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ESTANTERÍA

Hemingway inmortal: 3 libros imprescindibles del Premio Nobel

Se cumplen 100 años de la publicación de Fiesta, la primera novela del escritor norteamericano, y Lumen lo celebra con una fantástica nueva traducción.

Ernest Hemingway en los años 40 (Getty Images)
Ernest Hemingway en los años 40 (Getty Images)
Anxo Rojo España /

El año: 1958. El lugar: una casa a las afueras de La Habana. Podríamos comenzar así. Podríamos comenzar con la visita de George Plimpton, uno de los periodistas fundadores de The Paris Review, a la villa de San Francisco de Paula, en Cuba, donde vivía Hemingway. Plimpton sabía que era un hombre duro, difícil —lo había conocido en Madrid unos años antes—. También sabía que Hemingway detestaba hablar del oficio de la escritura y de los libros que escribía. Además, la concesión del Nobel cuatro años atrás lo había convertido en un hombre más hosco y, al mismo tiempo, había mitificado su figura. Pero, ¿cómo nació ese mito?, ¿en qué consiste la mitificación de un escritor? En el caso de Hemingway, fue una mezcla de hombría, masculinidad a la antigua usanza, un perfil aventurero entre las cacerías africanas y los reportajes de guerra en España y, por supuesto, la fiesta en París, los toros y el esplendor de la generación perdida.


Los tres libros imprescindibles de Hemingway:

Fiesta: El sol también se levanta

Fiesta: El sol también se levanta

Ernest Hemingway
LUMEN

Un esplendor literario que comienza con Fiesta. Es la novela que dispara a Hemingway, en la que hace aparición su estilo parco y sobrio, con sus diálogos vertiginosos y unos personajes rotos entregados a la buena vida europea de los años veinte. Pero también es leer a Hemingway antes de Hemingway, antes de la fama, antes de convertirse en un modelo para generaciones enteras de escritores y abrir un camino en la narrativa norteamericana del siglo XX. Un estilo que, en castellano, ha recuperado con acierto y cuidado Miguel Temprano García para esta nueva edición.

Volvamos a 1958 y a la visita de Plimpton a la hacienda cubana de Hemingway. El periodista describía la villa con precisión: una casa amplia, desordenada, llena de objetos, cachivaches y libros por todas partes, y el pequeño atril donde Hemingway escribía de pie. Las respuestas de la entrevista eran escuetas. Hemingway no quería hablar, estaba incómodo. Plimpton le preguntó por la influencia de sus coetáneos y Hemingway se enfadó. Dijo que Gertrude Stein había aprendido a escribir diálogos gracias a Fiesta. Después lo interrumpió con una frase que resumía bien su carácter: «¿No le aburre este tipo de cháchara? Esto de andar con cotilleos literarios en el jardín trasero mientras lavamos la ropa sucia de hace treinta y cinco años me resulta repugnante».

Pero Fiesta no es solo una novela extraordinaria por sus diálogos. También lo es por su retrato del deseo insatisfecho y por su puesta en escena de la amistad masculina. Una amistad cargada de tensión, de violencia y también de afecto y bromas. Una amistad que, mezclada con el alcohol y los Sanfermines, está condenada a estallar.


El viejo y el mar

El viejo y el mar

Ernest Hemingway
LUMEN

Este libro apareció unos años después de que la crítica despellejara Al otro lado del río y entre los árboles . Se decía que Hemingway había comenzado una irremediable decadencia. Pero El viejo y el mar se convirtió muy pronto en un clásico. Una historia sencilla: un viejo pescador lucha durante dos días contra un pez para luego perderlo de vuelta a casa. Una historia sencilla que se ha leído como un relato mítico: la lucha del hombre contra la naturaleza, por la supervivencia y por el honor. Habían pasado treinta años entre Fiesta y El viejo y el mar y, sin embargo, algo las conecta. Una sobriedad, una elegancia, una ausencia de sentimentalismo, pero también un afecto y una ternura a la hora de mirar al ser humano.


París era una fiesta

París era una fiesta

Ernest Hemingway
LUMEN

Entre los imprescindibles para acercarse a Hemingway hay que hablar también de París era una fiesta, uno de esos libros que cualquier aspirante a escritor acaba leyendo. Los años de pobreza, escritura y felicidad. Años idealizados en la memoria de un viejo Hemingway, que evocaba en su último libro su juventud, a sus amigos artistas y escritores y las fiestas a las que asistió. En él escribe: «Nosotros comíamos bien y barato, y bebíamos bien y barato, y juntos dormíamos bien y con calor, y nos queríamos». Ni siquiera el viejo Hemingway fue capaz de apartar la nostalgia.

Esa visión melancólica, de un tiempo clausurado, era la misma que transmitía cuando Plimpton lo visitó en Cuba en 1958. En un momento de la conversación, el periodista le comentó que cada vez se reunía menos con otros escritores y Hemingway respondió que cuanto más tiempo llevaba escribiendo más solo estaba, porque llegaba un momento en el que la mayoría de sus amigos habían muerto.

El legado de Hemingway:

No nos vamos a quedar con esa nota amarga del viaje de Plimpton en estas recomendaciones. Hemingway también fue feliz en Cuba, leyendo y pescando. Y cuando el periodista le preguntó por la lectura, respondió que siempre estaba leyendo libros, tantos como hubiera disponibles, para no quedarse nunca sin ellos. Solo una pasión por la vida y por la literatura como la suya pudo hacer posible una obra tan genial.