El libro que desmonta los tópicos sobre la vejez: Adriana Riva sobre el fenómeno de ‘Ruth’
La autora argentina nos habla de una novela inspirada en su madre y de la curiosidad que resiste al paso del tiempo.
La protagonista de Ruth, la última novela de la argentina Adriana Riva, es una mujer de 82 años que, tras enviudar, descubre una nueva relación con el tiempo, el deseo y la curiosidad. Ruth va a la ópera con sus amigas, estudia arte, conversa con sus hijos, observa a sus nietas y se pregunta qué hacer con los años que todavía tiene por delante.
La novela, publicada con gran éxito en Argentina, recibió la mención especial del Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2025. Hablamos con ella sobre esta obra y sus libros favoritos.
Video: entrevista con Adriana Riva sobre Ruth
Adriana Riva explica que el origen del personaje está muy cerca de su propia vida. Su madre fue la inspiración inicial de Ruth, aunque la novela acabó alejándose de cualquier intención de retrato biográfico. “Mi madre comparte un montón de esas características que acabas de nombrar y que también tiene Ruth. Es una mujer en el umbral de los 80 años, que enviudó, que le gusta mucho el arte, que es judía”, cuenta.
La chispa definitiva apareció mientras leía Una familia en Bruselas, de la cineasta y documentalista belga Chantal Akerman. El comienzo de aquella novela le hizo reconocer inmediatamente una imagen familiar: “Veo a una mujer en camisón, en bata, en la cocina de casa, en la penumbra, que acaba de enviudar. Y yo pensé: “Es idéntica a mi madre. ¿Cómo me robó a mi madre?”. Aquella identificación la llevó a cambiar el planteamiento inicial: “En lugar de escribir sobre ella, ¿por qué no intento ser ella?”.
Así nació una protagonista que terminó conduciendo la novela hacia un territorio que Riva no había previsto inicialmente: la vejez. “No es que yo lo fuese a buscar, sino que, si mi madre hubiese tenido 40 años, mi protagonista hubiese sido otra novela. Pero mi madre tenía esa edad”, explica. A partir de ahí comenzó una investigación literaria y personal. Entró en librerías buscando novelas protagonizadas por personas mayores y encontró, según recuerda, una representación de la vejez demasiado vinculada a sus últimos momentos: “Muchas veces esas novelas que encontraba con este tipo de protagonistas eran como los últimos días de la vida de alguien, tal vez con muchos problemas de salud o con demencia o con Alzheimer. Entonces eran muy buenos libros, pero un poco tristes”.
Frente a esa imagen, Riva quería escribir sobre otra posibilidad: mujeres mayores con proyectos, deseos, intereses y autonomía. “Lo que yo veía era que había muchas mujeres en los 80 que estaban muy bien, que estaban muy vivas, ferozmente vivas, con muchos intereses, con curiosidad, con deseo y que estaban bien de salud”. Esa fue la vejez que decidió contar.
Una novela sin grandes aventuras
Una de las particularidades de Ruth es que su interés no depende de una gran trama. La novela se construye alrededor de la conciencia de su protagonista, de sus pensamientos, observaciones y pequeñas experiencias cotidianas. La propia autora terminó descubriendo que ahí estaba precisamente la fuerza del libro. Durante un taller literario con el escritor argentino Federico Falco, Riva llevaba fragmentos de la voz de Ruth y sus compañeros comenzaron a preguntarle qué le iba a ocurrir al personaje y cuál sería la trama. Hasta que uno de ellos, guionista, le hizo una observación que cambió su manera de entender el libro: “A mí me gusta Ruth, me encariñé con ella y no me interesa. O sea, no es que estoy esperando que Ruth haga algo. Simplemente quiero leerla, a ver qué piensa, qué dice, cómo la convocan ciertas cosas. No estoy esperando que le pase nada”, recuerda.
La conclusión fue liberadora: “Mi novela es una novela de personaje, no es una novela de trama». Riva reconoce que existe «un pequeño, mínimo arco narrativo”, pero insiste en que Ruth es, ante todo, la historia de una mujer y de su manera de mirar el mundo. Ese planteamiento conecta con su interés por una literatura capaz de encontrar materia narrativa en aquello que aparentemente carece de espectacularidad. “A mí me encanta esa literatura de lo pequeño, de encontrar un poco. Creo que era Perec el que decía que lo extraordinario en lo infraordinario, en lo cotidiano, en lo del día a día”. Para Riva, incluso las acciones más comunes pueden contener una historia: “Es una epopeya sobrevivir al día. Lo que yo estoy interesada en escribir es la aventura de vivir el día a día, y encontrar eso, y maravillarse, encontrar belleza en eso, en lo más mínimo”.
“Vamos a envejecer todos”
La mirada de Riva sobre la vejez atraviesa toda la novela. Ruth no está construida como una figura excepcional porque haya logrado escapar de la edad, sino precisamente porque sigue siendo una mujer compleja, contradictoria, curiosa y deseante a los 82 años. Para construirla, la autora explica que tuvo que desprenderse de buena parte de los prejuicios asociados a la edad. “Lo que hice fue tratar de quitarme todos los prejuicios, tratar de tener la mirada más limpia posible y de ver realmente a esta gente, y de ver cómo viven hoy las personas que tienen... ¿Qué hace una persona a los 82 años? ¿Se levanta y qué le pasa realmente?”.
La imagen que quería combatir era la de una mujer mayor condenada a la pasividad: “Si antes teníamos la imagen de una persona, una mujer en una esquina, tejiendo y simplemente esperando que un día le toquen el timbre y sea la muerte, yo veía que ahora estas mujeres podían estar llenas de actividades”. Riva también cuestiona la forma en que la sociedad contemporánea trata el envejecimiento. “Tiene tan mala prensa la vejez y nadie quiere envejecer. Y, claro, como todo es anti-age y lo peor que te puede pasar es envejecer y, sin embargo, es lo más natural e inevitable y hacia donde vamos”.
La frase que resume su posición es contundente: “Vamos a envejecer todos. Más, menos, mejor, peor, pero vamos a envejecer”. Y añade una idea que resulta fundamental para entender a Ruth: la vejez puede ocupar una parte muy extensa de la existencia. “Es una etapa ineludible de la vida y además cada vez la más extensa, porque siento que uno puede ser viejo mucho tiempo”
La curiosidad como forma de estar viva
En Ruth, la curiosidad tiene un papel central. El arte, la literatura, la música, los talleres, los viajes o incluso las actividades más pequeñas permiten a la protagonista seguir relacionándose con el mundo. Riva aclara, sin embargo, que no partió de la voluntad de transmitir un mensaje concreto. “Yo no es que quería mostrar nada. No es que estaba pensando... Porque no es que pienso en un lector o yo no tengo ningún mensaje para dar ni nada. Simplemente esto fue lo que observé”, afirma. Y lo que observó fue una generación de personas mayores que sigue poniendo en marcha proyectos y actividades: “Veo que la gente mayor arranca con un montón de proyectos, de talleres, de cosas, como que uno está vivo hasta el segundo antes de estar muerto”.
Libros recomendados de Adriana Riva
-
Empezaría por un libro que leí hace relativamente poco, aunque es un libro viejo: El cuaderno prohibido, de Alba de Céspedes. Es una escritora italiana y habla de una mujer, en los años cincuenta, que vive con su marido y sus hijos y se compra un cuaderno para ir anotando las cosas que le pasan. Pero no tiene dónde esconderlo en casa. Y es muy linda la novela porque lo que más la desespera y la angustia, hasta el punto de que no puede dormir por la noche, es pensar que alguien pueda encontrar ese cuaderno donde anota sus cosas. Entonces, de pronto, se levanta, lo cambia de sitio, lo saca del cajón y lo pone al fondo de otro lugar, en el lavadero... Y mientras va pasando el tiempo, efectivamente, le van pasando cosas. Pero me gusta mucho esa idea de que, así como, por supuesto, la mujer no tenía un cuarto propio, en este caso no tenía ni siquiera un cajón propio donde poder esconder ese cuaderno.
-
No puedo dejar de recomendar nunca a mi autora favorita de todos los tiempos, que es Natalia Ginzburg. Dentro de todo lo que escribió Natalia Ginzburg, que me parece absolutamente maravilloso, mi libro favorito es Léxico familiar. Es una novela que se parece mucho a la vida de Natalia y que está llena de personajes entrañables. Es súper italiana. Y no conozco a nadie, a nadie, que no le haya gustado Natalia Ginzburg. Y Léxico familiar es, para mí, su máxima joyita.
-
Voy a ir por el tercero, que es un libro que salió hace dos años en Argentina y que ahora también salió en España, con lo cual coincide acá. Es un libro precioso que se llama ¿Por qué son tan lindos los caballos?, de Julieta Correa, que es una chica argentina. Este es su primer libro y cuenta que a su madre le diagnostican demencia frontotemporal en 2020, justo cuando arranca la pandemia. Y si bien esto que cuento podría hacer pensar que es un libro triste, tiene mucha belleza y mucho de poético. Es un libro que no tiene golpes bajos, que es realmente una lectura hermosa.
-
Como cuarto libro quiero recomendar un libro de poesía, porque me gusta mucho la poesía, y quiero recomendar a Laura Wittner, que es amiga, mi profe también y mi poeta favorita de Argentina. Tiene un montón de libros, pero tiene uno de poesía reunida completa. Ya que está, leerlo todo. También trabaja mucho con lo cotidiano, con lo pequeño, y es muy graciosa, además. Tiene mucho humor. Hace poco sacó otro libro, Diario de menopausia. Me encantan sus poemas y es, bueno, una gran poeta. Pienso en Laura y me pasa un poco también como con Natalia Ginzburg: sería como mi Natalia actual. También tiene otro libro hermoso. Además, se la lee y se la traduce, porque ella también es traductora. Es así como multifacética.