La asociación de mujeres intelectuales que desafió a la España de los años 20: Eva Cosculluela y ‘El club de las modernas’
La autora rememora la historia del Lyceum Club Femenino, que reunió a grandes pioneras de la época y se enfrentó a los prejuicios sociales.
Cuando Eva Cosculluela descubrió la existencia del Lyceum Club Femenino, no podía creer que nunca hubiese escuchado hablar antes de esta asociación. Fundada en 1926, fue un espacio que reunió a las mujeres más brillantes de la España de la época. Un espacio de cultura, debate y emancipación femenina que desafió a una sociedad que todavía esperaba que las mujeres permanecieran en casa que la historia había silenciado.
El club de las modernas es el libro con el que la autora, periodista cultural, traductora y antigua librera recupera esa historia, en la que los nombres de María de Maeztu, María Lejárraga, Clara Campoamor, Victoria Kent o Elena Fortún se unen a otras menos conocidas e igualmente pioneras. Hablamos con Cosculluela sobre estas mujeres y libros que recuperan otros casos olvidados de la historia.
Video: entrevista con Eva Cosculluela sobre El club de las modernas
Eva Cosculluela llegó al Lyceum Club Femenino por casualidad. “Mi primer contacto fue hace diez años, cuando visité, un poco de carambola, una exposición sobre la Residencia de Señoritas, porque era su centenario”, explica. “Me sorprendía que de la Residencia de Estudiantes supiéramos muchísimas cosas, pero de la Residencia de Señoritas apenas”. En el catálogo de la exposición encontró una referencia que despertó su curiosidad: “Había un capitulito que se llamaba La relación entre la Residencia de Señoritas con el Lyceum Club Femenino. Y yo dije: ‘Uy, esto que suena tan diferente, tan exótico para la época, ¿qué es?’”.
A partir de ahí comenzó una investigación que acabó convirtiéndose en El club de las modernas. “Me puse a investigar un poco y descubrí que había habido una asociación pionera en la defensa de los derechos de las mujeres, en el feminismo y en la utilización de la cultura como motor de progreso social, y que no sabíamos nada de ella”, recuerda. “Yo por aquel entonces era librera, así que empecé a buscar y vi que había poquísimos, por no decir ninguno, libros que hablaran de esto. Solamente había pequeños capítulos en otros libros, que además estaban descatalogados. Tuve que buscar en librerías de segunda mano, en bibliotecas, y empecé a leer las historias y las memorias que habían dejado escritas estas mujeres”.
“Me sorprendió que fueran capaces de crearlo”
Uno de los aspectos que más impresionó a Cosculluela fue la valentía de las fundadoras del Lyceum. “Lo primero que me sorprendió fue que fueran capaces de crearlo”, afirma. La asociación nació en 1926, durante la dictadura de Primo de Rivera, en un momento en el que las mujeres apenas tenían espacios propios fuera del ámbito doméstico. “Cuando decidieron hacerlo recibieron ataques por todas partes, y ellas, muy valientes y audaces, decidieron tirar para adelante, que no les importaran esos ataques y defender aquello en lo que creían tanto”.
Entre las integrantes del Lyceum estaban nombres conocidos como María de Maeztu, María Lejárraga, Victoria Kent o Clara Campoamor, pero Cosculluela destaca también a muchas mujeres menos recordadas: “Me sorprendió muchísimo la cantidad de mujeres brillantes, brillantísimas, que hubo entre las fundadoras y asociadas del Lyceum. De algunas de ellas conocemos sus nombres, pero de otras yo no había oído hablar nunca. Me ha gustado mucho descubrirlas, buscar sus vidas y ver que tienen una trayectoria que, si la tuvieran hoy, nos sorprenderían”.
Entre esas figuras destaca a María Rodrigo, “que fue la primera compositora en España y la primera persona en estrenar una ópera en español”, o Isabel Oyarzábal, “que fue la primera embajadora de España y la primera mujer inspectora de trabajo”. “Había las primeras licenciadas en Medicina, la primera académica de la RAE... Mujeres que rompieron ese techo de cristal que tenían entonces y que tenemos ahora. Mujeres que hoy serían muy destacables y que hace cien años eran muchísimo más destacables todavía”.
Un club atacado por querer ser libre
El Lyceum no solo tuvo que luchar por abrir un espacio para las mujeres: también tuvo que enfrentarse a una fuerte campaña de desprestigio. Para investigar esos ataques, Cosculluela recurrió a la prensa de la época. “Fue fundamental la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional. Es maravillosa. Me permitió descubrir no solo lo que habían hecho, sino también cómo fue recibido”. La reacción de algunos sectores fue especialmente dura. “La prensa progresista ya las trataba con una condescendencia enorme. Eran ‘las hermosas señoritas’, ‘las damitas que se han organizado’... No eran mujeres, no eran intelectuales como debían ser”.
Pero los ataques más duros llegaron desde los sectores conservadores: “Lo más suave que dijeron de ellas es que era un sitio donde iban con las piernas al aire y fumaban cigarrillos egipcios, como si eso fuera algo terrible”. Incluso llegaron a acusarlas de destruir el modelo tradicional de familia: “Decían que era un antro de perdición, que era un casino. No podían soportar que las mujeres se lo pasaran bien”.
Frente a esas críticas, las socias del Lyceum optaron por responder con hechos. “Me gustó mucho ver que ellas no se defendían con palabras, no hacían declaraciones institucionales, sino que se defendían con los hechos. Decían: ‘Miren ustedes lo que estamos haciendo. Estamos organizando lecturas poéticas, conciertos, exposiciones de arte, estamos haciendo obras sociales. ¿Qué tiene de malo esto? ¿A quién hacemos daño?’. Me gustó mucho esa forma de no confrontar, sino de autoafirmarse todavía más en lo que estaban haciendo”.
Mujeres que querían ocupar un espacio público propio
La autora recuerda que el escándalo que provocó el Lyceum tiene que entenderse en el contexto de su tiempo. “Recordemos que era 1926, plena dictadura de Primo de Rivera. Era un momento duro”. Aquellas mujeres estaban cuestionando un orden establecido: “Llegan unas mujeres que dicen que, en lugar de estar en casa, como se supone que tienen que estar, cuidando de sus maridos, teniendo hijos y siendo ese ‘ángel del hogar’, quieren salir de casa, ocupar un espacio público propio como ocupan los hombres. Algo que hoy nos parece una cuestión de justicia, en aquel momento era rompedor y casi un escándalo”.
Una de las grandes preocupaciones de Cosculluela durante la escritura del libro fue la ausencia de estas mujeres en el relato colectivo. “Una idea que ha pesado sobre mí durante toda la escritura del libro era cómo vamos a reivindicarlas ahora si no las conocemos, si no nos han contado ni que existieron ni lo que hicieron”, explica. “Primero tenemos que conocerlas. Cuando me puse a escribir consulté qué porcentaje de mujeres aparecían en los libros de texto y era aproximadamente un 15%. Si no nos las enseñan cuando somos niños, si no crecemos sabiendo que estas mujeres existieron, ¿cómo vamos a reclamar después que se las reivindique? ¿Cómo vamos a defender lo que hicieron?”.
Su libro quiere ser una puerta de entrada a nuevas investigaciones: “Ese ha sido también un poco mi granito de arena: poner aquí sus nombres, hacer unas pequeñas semblanzas que al menos despierten el interés para que otras personas sigan investigando”.
Historias que todavía esperan ser contadas
Después de años investigando a estas mujeres, Cosculluela sigue encontrando episodios que la sorprenden. “Cuando vas descubriendo cosas que hicieron dices: ‘Pero ¿cómo esto no está contado? ¿Cómo no hay tratados más extensos, investigaciones académicas y literarias?’”. Incluso en figuras conocidas aparecen historias desconocidas. Es el caso de María de Maeztu: “Me dio mucha rabia descubrir cómo ella, además del magisterio normal y superior que estudió, empezó a estudiar la carrera de Derecho. Cuando el Colegio de Abogados supo que una mujer quería formar parte de esa profesión, reaccionó cerrándole la puerta: “Le estaban diciendo: ‘Por mucho que hayas conseguido colarte aquí, en esta universidad que era nuestra, no vas a poder ejercer nunca’”.
También rescata un episodio protagonizado por Clara Campoamor, una historia que incluye en el libro. La abogada defendía a un obrero acusado de robar una pieza del Canal de Isabel II. Para demostrar que era posible acceder al lugar donde estaba guardada, Campoamor llegó una noche, entró en el recinto, cogió una pieza igual y se la llevó al denunciante. “Fue a casa del señor, llamó al timbre y le dijo: ‘Le traigo la pieza que era imposible robar. La acabo de robar’”.
Para Cosculluela, esas historias pequeñas revelan la dimensión humana de aquellas mujeres: “Estas cosas que no forman parte de las historias oficiales, pero que me gustan mucho porque dicen mucho de cómo eran esas personas”, concluye.
Libros recomendados por Eva Cosculluela
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Primero quiero recomendaros dos libros que dialogan entre sí. Uno se llama Mujeres en guerra, que es un libro colectivo publicado por la editorial Comares, y el otro se llama Rescatadas del olvido, de Ana Cañil, publicado por Galaxia Gutenberg.
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Los dos libros recogen testimonios de mujeres extranjeras que vinieron a cubrir la Guerra Civil española, cuyos testimonios, como ha pasado habitualmente, quedaron opacados por los testimonios de sus compañeros hombres. En estos libros podemos encontrar los testimonios de mujeres como Carlota O’Neill, Nancy Cunard, Virginia Cunard, Simone Weil o Sylvia Plath, por ejemplo. Y es una visión diferente, una mirada diferente sobre la contienda que no hemos encontrado en los testimonios de los hombres.
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El tercer libro que quería recomendar es Republicanas, de Miguel Ángel Villena, que recoge la historia de las nueve mujeres que fueron las primeras diputadas en los distintos gobiernos de la Segunda República. Ahí encontramos historias quizá más conocidas, como las de Victoria Kent y Clara Campoamor, pero también otras muchas que no han trascendido tanto, como Veneranda García Manzano, Matilde de la Torre o María Lejárraga. En fin, son las nueve mujeres que abrieron camino en la política española, ocupando un escaño entre 1931 y 1939. Y está contado además de una manera apasionante porque retrata no solo las dificultades que ellas encontraron a la hora de ejercer la política, sino también cómo era esa España en esos años tan tumultuosos, desde la llegada de la República hasta el estallido de la Guerra Civil.
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Inmaculada
Esther López Barceló, Marta García Carbonell y Maria Palau Galdón
LIBROS DEL KO, SLL
Y por último quería recomendar otros dos libros que también dialogan entre sí. Uno se titula Redimir o adoctrinar, de Carmen Guillén, editado por Crítica. Y el siguiente se llama Inmaculada, de tres autoras: Esther López Barceló, Marta García Carbonell y María Palau Galdón, publicado por Libros del Caos. Estos libros cuentan la historia de una institución infame que tuvimos en este país: el Patronato de Protección a la Mujer. Este patronato se creó durante la República con la intención de proteger a la mujer de la trata de blancas, el proxenetismo y los abusos sexuales. Pero durante el franquismo se retorció ese fin y acabó convirtiéndose en una especie de cárceles para mujeres, donde se recluía a muchachas, sobre todo jóvenes, que llevaban una vida considerada licenciosa o que no se ajustaba a las normas.