Marcos Ordóñez
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Las estanterias de Marcos Ordóñez
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Libros que reflejan toda una vida, por Marcos Ordoñez
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Liquidación por derriboMiguel Sánchez-Ostiz
Lo que opina Marcos Ordóñez
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Me encanta su plan: “Aspiro a crear una especie de no género hecho de ficción, autobiografía, ensayo, poesía y, por supuesto, chistes”. Y este corolario: “Quiero hacer algo que aún no existe, pero que al crearlo parezca que siempre existió”.
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Para mi gusto, uno de los prosistas más penetrantes y modernos, bañado en un perfume seco y duradero. El tópico de “parece escrito ayer” no es, en su caso, un lugar común. Podemos recibir sin miedo su influencia, porque es muy difícil parecerse a Renard.
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El joven Renzi, alter ego de Piglia, es obsesivo, escribí, “como un antihéroe ruso, con una altanería muy pavesiana, pero siempre apasionado por el arte. Y con una lucidez y una determinación admirables”. Como documentan sus diarios, supo apartarse de la onda expansiva del boom. Y esperar.
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Le preguntaron al gran Salter, ya en su madurez: “¿Por qué unas memorias?” Contestó: “Para recuperar aquellos años en los que uno dijo ‘Todo esto es mío’. Aquellas ciudades, amores, casas, días”. Pero ese impulso estaba ya en Años luz, que escribió todavía joven. Debo de haber leído esa novela (y Quemar los días, sus grandísimas memorias) al menos una docena de veces, y siempre aprendo algo.
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Émile Chartier se consideraba “el más filósofo de los periodistas y el más periodista de los filósofos”. Una sabia frase, entre cientos: “El mayor peligro de las confidencias es lo rápidamente que se convierten en lamentaciones”.
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Escribí: “Formidable gama de registros. Alterna grandes crónicas con observaciones breves e igualmente certeras. Su mayor virtud es una enorme curiosidad por los paisajes, los hombres y las cosas”.
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El Umbral que prefiero es el memorialístico. Un ser de lejanías, escribí, es “un libro sin género, casi último, casi póstumo en vida. Hay mucho frío en ese corazón, pero sigue dando calor”.
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Hay partes en sus diarios (sobre todo las historias filipinas) que pueden incomodar. Yo adoro sus pasajes ensayísticos, la agudeza de sus lecturas, y los momentos maravillados, como este: “Antes, cuando llegabas a Madrid, el olor a jara de la sierra te golpeaba ya en el aeropuerto, y luego estaban las conversaciones de tus vecinos en los cafés o los restaurantes, que nunca he oído nada igual en ningún otro lugar del mundo”.
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Dos grandes afirmaciones de Uriarte: “El mundo, la vida, o lo que sea, me ha tratado injustamente, pero a mi favor”. Y esta: “La bestia que llevo dentro es pacífica, soñadora, fuerte. El ángel que la cabalga es mucho más tortuoso, endeble, aguafiestas”.