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El "amor platónico" de Camilo José Cela: sus cartas inéditas con Dolores Franco reunidas en un libro

Especial El "amor platónico" de Camilo José Cela: sus cartas inéditas con Dolores Franco reunidas en un libro

Guillermo Arenas España /

En 1934, Camilo José Cela era un joven apasionado por la poesía que aspiraba a estudiar filología, pese a la oposición de su padre. En ese contexto conoció a Dolores Franco, una brillante estudiante de Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid, con quien iniciaría una correspondencia clave para entender su evolución literaria. En esa época se inició una correspondencia entre ellos que duró casi una década y que nos permite descubrir a un Cela casi adolescente y en formación, y a una mujer de gran valor intelectual y humano, autora de España como preocupación y que más tarde sería esposa de Julian Marías y madre de varios hijos, entre ellos Javier Marías

De lo mundano y lo sublime es el libro que recoge estas cartas, antologadas y prologadas por Adolfo Sotelo Vázquez, catedrático de Literatura Española en la Universitat de Barcelona y director de la cátedra Camilo José Cela de la Universidad Camilo José Cela. Un volumen publicado por Fundación Santander en su colección Obra Fundamental que permite descubrir a dos mentes brillantes que cruzaron sus caminos, y también a un escritor en ciernes que se sintió fascinado intelectual y emocionalmente por una mujer que terminó dando de lado su carrera por la familia. Hablamos con Sotelo Vázquez de esa relación, que él califica de "amor platónico" de Cela. 

Video: entrevista con Adolfo Sotelo Vázquez

Las cartas de Cela y Dolores Franco: entrevista a Adolfo Sotelo Vázquez
Adolfo Sotelo Vázquez

El descubrimiento de la importancia de la correspondencia entre Cela y Dolores Franco llegó por casualidad, como explica Adolfo Sotelo Vázquez. La clave estaba en una dedicatoria arrancada de un libro que se conserva en la biblioteca personal del autor de La colmena. “Un domingo por la tarde se había ido la luz, solo había luz en una parte de la biblioteca. Yo vivía esos días en la propia casa de Cela. Tomé un libro, por entretenerme, y como soy un adicto a Juan Ramón Jiménez, me encuentro con esa dedicatoria… y una hoja suprimida”, recuerda el catedrático. Era la pista de que esa relación había sido más cercana de lo que podía pensarse. “Para mí fue verdaderamente emocionante”, confiesa.

De lo mundano y lo sublime

De lo mundano y lo sublime

Camilo José Cela y Dolores Franco
Fundación Banco Santander

“Yo había leído ya las cartas de Lolita a Cela, que están conservadas por Cela, todas manuscritas”, explica Sotelo Vázquez. “Me interesaba sobre todo el aspecto en que Cela le consultaba acerca de los poemas que él estaba escribiendo. Pero había un agravante: esas cartas responden a otras cartas que le había mandado Cela, y que no estaban”. Con esa dedicatoria comenzó sus averiguaciones para completar esa correspondencia.

“Me empieza a interesar también el plano humano, si quieres el plano sentimental-intelectual”, explica Sotelo Vázquez. “Porque Lolita es muy fría. A ella la tuvo que convencer María Rosa Alonso, su compañera de promoción, para mantener un noviazgo oficial con Julián Marías y casarse en el verano del 41. La tuvieron que convencer, porque ella quería ser independiente. Su primera obsesión era poder ejercer la profesión para la que había estudiado”.

Descubrir la figura intelectual de Dolores Franco

En efecto, uno de lo grandes hallazgos de De lo mundano y lo sublime reside en la posibilidad de acercarse a Dolores Franco, una mujer brillante que solo publicó un libro, España como preocupación, y que finalmente dedicó gran parte de su vida a su familia. “En las cartas, la densidad, la capacidad de reflexión, las orientaciones, son casi siempre de Lolita”, apunta. “Le escribe: ‘Ha estado aquí Victoria Ocampo, ¿te has enterado? Ven a escucharla, es además una mujer muy guapa’. Ella vivía ese ambiente”.

En efecto, Franco era parte de un momento excepcional de la cultura española en el lugar indicado: la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid durante la Segunda República. “García Morente era un decano excepcional. El cuerpo de profesores, maravilloso. Era pura actividad intelectual, con compromiso político, compromiso histórico... Es decir, salir de una clase de Ramón Menéndez Pidal, ir a otra de Ortega, o de Zubiri, o de Pedro Salinas, o de Américo Castro… si te gusta eso, te haces adicto”, desgrana. 

“Creo que este libro España como preocupación, que es una antología de textos con unas introducciones excelentes de ella, era la base de lo que seguramente hubiera sido, en circunstancias normales, una tesis doctoral, que lógicamente dirigiría Pedro Salinas", señala. "Las circunstancias hicieron que enseguida tuviera hijos, que Julián Marías no pudiera ejercer en España y tuvieran que buscarse la vida fuera”.

Retrato del Cela adolescente

Pero De lo mundano y lo sublime es también un gran documento para descubrir a un Cela al que todavía le quedaba mucho para ser Nobel de literatura. “Cela era un joven desorientado, muy presionado por su padre para que estudiara Aduanas”, explica Sotelo. “En muchas cartas dice: ‘Tengo aquí el libro de tal, el libro de cual, pero yo estoy pensando en la poesía’. Y, naturalmente, las clases a las que podía asistir, los consejos de Lolita, y luego las conversaciones en la plaza del Conde de Barajas con Zambrano y otros amigos, todo eso le ayudó a entender algunas cosas”.

Ese Cela casi adolescente era, más que cualquier otra cosa, aspirante a poeta. “Para entender al Cela de los años 40 y 50 hay que entender que empezó como poeta”, apunta. “Y que la poesía, como decía Valente, es la matriz de toda su obra. Los poemas iniciales de Cela, incluidos los de Pisando la dudosa luz del día, están muy influenciados por Alberti, por Vicente Aleixandre y, sobre todo, por Residencia en la tierra de Pablo Neruda". 

"A mí siempre me interesó mucho la relación de Cela con Pablo Neruda", prosigue. "Neruda estaba en Barcelona, vino a Madrid en el año 35 como cónsul, sustituyendo a Gabriela Mistral, y creó esa revista preciosa que es Caballo Verde para la Poesía. Si hubiera vivido un número más, seguramente habría habido en ella un poema de Cela”.

En esa etapa, Dolores Franco ejerce de guía y consejera de Cela. “Sabemos que Lolita le decía: ‘Esto me parece mejor’, ‘no sigas tanto por ahí’, ‘tienes que buscar una voz propia’, ‘deja un poco el surrealismo’. Con un punto de incógnita: “Lolita no conservó, o no se conservan, los poemas que él le mandaba. Yo en la introducción digo que se podría reconstruir parcialmente, pero no lo he querido hacer para no llenar al lector de notas”.

Esa es la antesala del Cela novelista, esa figura que acabaría siendo central en la literatura de la segunda mitad del siglo XX en España. “Yo diría que su obra es importante, pero especialmente sus primeros veinte años: desde La familia de Pascual Duarte hasta San Camilo, 1936. Ahí están La colmena, Viaje a la Alcarria, Mrs. Caldwell habla con su hijo, Judíos, moros y cristianos… Ese Cela me parece enormemente potente. Luego no se fosiliza, experimenta con Oficio de tinieblas, Mazurca para dos muertos, Madera de boj, pero hay más zonas de sombra. Como en todos los escritores”, concluye.


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