Manuel Jabois sobre ‘La víspera’: familia, dilemas morales y libros que te ponen contra la pared
En su nueva novela, Manuel Jabois explora hasta dónde somos capaces de llegar por proteger a nuestra familia en una novela llena de secretos y dilemas morales.
En La víspera, Manuel Jabois parte de una pregunta: ¿Qué harías por proteger a tu familia? Después de Mirafiori, el escritor y periodista prueba con otras formas de escritura, condensando la acción en un día y se inclina por el narrador omnisciente. Sin embargo, las señas de identidad permanecen: el retrato psicológico, los dilemas morales y el peso de las relaciones personales. En este caso, centradas en la institución más antigua del mundo.
Amalia es una ama de casa que está a un día de cumplir los 65 años. Su hijo Chami fue un futbolista de éxito que ahora va en caída libre, desubicado y adicto a las drogas. Un suceso que atrae la atención de los medios se cruza en su camino, en una historia sobre personajes que han sido de lado toda su vida y otros que han dejado se serlo
Video: entrevista con Manuel Jabois
Explica Manuel Jabois que, gracias al periodismo, tiene libertad como novelista. “Siempre quiero probar, experimentar o explorar, por lo menos mientras tenga una profesión independiente de la literatura”, cuenta. “Siempre quieres que la gente lea y siempre quieres vender libros, pero no voy a seguir una fórmula. No pienso para nada en el aspecto comercial. Piensas inconscientemente, porque no eres tonto, pero no tengo esa presión. Esta es una novela que se diferencia mucho de las tres anteriores que publiqué con Alfaguara. En primer lugar, porque no está escrita en primera persona, una persona con la que yo me siento cómodo”.
La víspera nace, como los trabajos anteriores de Jabois, de una serie de preguntas. “En mi caso, las novelas surgen siempre de preguntas que te obsesionan. Una de ellas, que recorre toda la narración de esta historia, es: ¿Hasta dónde estás dispuesto a defender a tu familia? ¿Hasta dónde estás dispuesto a defender tu modelo de familia, el modelo tradicional?”, explica. Una pregunta que entronca con otras dos. “Sobre todo hablo de los chavales de mi generación, los nacidos en los setenta, que teníamos madres que, muchas veces, tuvieron que parar su vida laboral para criarnos: “¿A quién quieres más, a papá o a mamá?”. Quieres a los dos, pero si te torturan, siempre habrá uno que diga “mamá”, porque tienes ocho años y la tienes delante todo el día cuidándote. Sin embargo, si te preguntaban: ‘¿Qué quieres ser de mayor, mamá o papá?, decías: ‘Yo no quiero ser mamá, quiero ser papá".
Ese dilema es la génesis de Amalia, uno de los dos personajes sobre los que gravita La víspera. "Me apetecía crear un personaje: una ama de casa que ha salido siempre a hacer la compra y poco más, y que de repente siente el amor del pueblo, de su familia, de la comunidad en la que vive, pero que sin embargo nadie quiera cambiarse por ella un día. Entonces ella dice: “Quiero dejar de ser tan querida y ser, al menos, admirada”.
Manuel Jabois sobre los secretos de familia
En La víspera también tiene mucha importancia lo que se cuenta y lo que se oculta dentro del núcleo familiar. Todo eso que no conocemos, aunque a veces intuimos, de los seres más cercanos. “Hay secretos de familia que no se cuentan cuando eres crío porque eres demasiado pequeño para entenderlos, y no se cuentan cuando eres adulto porque ya eres suficientemente mayor para entenderlos y sería peor. Entonces se van conservando de generación en generación”, afirma.
“La mentira forma parte de eso. Al niño hay que acomodarle la realidad. La relación suele empezar con eufemismos y con leyendas: el Ratoncito Pérez, los Reyes Magos… Ahí empieza ya una relación de engaño, un engaño con el que estoy de acuerdo; no voy a robarle la ilusión a ningún niño. Pero luego eso puede prolongarse con otras historias: cuando pregunta por un familiar y se le responde con evasivas, o cuando acomodas la realidad a su mirada inocente, una mirada que no merece todavía la crueldad del mundo que aparece fuera de casa”.
Para Jabois, ese es un territorio fértil para la literatura. “Siempre es muy interesante escribir sobre las cosas que uno se calla. Tú estás hablando como autor, pero los personajes se están callando cosas. Entonces estás contando una historia con la delicadeza de un artificiero, porque si cortas un cable mal, a lo mejor se desmonta todo”, explica.
“En esta novela tuve varios dilemas interiores sobre qué hacer y qué no hacer. Uno de ellos era cuánto explicar. Porque al fin y al cabo el narrador es omnisciente y puede hacer lo que le dé la gana. Y decidimos, porque es una decisión de mi editora y mía, dejarlo todo bastante ambiguo. Se entiende, pero sin sentar al lector y explicarle cuatro cositas para que no pregunte nada más”.
Libros que plantean dilemas morales
Volviendo a la pregunta inicial, muchas de las cuestiones que mueven la escritura de Jabois se las traslada a sus lectores. “Puede tener varias interpretaciones, justificar o no determinadas acciones de los personajes. A mí me gusta dejar ese margen de libertad”, asegura. Por ejemplo, cuáles son sus líneas rojas. “Las líneas rojas son muy famosas porque son rojas, pero cada uno las pinta del color que quiere y las puede ocultar”, afirma.
“A mí siempre me han parecido muy interesantes los libros que abren ventanitas, que iluminan un rincón que no sabías que podía iluminarse. Ese tipo de literatura me gusta mucho. Me gustó muchísimo Un amor, de Sara Mesa, me voló bastante la cabeza. Pensé: ‘Qué coraje poder escribir así y plantearle al lector qué hacemos con esto?’. Ese tipo de literatura me gusta muchísimo. Me encantaría algún día poder escribir una novela como las de Patricia Highsmith, donde hay manipulación psicológica y dónde te ves inmerso en dilemas monstruosos”.
Libros recomendados por Manuel Jabois
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Un libro de relatos que en su momento me marcó mucho. Yo creo que fue el primero de Rivas, luego vinieron muchos más. Recuerdo muchos de los cuentos. Recuerdo como empezaba, por ejemplo, Sueño con las primeras cerezas del verano. Ese libro me gustó mucho y me gustó mucho la sensibilidad poética y la forma que tenía Rivas de acercarse a las cosas para contártelas.
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Yo estuve durante una época obsesionado con los autores muy, muy jóvenes, cuando era joven. Porque yo pensaba, si François Sagan escribió esto con 17 años, pue tú tienes que escribir algo parecido con 20. Buenos días, tristeza es una novela que me gustó muchísimo y que me trajo sobre todo la profundidad que ella consigue en la relación que tenía con su padre, en la relación familiar en ese viaje que hacían.
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Hay un libro que yo leí dos o tres veces porque tenía que estar encerrado en la biblioteca todo el año, un año en que yo no estudiaba ni trabajaba. Le decía a mis padres que iba a estudiar y me encerraron en la biblioteca Pontevedra, pero no con voluntad de lector, sino con voluntad de pasar el rato. Pero me leí una biografía, que yo no sé si es buena o mala, porque yo tenía 18 años, pero la leí y me gustó mucho, de Fernanda Pivano sobre Hemingway. Esa biografía me acercó a la generación perdida. Entonces empecé a leer ya con voracidad a Scott Fitzgerald, que es mi autor favorito de todos los tiempos, a Hemingway, a John Dos Passos. Yo muchas veces me acerco a los autores por las biografías, por sus vidas, por todo lo que les rodea, y luego empiezo a leer sus obras.
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César Vallejo fue una revelación para mí. Cuando empezaba Internet, cuando había cibers y era todo más lento, yo recuerdo que había un ciber en Sanxenxo, iba allí y no sé qué ponía, buscaba entrevistas a Joaquín Sabina, por ejemplo. Y en una ocasión Sabina decía en una respuesta que su poeta era César Vallejo, que había mucha influencia de Vallejo en algunas de sus canciones, y citaba algunos versos de él. Entonces empecé a buscar a Vallejo, y desde entonces me volví loco: sus poesías completas, toda su obra, y poemas de memoria, Morir en París con Aguacero… Es un poeta que me encanta. La gente que escribe y, de repente, te vuela la cabeza con diferentes estructuras, con diferentes asociaciones de palabras…