Lejos de casa: cinco libros para acercarse a la experiencia de los migrantes
Historias de personas que dejaron atrás sus países y sus familias para construir una vida en otro lugar, contadas desde la novela, la memoria, la crónica y el testimonio.
Migrar es mucho más que cambiar de país. Es una experiencia que supone dejar atrás una familia, un entorno, unas costumbres y una manera de estar en el mundo. Muchas veces, también es un viaje que implica riesgos, o que puede acabar costando la vida. El drama migratorio, tristemente siempre de actualidad, alcanza en los últimos tiempos unas cotas dramáticas, más aún cuando la respuesta de los países que acogen a los que buscan una vida mejor es
La literatura ha contado esa experiencia desde perspectivas muy diferentes. Desde libros que narran el propio viaje a otros que se centran en el desarraigo que aparece después de la llegada, También los que se fijan en aquellos que crecen entre dos culturas. Hoy seleccionamos algunos de ello, que
Tío grande, de Jacobo Bergareche
El escritor Jacobo Bergareche organiza todos los años un torneo de mus en memoria de su hermano Roque, que murió asesinado en África. En una de esas ocasiones conoce a Amadou, el encargado del local en el que se celebraba. Allí, Amadou le cuenta su historia, desde su partida de Guinea-Conakri cuando tenía doce años para emprender un viaje hacia Europa junto a otros cinco niños. Cuatro años después, solo dos consiguieron llegar.
A partir de esa conversación, comienza una amistad y Bergareche decide acompañar a Amadou en un viaje hasta su aldea natal. Tío grande entrelaza así dos historias de pérdida y desplazamiento: la del hermano del autor y la del joven que abandonó su país siendo un niño. Una novela de no ficción que no solo está vinculada a la experiencia del migrante y a la memoria, sino que también reflexiona sobre quién tiene
Solito, de Javier Zamora
A los nueve años, Javier Zamora emprendió un viaje de unos 5.000 kilómetros desde El Salvador hasta Estados Unidos para reunirse con sus padres. Lo que estaba previsto como un trayecto de unas dos semanas terminó convirtiéndose en un viaje de casi dos meses, acompañado por un grupo de desconocidos y un coyote.
En Solito, Zamora reconstruye aquella experiencia desde la perspectiva del niño que fue. El viaje está marcado por el miedo, la incertidumbre y la separación de sus padres, pero también por los vínculos que se establecen inesperadamente entre personas que atraviesan juntas una situación extrema. La mirada del narrador hace que el relato se aleje de los relatos habituales sobre la migración y se centre en algo mucho más concreto: qué significa para un niño encontrarse solo en un territorio desconocido mientras intenta llegar hasta su familia.
Los niños perdidos, de Valeria Luiselli
La escritora mexicana Valeria Luiselli se acercó a la experiencia migratoria a través de los menores centroamericanos con los que trabajó como intérprete en los tribunales de inmigración de Nueva York. De esa experiencia nace Los niños perdidos, un libro que combina crónica, ensayo y literatura para contar las historias de niños y adolescentes que llegan a Estados Unidos después de atravesar un viaje extremadamente complejo.
Luiselli se centra en la distancia que existe entre las experiencias concretas de esos niños y la crudeza de la burocracia del país al que llegan. Los niños llegan con una historia, pero ante el sistema se convierten en una sucesión de preguntas, formularios y procedimientos. La autora intenta devolver a esas experiencias su dimensión humana ante unos organismos legales que los tratan como casos que hay que resolver.
Madre de leche y miel, de Najat El Hachmi
En Madre de leche y miel, Najat El Hachmi narra la migración desde la experiencia de una mujer marroquí que abandona su país para instalarse en Cataluña. La historia se construye a través del relato que la protagonista hace a su hija, recuperando su infancia, su familia, su matrimonio y el proceso de adaptación a una nueva sociedad.
La novela permite observar cómo la experiencia de migrar se transforma cuando pasa de una generación a otra. El idioma, la maternidad y las relaciones familiares adquieren un papel central en una historia que muestra que el desarraigo no desaparece necesariamente con el paso del tiempo.
La muerte de Murat Idrissi, de Tommy Wieringa
Dos jóvenes holandesas de origen marroquí regresan en coche de unas vacaciones en Marruecos. Durante el viaje han conocido a Murat Idrissi, un joven que quiere llegar a Europa y al que terminan ocultando en el maletero. Cuando descubren que ha muerto, se encuentran ante una situación que ya no pueden controlar y que les obliga a enfrentarse a las consecuencias de lo ocurrido.
Basada en un caso real, Tommy Wieringa construye una novela breve y contenida sobre las fronteras, la desigualdad y las distintas maneras de cruzar el Mediterráneo. El mismo trayecto puede ser para unas personas un viaje de regreso y, para otras, la única posibilidad de cambiar de vida.