Francisco Javier Expósito Lorenzo
Los libros de Francisco Javier Expósito Lorenzo
Lo que opina Francisco Javier Expósito Lorenzo
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Un libro que está muy presente en Lulu en la jaula.
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Si algo nos demuestra esta época, es que está cambiando nuestra forma de entender el conocimiento. La relación entre mente, materia y espíritu. Aquí Kirpal nos da experiencias de grandes científicos que tuvieron vuelcos en su manera de pensar a través de experiencias epifánicas.
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Olaf Stapledon es un autor de ciencia ficción casi desconocido para mucha gente que escribió un libro maravilloso en el año 1938 que se llamaba El hacedor de estrellas y que si uno lo lee ahora, sobre todo su primera parte es que es alucinante porque es como un trasunto de la realidad que hay ahora tenemos. Una obra visionaria.
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Para mí fue muy importante Joseph Campbell. Las máscaras de Dios y toda la idea del viaje del héroe fueron fundamentales. Pero, sobre todo, La tradición oculta del alma, de Patrick Harpur. Me parece un libro preciosísimo, donde habla de las vocaciones. Para mí, Harpur es uno de los grandes pensadores contemporáneos porque aporta una mirada completamente distinta.También recomendaría El fuego de los filósofos, del propio Patrick Harpur.
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Leí mucho a Platón, especialmente todo lo relacionado con las visiones de la Atlántida, porque en el libro aparecen muchas tradiciones vinculadas a ese tipo de relatos.
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Por supuesto, Vicente Huidobro. Los últimos poemas de Huidobro fueron esenciales para mí, igual que la antología que preparamos con Gabriele Morelli, la que presentamos en Santiago y que fue un éxito. Fíjate que Neruda también está muy presente en el libro. Aparece constantemente, sobre todo en Isla Negra. Pero yo, como poeta, siempre he preferido a Huidobro antes que a Neruda. De hecho, hay un poema suyo, Hermanos, que me parece absolutamente maravilloso. Para mí es un auténtico himno a la humanidad.
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Para mí el taoísmo fue fundamental. Durante una época utilizaba el Tao Te Ching casi como un oráculo. Me daba una orientación. En la Isla de Pascua tenía la costumbre de abrir cada día una página al azar. De hecho, en el diario voy incorporando los mensajes que me iba encontrando, porque de alguna manera funcionaban como una guía, como un vademécum para la acción dentro del propio libro.