Superar el 'bullying' y cumplir sueños: Águeda López sobre 'La niña que siempre miraba el sol' y sus libros favoritos
La modelo debuta con una novela inspirada en su experiencia en la que nos habla de acoso escolar, heridas de la infancia, resiliencia y el poder de compartir su historia.
En el comienzo de La niña que siempre miraba el sol y sus libros favoritos, la primera novela de la modelo Águeda López, su protagonista está a punto de abandonar sus sueños. Camino al aeropuerto para volver a Madrid y despedirse de su carrera en la moda, una conversación con un taxista le hace replantearse todo. Deja que el vuelo salga sin ella y sigue su camino. Esa decisión le ha llevado a tener una amplia trayectoria profesional y, ahora, a contar su experiencia vital en una novela.
La niña que siempre miraba el sol es un libro sobre la superación, sobre cómo no ponerse límites, pero también un libro sobre los traumas de la infancia. El bullying que sufrió Lopez, y los efectos que tienen durante toda una vida, es un problema sobre el que ha querido poner el foco. Una novela que le ha obligado a salir de su zona de confort y mostrarse al público. Hablamos con ella de su debut literario y de sus libros favoritos.
Video: entrevista con Águeda López sobre La niña que siempre miraba el sol
Águeda López reconoce que publicar este libro ha supuesto el mayor ejercicio de vulnerabilidad de su vida. "Yo siempre he sido una persona muy reservada con las cosas que me han pasado. Aunque la gente piense que por tener una vida pública cuento todo, siempre he tratado de proteger mucho mi intimidad", explica. Abrirse, explica, implicaba asumir un riesgo: "Sentía que abrir esa puerta era darle a la gente la llave para que pudiera hacerte daño o utilizar tus fragilidades en tu contra".
Sin embargo, hubo un momento que cambió por completo esa manera de pensar. La autora recuerda un viaje espiritual a Israel durante el que tuvo un sueño que acabaría convirtiéndose en el origen del libro. "Me vi a mí misma, ya adulta, con un libro entre las manos. En la portada había una niña dibujada que iba saltando de página en página. Llevaba una mochila verde y unas Converse rojas, los zapatos que yo usaba siempre cuando era pequeña”, recuerda. Aquella imagen permaneció con ella durante todo el viaje hasta convertirse en una certeza. "Entendí que quizá todo lo que nos ocurre no sucede porque sí. El universo no nos pone pruebas para comprobar si somos capaces de superarlas, sino para que algún día podamos convertirnos en una inspiración para quienes recorren el mismo camino".
Ese cambio de perspectiva fue el impulso definitivo para escribir una historia que durante años había permanecido guardada. "Quizá puedas hacerle el camino un poco más fácil a un niño o a una niña que, como me ocurrió a mí, esté sufriendo o haya sufrido bullying. ¿Por qué no hacerlo?". Para López, compartir una experiencia tan íntima dejó de ser un ejercicio de exposición para convertirse en una responsabilidad. "No podemos ser egoístas y guardarnos nuestras vivencias por miedo a que la gente nos juzgue. Hay que compartirlas con la intención de ayudar a quienes están pasando por lo mismo".
Enfrentarse a las heridas del pasado
Águeda López asegura que el libro no solo ha servido para acompañar a otros lectores, sino también para enfrentarse a heridas que creía cerradas. "Una crece, madura, construye una vida y piensa que aquellas cosas que ocurrieron cuando tenías ocho o diez años ya no duelen. Pero no es verdad", confiesa. El verdadero impacto llegó cuando leyó el manuscrito en voz alta. "Mientras escribía me di cuenta de que todavía había algo ahí. Pero fue cuando lo leí cuando pensé: 'Guau... esto todavía me duele'".
Convertirse en madre intensificó todavía más ese proceso de revisión. "Ahora que tengo hijos y más o menos tienen la misma edad que yo tenía cuando empezó a pasarme todo aquello, el dolor ha sido incluso mayor". La autora reconoce que comprendió entonces que nunca había conseguido sanar completamente aquella etapa. "Simplemente le puse una curita y seguí adelante. Creo que aquello que de verdad no sanas termina volviendo una y otra vez hasta que decides enfrentarte a ello".
Los efectos del bullying
La autora recuerda que cuando ella era pequeña ni siquiera existía el término bullying tal y como lo entendemos hoy. "No había una manera de nombrar lo que me estaba ocurriendo a mí y a miles de personas más". Eso complicaba aún más el hecho de contar lo que estaba sucediendo. "Yo tenía una comunicación muy buena con mis padres, especialmente con mi madre. Lo que me ocurría era otra cosa: me daba vergüenza, Me daba muchísima vergüenza decirle a mi madre que en el colegio me insultaban, me pegaban, me esperaban a la salida o me escupían en el pelo. Eran cosas tan humillantes que todavía hoy me cuesta pronunciarlas en voz alta".
Por esa razón lanza un mensaje especialmente dirigido a las familias. "Cuando recojo a mis hijos del colegio me fijo mucho en cómo se suben al coche. Intento adivinar por su actitud si han tenido un buen día o un mal día. También procuro hacerme muy amiga de sus amigos y de sus compañeras". En otras palabras, vigilar no solo lo que se dice, sino lo que se puede percibir. "El verdadero problema es que a la víctima le da vergüenza ser víctima", recuerda.
Perseguir un sueño
Pero La niña que siempre miraba el sol no es solo una historia sobre superar el acoso, sino también una novela luminosa que nos anima a no rendirnos. Desde el comienzo, con ese encuentro con un taxista que anima a la protagonista a hacer “la milla extra”. "En aquel momento tenía dos opciones: volver a Madrid, a mi lugar seguro, o arriesgar un poco más y perseguir mi sueño. Elegí hacer esa milla extra", recuerda López. "Creo que, cuando uno se atreve a ser valiente, la vida termina compensándolo. Hay que salir de la zona de confort y arriesgarse. A veces, el consejo de un desconocido hace más por nosotros que nuestro propio criterio".
Publicar el libro también significó enfrentarse a otro miedo: el de exponerse públicamente por primera vez. "Nunca pensé que escribir un libro fuera a estar en mi lista de cosas que quería hacer", afirma. Sin embargo, llegó un momento en el que comprendió que el propósito pesaba más que el temor. "Piensas que quizá haya un niño, en un pueblo cualquiera, sin demasiadas oportunidades pero con sueños muy grandes, que necesite escuchar tu historia. Y eso terminó siendo mucho más importante que mi propio miedo".
Ese mensaje de perseverancia también se extiende a cualquier ámbito de la vida. "Muchas veces nos desesperamos porque creemos que las cosas deberían ocurrir ya". Ella misma recuerda que de joven imaginaba una carrera mucho más rápida en el mundo de la moda. "Pensaba que a los veinte años estaría desfilando en París. Pero Claudia Schiffer solo hay una. Cada persona tiene su propio camino y también su propio tiempo. Quizá no llegues a París con dieciocho años, sino con veintiocho o con treinta y cinco. Y cuando hablo de París, hablo del sueño de cada persona. Solo tenemos una vida. Es algo precioso. Cada día es un regalo y siempre merece la pena dar un paso más hacia aquello que te acerca a tu sueño".
Libros recomendados por Águeda López
-
El primero que recuerdo haber leído, como le ocurre a muchísima gente, fue Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, porque era una lectura del colegio. Pero el primer libro que realmente me dejó una enseñanza espiritual fue El alquimista, de Paulo Coelho. Es un libro que me gusta muchísimo por la forma en que plantea la búsqueda de la felicidad. Tiene mucho que ver con esa idea de que todos los seres humanos pasamos la vida persiguiendo un tesoro sin darnos cuenta de que, muchas veces, lo tenemos mucho más cerca de lo que creemos.
-
Otro libro que he descubierto hace muy poco y me da mucha pena no haberlo leído antes es Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa. Lo leí precisamente durante un viaje a Perú, cuando fui a conocer Machu Picchu. Me pareció una novela maravillosa. Gran parte de la historia transcurre en París, que es mi ciudad favorita del mundo, y me fascinó la manera en que describe la ciudad y construye los personajes. Es un libro muy complejo, lleno de matices, y, sin embargo, me lo leí en apenas tres días, a pesar de ser una novela bastante extensa. Creo que durante mucho tiempo le tuve un poco de respeto a Mario Vargas Llosa porque imponía mucho como autor, pero descubrirlo ha sido una sorpresa maravillosa.
-
También quiero recomendar un libro de un compañero de editorial, Maxi Iglesias, que publicó prácticamente al mismo tiempo que yo. Se titula Horizonte artificial. Es un libro completamente diferente. Tiene mucha acción y, mientras lo leía, me recordaba continuamente a la serie 24, por ese ritmo frenético que mantiene desde el principio hasta el final. Me gustó muchísimo.
-
Por último, recomendaría otro libro relacionado con la espiritualidad que a mí me ha ayudado enormemente y al que vuelvo una y otra vez cuando tengo algún desafío importante delante. Se llama Satán. Que nadie se asuste por el título. Es de Yehuda Berg y no tiene nada que ver con el diablo tal y como solemos imaginarlo. En el libro, "Satán" representa a nuestro oponente interior. Esa voz que constantemente intenta convencernos de que renunciemos. La que te dice: “Hoy está lloviendo, no vayas al gimnasio. Por un día no pasa nada”. O: “Has comido muy bien toda la semana; cómete ese pastel”. Eso es lo que hay que aprender a combatir. Recuerdo que, cuando empecé a escribir La niña que siempre miraba al sol, escribí apenas dos líneas y la primera voz que apareció en mi cabeza fue: “¿A quién le va a interesar esto? Nadie te lo va a publicar. Nadie lo va a leer”. En ese momento comprendí que quien estaba hablando era precisamente ese oponente del que habla el libro. Y pensé: ‘este es el camino’. Así que seguí escribiendo.
- Ver más contenido