención y enseñándonos cómo mirar el mundo. Para Gómez Álvarez, la ciudad constituye un inmenso espacio pedagógico donde cada cartel, cada fachada y cada escaparate contribuyen a construir la mirada de quienes la habitan. Los niños, sostiene, son especialmente permeables a ese aprendizaje silencioso. "La mirada infantil aparece como ingenua, aparece sin forma y va absorbiendo todos los códigos sociales precisamente con el contacto”, sostiene
Esa educación informal convive con la enseñanza reglada de la escuela, aunque ambas no siempre transmiten los mismos valores. "Las escuelas, como centros educativos, transmiten unos programas que han sido desarrollados a lo largo del tiempo y que incluyen los objetos artísticos y los objetos que representan unos valores como un objetivo de estudio principal e importante en la formación y en la educación."
Una educación más fuerte que la escuela
Durante la investigación hubo una conclusión que sorprendió especialmente al autor y que terminó convirtiéndose en una de las ideas más provocadoras del libro. "Me llamó la atención descubrir que algunos factores externos a la escuela son más poderosos que la propia enseñanza de los profesores”, señala. "Hoy en día, sin lugar a dudas, creo que hasta los móviles lo son. Los profesores luchan contra el poder que tienen a la hora de mantener la atención y de atraer a los estudiantes. Estamos constantemente sujetos a un entorno con el que interactuamos y del que absorbemos influencias. Los niños, como esponjas que son, también están absorbiendo todos los cuadros y todas las imágenes que los escaparates proyectan intencionadamente".
Ese mensaje, recuerda, rara vez es inocente. "El principal mensaje es: compra, consume, consume, porque tienes que pertenecer a esta sociedad de esta manera, porque tienes que absorber estos valores y porque, además, convertirse en adulto consiste en eso."
Esa reflexión desemboca en la cuestión que cierra el ensayo: la necesidad de educar la mirada. "En el epílogo se propone ver la historia como un escaparate del tiempo y encontrar diferentes cortes en la historia de la mirada, explorando las posibilidades que tiene esa mirada de ser educada para reconocer con qué elementos puede jugar y con qué elementos puede contar”, sostiene. "Vivimos en un mundo de imágenes donde se dice que los jóvenes leen menos y miran más pantallas, donde hay muy poco texto y, sin embargo, quizá no exista una educación de la mirada acorde con ese frenesí visual que nos está llegando."
"Da la sensación de que la mirada está esclavizada, de que los tiempos de visionado no los eligen ellos ni tampoco las familias”, añade. Por eso propone pensar el consumo visual con la misma responsabilidad con la que pensamos la alimentación o la lectura. "Igual que existe una dieta de consumo de alimentos o una dieta de lecturas, también debería existir una dieta de imágenes. Debería haber una cierta higiene de la mirada y no introducir por los ojos todo aquello que tengamos al alcance, porque sus riesgos y sus consecuencias, tanto a corto como a largo plazo, son muchos".
Libros recomendados por Iñaki Gómez Álvarez
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El primero, relacionado con los escaparates, sería El libro de los pasajes, de Walter Benjamin. Me gusta y lo recomiendo porque es un libro caleidoscópico. Está compuesto por fragmentos que, en sus diferentes ediciones, han tenido ordenaciones distintas. Es un libro combinable: los fragmentos son a veces noticias y otras veces reflexiones. Me recuerda a las posibilidades de recombinación y de añadidos que tenía Rayuela, con sus apéndices.
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El segundo libro que recomendaría, también por las mismas razones, por ser un libro de fragmentos con diferentes combinaciones posibles, es El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa. Los dos son libros urbanos, los dos son libros de paseantes. Ambos ponen el foco en la experiencia, aunque mucho más en la experiencia personal e íntima en el caso de Pessoa que en el de Benjamin. Pero esa posibilidad de darle la vuelta a la realidad a través de la experiencia y de la subjetividad que tiene Pessoa me parece muy seductora.
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Un tercer libro, o más bien un conjunto de libros, sería toda la obra de Alexander von Humboldt. Estoy leyendo todo lo que puedo de Humboldt, siguiendo la pista de La invención de la naturaleza, de Andrea Wulf. Me interesa ver a Humboldt descubriendo imágenes, descubriendo colores, presentando imágenes y mostrando cómo esas imágenes pueden convertirse en mapas, en taxonomías o en representaciones mentales. Sigo especialmente la pista de las láminas botánicas y de todo lo que una imagen puede generar a partir de los escritos de Humboldt.
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El cuarto es un libro de un amigo. Se llama Los impostores, de Paco Carreño. Ha recibido también un premio de ensayo y me interesa porque aborda toda esta realidad desde otro lugar: el de la palabra, en lugar del de las imágenes. Quien tenga interés en conocer las posibilidades de impostura que pueden surgir por un mal uso o un uso pervertido de la palabra encontrará ahí puntos de reflexión muy interesantes.