Karina Sainz Borgo: libros sobre familias opresivas y el peso de la tradición
En 'Nazarena', la autora venezolana narra la historia de una familia formada por mujeres en un entorno asfixiante que supone un paso adelante en su obra.
Quien haya seguido de cerca la carrera de Karina Sainz Borgo encontrará en Nazarena, su última novela, algunos de los temas que marcan su literatura. Sin embargo, con esta obra se adentra en un mundo nuevo, más fantasmagórico, en el que los ecos de Rulfo, García Márquez y Lorca se conjuran para contar una historia de opresión familiar y locura. Una familia formada por ocho hermanas y una madre enferma, pero cuya sombra planea sobre todas ellas, es el contexto de esta obra, contada por un personaje, Nazarena, que mezcla la realidad con la fantasía, cuando no con la pesadilla. Una novela que, según cuenta la autora, le ha llevado años de trabajo y muchas reescrituras hasta dar con la manera de contarla, lo que supone un paso adelante en su trayectoria. Hablamos de todo ello y nos recomienda libros sobre familias opresivas y el peso del pasado.
Video: entrevista con Karina Sainz Borgo
Aunque Nazarena no se haya publicado hasta este año, Karina Sainz Borgo llevaba años trabajando en esta historia. “Es muy anterior incluso a todo lo que yo había publicado, forma parte de mi trabajo de escritura más primitivo”, cuenta. “Parte de una historia familiar, que es la historia materna: tres hermanos italianos que vienen del Véneto y se casan con tres mujeres en el estado de Aragua, en Venezuela. Siempre encontré un envoltorio de mito legendario dentro de la familia, porque además eran muy extravagantes estos personajes. Mi madre no estaba muy contenta con el tema, así que decidí explotarlo a lo bestia. Es decir, convertirlo en ocho mujeres que viven en una casa, en una saga familiar, pero cuya particularidad en especial está en la narradora, Nazarena, es alguien que tiene una afección psiquiátrica, alguien que no está bien. Es un narrador del que desconfiamos, que nos dice ‘Yo maté a mi madre a dentelladas’, y te lo dice con una naturalidad como si fuera muy normal, o te dice que vea una yegua parir una niña, y tú puedes llegar a pensar que lo que te estaba contando es cierto, pero no es lo desde el todo”.
Ese entorno cerrado y opresivo le sirve a Sainz Borgo para explorar, de manera mucho más libre, el tema de la familia, su peso y todo lo que se hereda con ella. “Está esta idea de poner un personaje a luchar contra una tradición familiar, a luchar contra una herencia familiar, en este caso hermanas. Además, son más que una familia, como dice la propia Nazarena: son un terrario, son unas víboras que se maltratan muchísimo entre ellas. Dar con ese tono, tener la musculatura literaria para poder producir tantos personajes, y que la novela no se me fuera de las manos, me tomó mucho tiempo”.
En efecto, Nazarena habita un territorio que se escapa de la realidad, a través de esa narración en la que la locura da pie a un relato en el que lo fantástico y el horror se entremezclan con los hechos cotidianos. Una manera también de extrapolar los efectos de otras organizaciones sociales a la más antigua de todas, la familia. “Yo tenía en mi cabeza retratar un matriarcado feroz, porque estas hermanas tienen un sentido de la educación que es prácticamente paralizante y que anula a Nazarena”, explica. “Después me di cuenta, conversando con una amiga, que la casa de estas ocho hermanas parece un estado totalitario. Nadie es libre, la relación con el cuerpo está enferma, nadie puede salir de esa casa, es como una jaula. Ella barre el patio porque es el único lugar de la casa donde puede ver el cielo. Están todas obsesionadas con el control, y creo que por vías distintas se puede llegar a un mensaje parecido. Que en el fondo la familia es la expresión, el germen de toda relación social. Las relaciones afectivas son relaciones de poder, sobre todo en una familia que no se elige. Quería desmontar esa idea familiar, sobre todo desmontando la iconografía de un matriarcado fuerte”.
En ese matriarcado, la sombra del Lorca teatral es evidente, hasta el punto de que Sainz Borgo la hace presente a través de Mendito. “Es un personaje que habla con versos de Lorca, es un personaje que viaja supuestamente con Lorca a Argentina, pero actúa como el pícaro cervantino. En la tragedia y en la desgracia de esta novela, él tiene el poder del humor compasivo”, explica la autora. “Me resulta inevitable que me hablen de La casa de Bernarda Alba porque Lorca es la tradición, tiene una impronta muy fuerte con ese tema. Por eso yo deliberadamente hago cosas en la novela para pedir permiso a la tradición. La historia arranca con una frase del Rey Lear, de Shakespeare. Creo que la ficción nos ha enseñado siempre que las familias son entidades hasta cierto punto depredadoras. En el caso de mi familia, había como una especie de mito, de leyenda, con unas mujeres extraordinariamente fuertes, invencibles, y que además tenían unos comportamientos que eran vistos como algo extravagante, cuando yo lo que tengo es la sensación de que ahí había problemas. Había una persona sola que tenía un trastorno o un rasgo psicótico, había mala comunicación. Yo me dije que tendría que ser horrible tener una depresión al final en el siglo XIX, porque nadie te trataría. A partir de ahí empecé a explorar toda la parte irracional de la novela, expresada como el resultado de una dinámica muy fuerte, opresiva”.
En esa visión de la familia, también es importante el concepto de lo heredado, lo que se transmite de una generación a otra. “Hay muchas cosas en la herencia. Una de ellas es, vamos a llamarla, la fe católica, como una iconografía”, apunta Sainz Borgo. “De la penitencia, de la culpa. En el caso de la generación a la que pertenecen estos personajes, todo lo que está alrededor de lo católico o de lo cristiano tiende a la penitencia. La penitencia, la cuaresma, una especie de autocastigo, pero al mismo tiempo, algunas hermanas tienen arrebatos místicos, de alguna manera. En su relación con el sexo, en su relación con los sabores. Todos los personajes de la novela tienen una relación dañada y complicada con sí mismos. Todos se perciben a sí mismos como monstruos, porque todo el que no encaja en una tradición, en una estructura familiar, en una creencia, es percibido como un loco, como una loca”.
Libros recomendados de Karina Sainz Borgo
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De los libros que trabajé para Nazarena, y que es una biblioteca del trastorno absoluto, voy a ir del más antiguo al más reciente. Uno de los libros que trabajé muchísimo fue El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso, porque tenía todos los elementos que a mí me interesaban, además especialmente en el enloquecimiento y en cómo escondemos la enfermedad y la monstruosidad, y me pareció un libro aterrador.
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Hay una tercera línea que es muy importante para mí para trabajar cada vez más, que es la poesía. Era inevitable no buscar una poesía de aquel tiempo. Por supuesto, leer todo Lorca, porque si a mí se me iba a ocurrir poner a un personaje a hablar como Lorca, tenía que familiarizarme con El romancero gitano, o Poeta en Nueva York.
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En teatro, trabajé desde la tragedia clásica, Shakespeare, Lear, pero para ponerme en el comienzo, para acercarme más al presente, trabajé mucho con el teatro de Juan Mayorga y con el teatro de Alberto Conejero. Básicamente, esa capacidad que tiene Conejero con Laurencia, pero sobre todo con Leonora Carrington, de sacar las voces femeninas de un conjunto y explotarlas. Además, he de decir que el teatro acudió a mi ayuda, cuando ya hubo un tiempo en el que no podía avanzar, en el que no sabía avanzar.
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En la última parte, en la que trabajé muchísimo las sagas familiares, me gustó mucho Los ilusionistas. De hecho, me dio pena haberla leído una vez que había entregado el manuscrito, porque me habría ayudado mucho. Como ejercicio de novela familiar, me parece exquisito.