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Por qué necesitamos historias para entender el mundo: Juan Luis Arsuaga sobre ‘La respuesta’ y sus libros preferidos

Historias, evolución humana y pensamiento científico: Juan Luis Arsuaga presenta La respuesta, su libro más personal.

Juan Luis Arsuaga (foto: Librotea)
Juan Luis Arsuaga (foto: Librotea)
Guillermo Arenas España /

Durante años, Juan Luis Arsuaga ha contado la historia de la evolución humana desde la divulgación científica, la investigación y la literatura. En La respuesta, sin embargo, busca algo distinto: que el lector sienta que es él mismo quien le habla. El paleoantropólogo convierte la ciencia en relato para enseñar cómo hemos llegado hasta aquí. En esta conversación, reflexiona sobre por qué el ser humano necesita historias, y por qué la crisis ambiental actual no es un accidente reciente, sino el desenlace de una historia que comenzó hace miles de años. Además

Video: entrevista con Juan Luis Arsuaga

Contar la historia del ser humano: entrevista con Juan Luis Arsuaga
Juan Luis Arsuaga


Explica Juan Luis Arsuaga que el origen de La respuesta está en una conversación con una persona que no conocía durante una excursión. “Había leído mi libro anterior y me dijo: ‘Me ha gustado mucho. Pero cuentas lo que dice todo el mundo. ¿Por qué no escribes un libro en el que cuentes lo que dices tú, lo que piensas tú?”, recuerda. “Para un académico eso es muy difícil, porque en principio tienes que ser más neutral, presentar todas las alternativas y todas las hipótesis. Y pensé: ‘Pues tienes razón, voy a contarlo’. Voy a contarlo desde mi perspectiva actual, después de todos los años que llevo investigando y de toda la gente que he conocido, voy a hacer un relato más personal”.

La respuesta

La respuesta

Juan Luis Arsuaga
Ediciones Destino

Para ello, Arsuaga adoptó el papel de “el viejo de la tribu”, remitiendo al origen del arte de contar historias. “Cuando las historias se contaban oralmente, tenía unos códigos propios: silencios, cambios de tono, pausas… Es otra forma de escritura. Y es muy difícil, o imposible, traducirlo exactamente a la literatura escrita. Muchos lo han intentado y nadie lo ha conseguido”, cuenta. “Yo pensé que no debía aspirar a hacer eso, sino algo más sencillo y viable: que el lector que leyera el libro y me hubiera oído hablar alguna vez sintiera que se lo estoy contando yo. Que mi voz resonara en su cabeza. No la voz de un chamán, sino algo más simple: que al leer dijeran: ‘este es Juan Luis hablando”.

Contar la ciencia

De esa manera, separando un poco al científico y poniendo al frente al contador de historias, Arsuaga llega de forma más directa al lector. Algo que, en sí mismo, tiene una explicación antropológica. “Somos consumidores de historias”, afirma. “El cerebro está ávido de historias. Necesita glucosa e historias para funcionar. Esto nunca desaparecerá. Cuando vas al cine, vas a que te cuenten una historia. Cuando vas a una exposición, igual. Cuando visitas la Alhambra de Granada, si te la explican bien, también te están contando una historia. La ciencia también tiene historias. Historias bellísimas y asombrosas. Cuando yo digo que los continentes se desplazan y se mueven, y explico cómo lo averiguamos, eso es una gran historia. Tenemos grandes historias que contar, y creo que la mejor forma de transmitir la ciencia es contar cómo se llegó a los descubrimientos”.

“La historia de Darwin, por ejemplo, es preciosa”, señala. “El problema de Darwin era que no quería hacer sufrir a su mujer. Ahí hay una historia bellísima. Un conflicto humano. Por eso, quien lee libros de ciencia tiene que sentir placer. A mí me preguntan a menudo por qué recomendaría leer libros, en general o de ciencia. Y yo respondo: por placer. Todo en la vida debería hacerse por placer. Los libros son una fuente de placer, igual que la ópera, el deporte o el vino. Por eso los libros de ciencia no tienen por qué ser áridos”.

La búsqueda  de respuestas

La respuesta, por tanto, es un libro que nos explica muchas cosas: qué causas hicieron posible la vida, por qué la evolución nos ha llevado por este camino o qué papel tiene la autoconciencia. Pero por supuesto, hay algunas preguntas que no puede responder. “La ciencia trabaja con causas, no con sentidos”, apunta Arsuaga. “La ciencia es un producto del Barroco, de la revolución científica del siglo XVII. Surge de una especie de fraternidad de personas que quieren descubrir las leyes que rigen el comportamiento de la materia. Y el principio fundacional es que la naturaleza no tiene propósito. Porque si la naturaleza tuviera propósito, entonces no habría leyes: habría designios. Habría fines impuestos a la materia. La ciencia, en cambio, busca explicaciones, regularidades, causas naturales. Por eso, el primer principio que debe asumir quien se dedica a la ciencia es que en la naturaleza no hay propósitos. Si crees que los hay, dedícate a otra cosa. Nosotros buscamos causas, no fines”.

En ese sentido, la ciencia rompe con la búsqueda del sentido. “El universo no tiene un fin, la ciencia rompe con eso”, señala. “Cuando explicamos por qué el hidrógeno se une con el oxígeno, no hablamos de propósito. Hablamos de electrones, de valencias, de la estructura de los átomos. No hay intención ahí. Y cuando explicamos por qué moría tanta gente en la Edad Media, tampoco hablamos de un plan. Hablamos de pulgas, ratas y bacterias. Eso es la ciencia. La búsqueda del sentido pertenece a otra corriente de pensamiento”.

Esas cuestiones, sin embargo, también se tratan en La respuesta. “Desde que el ser humano descubrió que iba a morir, empezó a preguntarse por el sentido de todo esto. Y entonces surgieron respuestas: la reencarnación, la vida después de la muerte, la idea de que existe algo inmaterial que sobrevive al cuerpo”, detalla Arsuaga. “Pero en el siglo XX, con el materialismo científico, esos mitos dejan de consolar. Y entonces surge el existencialismo francés: Sartre, Camus… Creo que era Camus quien decía que la única pregunta filosófica verdaderamente importante es si suicidarse o no. Puede parecer exagerado, pero refleja el desconcierto del ser humano cuando los viejos mitos dejan de funcionar”.

Ese desconcierto llega a un punto mayor en los últimos tiempos. “Hay una crisis ambiental y una crisis humana, sí, pero hay que analizarla con frialdad”, señala Arsuaga. “El problema de la sostenibilidad no surge solo porque ahora haya plásticos por todas partes. Es el final de un ciclo larguísimo: la historia completa de la humanidad. Siempre ocurre igual: en un territorio fértil surge una civilización. Esa civilización crece, se organiza, crea un imperio, una religión estatal, un ejército… Y acaba agotando los recursos de su territorio. Entonces conquista el territorio vecino y explota sus recursos también. Eso se fue extendiendo de continente a continente. Occidente llegó al último continente “virgen” para explotarlo, hasta agotarlo también. Después quedaron los mares. Y ahora los mares también están sobreexplotados. Esto no es algo que hayamos hecho únicamente nosotros. Es el final de una historia de miles de años. La cuestión es: ¿ahora qué hacemos? Ya no quedan continentes nuevos. Ya no quedan océanos por explotar. ¿A dónde vamos?”.

Libros recomendados por Juan Luis Arsuaga

¿Qué lee Juan Luis Arsuaga?
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    Stephen Greenblatt

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    Ganó el Pulitzer y es un libro magnífico. Además me dio rabia cuando lo leí, porque pensé: ‘¡Pero si yo ya sabía todo esto! ¿Por qué no habré contado yo esta historia tan bien y me habrían dado el Pulitzer?’. Está extraordinariamente bien narrado.

  • El azar y la necesidad

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    Jacques Monod

    Tusquets Editores S.A.

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    Luego hay otro libro que me influyó mucho cuando era joven: El azar y la necesidad, de Jacques Monod. Tengo la primera edición francesa, de Gallimard. No sé si es un libro para todo el mundo, pero a mí me marcó muchísimo.

  • Don Quijote de la Mancha, I

    Don Quijote de la Mancha, I

    Miguel de Cervantes

    Cátedra

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    El mejor libro que se ha escrito jamás. Casi no haría falta ni mencionarlo. De hecho, cuando alguien pide recomendaciones, la pregunta debería ser: “Recomiéndame libros aparte de El Quijote”. Porque Shakespeare es teatro, así que en narrativa El Quijote juega en otra liga.

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    El laberinto de las sirenas

    Pío Baroja

    Maxi-Tusquets

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    Y luego, algo más personal: me gusta muchísimo Pío Baroja. La gente tiene una idea de él que no siempre se corresponde con lo que realmente escribió.Por poner un ejemplo, recomendaría El laberinto de las sirenas. Es una excentricidad mía, porque seguramente casi nadie conoce ese libro, pero tiene unos pasajes y unos poemas extraordinarios.



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