María, la construcción de un mito
Álex Masllorens EscubósEditorial: El DesveloISBN: 9791387799847
Sinopsis
La Biblia fue narrada, y posteriormente escrita, en un contexto histórico, geográfico y político que la hicieron extremadamente permeable a los antiguos mitos y a los relatos sagrados de otras culturas de todo el mundo conocido. Ello explica las múltiples similitudes existentes en la forma de narrar la preexistencia de un dios creador (en realidad, primero, la gran diosa madre), el génesis del mundo, el modelado del primer ser humano con arcilla, el diluvio universal y otros hechos fundacionales de la cultura hebrea y, posteriormente, de la civilización judeocristiana. A ello hay que sumar los malentendidos y las variaciones de los textos originales que han ocasionado a lo largo de los siglos las traducciones a distintas lenguas, las correcciones, algunas manipulaciones interesadas y, en definitiva, los cambios de sentido que han sufrido muchos textos sagrados originales.
Entre todas estas manipulaciones destaca la de la figura de la Virgen María, que ha experimentado una profunda transformación a lo largo de los siglos. Así puede verse cómo en realidad su nombre aparece sólo 18 veces en los textos del Nuevo Testamento y cómo hasta el siglo IV no se nombra a María en el canon de la misa. Fue a partir de ese momento cuando su figura empezó a ser ensalzada, especialmente por el interés de la Iglesia de proyectar una imagen muy particular de la mujer ideal, hasta el punto de acabar convirtiendo a la madre de Jesús en una semidiosa. Se ha potenciado un fervor popular que ha llevado la adoración a la Virgen María a las puertas de la idolatría. Se han inventado mil formas, advocaciones o avatares de ella y se ha llegado al extremo de declararla solemnemente la única persona en la historia de la Humanidad que no ha sufrido la muerte (dogma de fe sorprendentemente no declarado por la Iglesia hasta el año 1950 por el papa Pio XII) o la única persona capaz de haber dado vida a un ser medio hombre/medio dios sin haber mantenido relaciones sexuales y conservando una “virginidad perpetua” (dogma de fe no declarado tampoco hasta el año 1854 por Pio IX).