La linterna de Diógenes
Alberto Guillén ArequipaEditorial: Ave del ParaísoISBN: 9788488547453
Sinopsis
Guillermo de Torre: La linterna de Diógenes es un libro panfletario, cruento, fabricado con saña preconcebida. Gabriel Alomar: Una desenfadada y agresiva colección de siluetas de escritores. Ramón Gómez de la Serna: Es un libro de los que se podrían llamar de cuidado. Manuel Azaña: La mayoría de los ingenios interrogados por el señor Guillén no ha podido resistir la pícara comezón de desollar al prójimo; muchos se han desatado en juicios que no hubiesen proferido de haber entrevisto que se iban a publicar. El cuadro es regocijante y triste a la vez. Luis Araquistáin: Es un libro de escándalo. Pero es algo más. Está escrito con desenfado y no sin sagacidad, y algunos de los retratos que traza revelan no común maestría de observación y finura psicológica. El paisaje literario que describe no puede ser más desolador, y aterra la idea de estar uno viviendo en él avecindado con sentimientos de rivalidad y odio tan feroces. Ramón Pérez de Ayala: Lo he paladeado –permítaseme la paradoja– con tanto apetito como desgano, porque no acabo de hacer el paladar a ese sabor acedo que nos produce el regusto de la necedad fuera de lo común en hombres que alardean de fuera de lo común discretos. Miguel de Unamuno: Libro triste para los españoles. Ventura García Calderón: Valiente y divertidísimo libro. Colombine: Este libro de Guillén es de los que no pueden pasar sin protesta. Es un libro que nos pone en ridículo ante el extranjero, revelando las pequeñeces y chismes de portería de nuestros «grandes literatos». Enrique González Martínez: Ha sido sorpresa y pánico para todos los literatos de España y de América, a quienes ha dejado en paños menores. Lo leí con el interés que merece y sonreí amargamente al pasar los ojos por tantas intimidades y tantas miserias. Gonzalo Zaldumbide: La risa que excita (¿salubre? ¿malsana?) parece esponjar, refrescar las partes del alma magulladas por la hipócrita camaradería literaria y el resobado panurguismo. Y, pensándolo bien, no deja de tener su gallardía el decirles esas cosas enormes a los españoles en sus barbas. Rufino Blanco-Fombona: Alberto Guillén pasó por España como el simún por el desierto.