Libros difíciles: las obras que más se resisten a los lectores y por qué hay que leerlas
Clásicos difíciles, narrativa experimental y novelas monumentales: diez libros complejos que desafían al lector y amplían los límites de la literatura.
Hay libros que entran solos y otros en los que cuesta entrar. Los primeros son, obviamente, los que más aceptación reciben. La lectura, entre otras cosas, es entretenimiento, nos permite evadirnos de la realidad. Sin embargo, hay grandes obras de la literatura que exigen más atención y esfuerzo. Unas veces por extensión, otras por complejidad, o una combinación de factores, son esa clase de libros que muchos comienzan pero pocos acaban.
Sin embargo, este tipo de obras son muchas veces las que mayor poso cultural han dejado. Cambian nuestra manera de entender la literatura, el lenguaje y, a veces, incluso la realidad. Algunos son clásicos imprescindibles. Otros, monumentos contemporáneos de la narrativa experimental. Requieren esfuerzo, pero la recompensa literaria es inmensa. Estas son algunas de esas más difíciles de leer pero que realmente merecen la pena.
Divina Comedia, de Dante Alighieri
Hay una serie de libros clásicos que han cambiado la historia de la literatura, y de la cultura en general. Puede que muchos de los que hayan usado la palabra “dantesco” no sepan su origen, pero esa es la magnitud de la obra de Dante Alighieri. Compleja para el lector actual, la Comedia es una obra de importancia comparable a la Odisea, por lo que tiene de exploración del alma humana. Un clásico al que hay que dedicarle tiempo pero del que se sale transformado.
Tristram Shandy, de Laurence Sterne
Mucho antes del posmodernismo, Laurence Sterne ya jugaba con la forma de la novela de manera radical. La novela favorita de Javier Marías está llena de interrupciones, digresiones y bromas metaliterarias que todavía hoy resultan sorprendentemente modernas. Quienes busquen en una novela una estructura clásica, mejor que miren en otro sitio. Pero quien quiera dejarse llevar por el gozo de la lectura y el sentido del humor, hará bien en dedicarle su tiempo a Tristram Shandy.
Ulises, de James Joyce
Posiblemente la novela del siglo XX que más lectores han comenzado y dejado en algún punto. Sencilla en su estructura pero compleja en su forma, el Ulises de James Joyce es la prueba de que la escritura es capaz de cualquier cosa que se proponga. Por ejemplo, condensar en la peripecia de un solo día la complejidad del ser humano. El autor irlandés se puso a prueba, y hace lo mismo con los lectores. Quien llegue al final, sin embargo, sabrá que ha merecido la pena.
El arco iris de gravedad, de Thomas Pynchon
Un autor que enmaraña sus tramas, que introduce decenas de personajes y que juega con el lenguaje. El enigmático Thomas Pynchon tiene tantos fans como detractores, y El arco iris de gravedad es su obra más polarizante. Un laberinto en el que a veces no se adivina una salida. Pero como con otros grandes escritores, no hay que fijarse tanto en el qué sino en el cómo. Así se puede apreciar una obra monumental que nos habla del ser humano en el siglo XX, de la paranoia política, la ciencia, la cultura pop y lo que une lo aparentemente trivial con lo terrible.
El hombre sin atributos, de Robert Musil
Monumental, filosófica y deliberadamente lenta, la gran obra de Robert Musil es uno de esos libros que parecen contener un mundo entero. Ambientada en la Viena previa al derrumbe del Imperio austrohúngaro, la novela reflexiona sobre política, moral, identidad y modernidad. Su lectura exigente privilegia la reflexión sobre la acción. Sin embargo, pocas novelas han capturado con tanta precisión la sensación de crisis que marcó el siglo XX.
Submundo, de Don DeLillo
Hay obras tan ambiciosas que no pueden confinarse en unas pocas páginas y personajes. En Submundo, Don DeLillo narra la historia del siglo XX estadounidense con el hilo conductor de una pelota de béisbol. Una obra extensa y compleja, que cambia de puntos de vista continuamente y que exige concentración y perseverancia al lector. Si eso se consigue, se llega a una de las grandes cimas de la novela del pasado siglo.
La broma infinita, de David Foster Wallace
Otra de esas obras complejas en la forma y voluminosas en la extensión. David Foster Wallace pobló La broma infinita de personajes, notas al pie y una estructura fragmentaria que desafía directamente a los que buscan una lectura fluida Sin embargo, cuando uno se acostumbra a su propuesta, descubre en esta novela una reflexión lúcida sobre la vida moderna, con sus servidumbres, vicios y oscuridades.
La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski
Hay novelas difíciles por su contenido y otras por su estilo. La casa de hojas pertenece a esta última categoría. Tipografías cambiantes, páginas casi vacías, notas cruzadas y múltiples niveles narrativos convierten el libro en una experiencia visual además de literaria. Pero detrás de su artificio formal se esconde una historia inquietante sobre el miedo, la obsesión y los espacios imposibles. Pocas novelas contemporáneas han explorado tan bien la relación entre forma y contenido.