Daniel Verdú sobre ‘La bola', Mar de Marchis y el periodismo en la era de la posverdad
Daniel Verdú reconstruye una época marcada por la crisis del periodismo, el auge de Internet y la necesidad de creer en nuevos relatos.
En 2011, los medios de comunicación tradicionales estaban en crisis. Internet estaba cambiando a pasos agigantados su negocio y muchas cabeceras comenzaron a hacer recortes drásticos. En ese contexto, una misteriosa mujer dio origen a Jot Down, una publicación que, para muchos periodistas, parecía el lugar soñado: entrevistas largas y pausadas, posibilidad de escoger sus propios temas y, sobre todo, una presencia fascinante. Esa mujer, que se hacía llamar Mar de Marchis, era seductora, brillante y parecía saberlo todo de todo el mundo. Solo que no era quien decía ser. Ahí nace La bola, el libro del periodista de El País Daniel Verdú sobre esos hechos y esa época.
Años más tarde, se descubrió que Mar de Marchis no era una abogada que vivía en Londres y representaba a futbolistas. Tampoco era la mujer de las fotos sugerentes que enviaba a periodistas. Simplemente er auna persona con agorafobia y muchas armas de seducción que supo interpretar los tiempos que vivía y ejercer una gran influencia dentro del mundo del periodismo. Hablamos de todo ello con Verdú y nos habla de libros que tratan de capturar la realidad.
Video: entrevista con Daniel Verdú sobre ‘La bola’
Explica Daniel Verdú que hacía tiempo que quería hablar de los cambios vividos a partir de 2011. “Después de darle muchas vueltas y de haber tratado con Mar de Marchis, me di cuenta que de alguna manera, ella era especialmente un síntoma de esa época que habíamos vivido, de crisis, de falta de ideas, de un cierto miedo a los cambios”, recuerda. “Yo siempre lo sitúo en 2011, comienzos de las Primaveras Árabes, todos aquellos momentos de las acampadas de Podemos, y esa sensación total de que nos habían estafado, de que nos habían engañado con las subprimes, con la política, con la información”.
Para Verdú, 2011 fue un año de cambio. “Fue ese momento tan bonito y tan ingenuo de pensar que las cosas se podían cambiar, especialmente apoyados en Internet, que en ese momento era todavía un Internet libre, que prometía progreso y una revancha contra las injusticias que se habían cometido en aquellos años. Realmente fue probablemente el momento más frustrante de esa generación que se dio en llamar millennial, que luego descubrió, pocos años después, que todo había sido una ensoñación, en parte provocada por el algoritmo. Yo creo que la historia de Mar explica muchas de esas cosas. Fue un personaje que cabalgó aquella tormenta, que tuvo ideas brillantes, que supo entender probablemente antes que nadie muchos de los cambios que iban a venir, y que le sacó partido. Hay mucha gente que ante ese tipo de situaciones se asusta, y otras que encuentran una oportunidad en ese río revuelto”.
La fascinación de un personaje enigmático
La pregunta que sobrevuela al lector sobre Mar de Marchis es clara: ¿Cómo una mujer que casi nadie había visto en persona pudo llegar a influir en personas como Juan Luis Cebríán, que posó para su revista con un casco de Darth Vader? ¿O cómo convenció a Prisa para editar una revista, Jot Down Smart, en la que firmaban periodistas que habían sido despedidos del grupo poco antes? Para Verdú, es una mezcla de factores. “Nadie sabe quién es, porque de alguna manera inventa un personaje de ficción, luego el personaje va variando, pero en ese momento era una abogada que vivía en Londres, que representaba a jugadores, mandaba las fotografías de otra persona, de una chica joven guapísima, y mucha gente se encandiló con esa idea”, explica. “No sólo por el carácter sensual que pudieran tener las fotografías, sino por esa sensación de anticipar muchas de las cosas que te iban a ocurrir, o de tener esa sensación de que sabía más que tú de tu propio lugar de trabajo”.
“Hay muchos elementos. Creo que ella entiende el lenguaje de la época mejor que nadie. Es un personaje nacido en internet y entiende los códigos que se están manejando en esa época mejor que nadie”, prosigue. “También el sentido del humor, eso cautivaba muchísimo, entre otros a Cebrián para hacer lo que hizo, y a mucha más gente que se metió en esa historia. “Luego hay algo interesante, esa idea del misterio, que probablemente en su caso fue accidental al principio, por unos motivos de salud, pero luego se da cuenta de ese superpoder, de que ese misterio es fuente de influencia y de poder, y de un magnetismo alucinante”.
Retratar un momento
Pero, más allá del sugerente enigma de Mar de Marchis, para Daniel Verdú su historia es la excusa para hablar también de un momento. “Ella tenía ideas brillantes que tenía sobre cómo se podía capear el temporal, probablemente a través de su proyecto editorial, Jot Down, una revista muy rompedora. Pero luego esa fascinación por el personaje se fue transformando en una fascinación no tanto por ella, sino por los que transitamos aquel periodo. El libro no es una biografía, ni mucho menos una historia sobre la revista que fundó. En el fondo es un retrato sobre nosotros, sobre toda esa gente que estaba en ese momento y que decidió creer, muchas veces ciegas, en algo que probablemente intuía que no era verdad, y que luego se transformó en una idea que ha ido instalándose en el mundo. Esa idea de la sustitución de la fe en el lugar de esa vieja idea de la verdad. Esa necesidad de creer en algo que aporta respuestas a problemas que tenemos, aunque sepamos que ese algo no es exactamente como nos cuentan, y creo que estamos un poco instalados ahí ahora”.
Hasta tal punto muchos creyeron en lo que ofrecía de Marchis que, una vez desvelada la verdad, su imagen y su revista no se derrumbó. “Esa segunda parte del libr, la titulo Devoción, porque de alguna manera hay un momento en el que es más fuerte esa fe que la propia realidad”, explica Verdú. “Por un lado es mérito suyo, porque había dos elementos: uno era la autor y el otro era la obra, y la obra, que era su proyecto editorial, no perdía ni un ápice de interés después de que se revelase la verdad. Pero también es sintomático del momento, de esa idea de la posverdad y de los hechos alternativos. Yo siempre recuerdo esa idea de la primera inauguración del mandato Trump, cuando sale a hablar con la gente, se asoma y está lloviendo. Está todo el mundo con el paraguas, y de repente dice Trump: ‘no está lloviendo’, y la gente, cierra el paraguas. Muchas veces da igual todo si lo que te están contando te gusta, si el relato es bueno, si lo estás disfrutando. Yo creo que aquí la gente decidió seguir disfrutando de aquel show”.
La bola está siendo también uno de los grandes temas literarios del año, especialmente entre los periodistas. En las últimas semanas han aparecido opiniones, confesiones y testimonios de todo tipo al hilo del libro y su inspiradora. “De repente aparecieron una serie de medios jóvenes que a lomos de técnicas en redes sociales, de apuestas radicales, porque tampoco tenían mucho que perder y era todo o nada, y empezaron a disputar la hegemonía o la influencia de esas cabeceras. Eso también generó mucho resentimiento en los grandes medios”, apunta Verdú. “Yo creo que todavía hay algunas llagas de aquello, gente que tiene un cierto espíritu de revancha respecto a esas cabeceras, injusto, porque al final hicieron lo que pudieron con los medios que tenían, y por eso quizá también se genera mucha polarización en el debate, más allá de que hay gente que considera que el libro puede ser mejor o peor, o puede estar peor contado, cosa que me parece muy legítima. Pero hay mucha polarización respecto a lo que fue aquella época y a cómo la vivimos”.
Libros recomendados por Daniel Verdú
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Primero, La ciudad de los vivos, de Nicola Lagioia, que fue un libro que leí cuando estaba viviendo en Roma. Me parece un libro muy interesante porque, más allá de la historia espeluznante que cuenta, del suceso terrible que está en el centro de la narración, en realidad es un retrato sobre Roma y sobre un tiempo bisagra. Y eso es un poco lo que me ocurría a mí con este libro: creo que los libros más fascinantes son muchas veces los que consiguen retratar un momento de cambio, ese instante en el que una época termina y otra todavía no ha empezado del todo. Está esa frase tan repetida de Gramsci, esa idea de que “lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer, y en ese claroscuro nacen los monstruos”. Pues el libro de Lagioia es justamente eso: ese claroscuro donde nacen los monstruos. Es una Roma que, como él cuenta, no tenía alcalde pero tenía dos papas, y era un momento muy extraño de transición, de cambio, en el que ocurrieron cosas muy sorprendentes, como las que cuenta en el libro.
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Luego he leído mucho también durante este tiempo a Chirbes, que es uno de mis escritores favoritos. Y muchas veces no tanto por la propia historia que cuenta, sino por cómo la cuenta. En la orilla probablemente es el libro que siempre se ha citado como la gran novela de la crisis, pero yo creo que es mucho más que eso. Es una novela sobre la resaca de un desastre moral y emocional de la España de los últimos cincuenta años. A veces ya no lo lees tanto por lo que está contando, sino por la manera en la que está escrito: esa mezcla de pensamientos, de diálogos, de narradores, esa forma tan particular que tiene de construir la historia. Él siempre cuenta que se inspiró en la cuarta parte de los Episodios nacionales de Galdós, y realmente es una escritura magnética. A veces incluso es malo leerlo demasiado porque, inconscientemente, acabas copiándole o intentando copiarle, porque tiene una forma de escribir increíble.
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Justo ahora estoy leyendo también Los suicidas del fin del mundo, que yo no lo había leído y supongo que es casi un pecado capital. Es una crónica apasionante sobre el viaje que hace la periodista a Las Heras, un pueblo de la Patagonia donde se está suicidando gente de forma misteriosa. Me gusta muchísimo cómo está escrito: esa sobriedad que tiene, esa capacidad para transportarte a los lugares. Y también me interesa mucho que no extrae grandes conclusiones después de ese viaje. Eso es algo que tiene que ver también con lo que me ha pasado a mí con mi propio libro: expone la situación tal y como está, pone su mirada sobre ella, pero al final no hay una conclusión cerrada o una respuesta definitiva sobre lo que ha ocurrido.
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Además, me ha gustado muchísimo un libro pequeño pero impresionante, que es Nadie me esperaba aquí, de Noelia Ramírez. Es una crónica del desclasamiento. Es decir, habla de esa idea de querer pertenecer a un lugar que probablemente no es el tuyo, de intentar encajar en un espacio social al que sientes que no perteneces, de fingir una apariencia que no corresponde con tu identidad real. Habla de ese sentimiento de vergüenza por sentir que tú no eres igual que los demás, y sobre todo de esa vergüenza multiplicada por haber querido aparentar ser alguien que no eras. Es un libro increíble que además está dividido en dos partes: al principio funciona como una crónica fantástica y después tiene una parte más ensayística. Y a mí me ayudó mucho también para entender muchas cosas del personaje que estaba intentando describir en mi propio libro.