Especial La encrucijada de la novela histórica: reinvención o anquilosamiento
Hagan una prueba: pongan en cualquier base de datos de libros, por ejemplo aquí mismo, la palabra “Auschwitz” y miren los resultados. No se fijen en los libros de historia o los ensayos, y háganlo en la ficción. Lo que obtendrán será una serie de títulos de novela histórica que se centran en el campo de concentración más tristemente célebre para presentar historias, muchas de ellas inspiradas en hechos reales, de supuesto calado humano. Tenemos, entre otras, El tatuador de Auschwitz, La bibliotecaria de Auschwitz, El niño del establo de Auschwitz, La chica que escapó de Auschwitz, El fotógrafo de Auschwitz, Las hermanas de Auschwitz, La pelirroja de Auschwitz, Las gemelas de Auschwitz o La chica que jugaba al ajedrez en Auschwitz. La lista crece cada año, y por el número de referencias que ya atesora podría conformar un subgénero en sí mismo.
Este pequeño experimento nos sirve para mostrar algo que cualquiera que esté atento a las novedades editoriales ya ha advertido desde hace tiempo: la novela histórica, como también le sucede a la novela negra, está cercana a su punto de saturación, si no lo ha superado ya. Suele suceder cuando un género alcanza una gran popularidad: la oferta se multiplica y, al mismo tiempo, se iguala. Para los fans más fieles, o los lectores ocasionales, no hay demasiado problema. Para los que buscan algo más, todo lo contrario.
En unos tiempos en los que los límites entre géneros se desdibujan, el concepto “novela histórica” en el plano comercial ha alcanzado en las últimas décadas un grado de especialización bastante evidente, sea cual sea la época que recrean: dramas humanos y pasiones universales, tiempos turbulentos, recreación minuciosa e historias que muchas veces pueden leerse como literatura de evasión, por mucho que atañen a conceptos atemporales. El desplazamiento de la acción a un tiempo pasado tiene ese poder: al mismo tiempo que reconocemos lo que mueve a sus personajes, no nos está hablando directamente de lo que vivimos en el día a día. Tiene la verosimilitud de lo histórico, en contraposición con géneros como el fantástico, pero no es exactamente nuestra vida. Una distancia que muchos lectores encuentran reconfortante.
Por supuesto, hay excepciones, pero el abuso de determinados patrones ha llevado al género histórico a repetirse. En especial, porque hay determinados períodos históricos que han sido explotados hasta la saciedad. El auge del nazismo, la antigua Roma, la Edad Media o el Renacimiento han sido explorados de arriba abajo, buscando los casos reales que nunca habían sido objeto de ficción, pero que se parecen mucho a otros, para destacar esa increíble e inspiradora historia de un personaje que lucha contra la adversidad o las convenciones sociales para buscar su propio camino.
Ante ese agotamiento, los autores y autoras que buscan distinguirse han adoptado distintas tácticas, desde las fusiones con otros géneros, como la novela negra, a la investigación periodística o el cruce con el ensayo. Pero también es quizás el momento de mirar hacia otros puntos de vista, otras latitudes y épocas. La ficción histórica que nos ha llegado es eminentemente europea, con todo lo reduccionista que puede llegar a ser.