Kiko Veneno
Los libros de Kiko Veneno
Las estanterias de Kiko Veneno
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Libros que valen más que mil imágenes, por Kiko Veneno
Ir a la estantería
El libro de la selvaRudyard Kipling
Poema del cante jondoFederico García Lorca
El ruedo ibéricoRamón Mª del Valle-Inclán
Cien años de soledadGabriel García Márquez
Luces de BohemiaRamón del Valle-Inclán
HamletWilliam Shakespeare
La IlíadaHomero Homero
LSD FLASHBACKSLeary Timothy
Don Quijote de la ManchaMiguel de Cervantes Saavedra
Lo que opina Kiko Veneno
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Es el primer libro del que tengo recuerdo, y eso es algo que no se olvida. Lo leí con siete u ocho años. Las aventuras de un niño al que amamanta una loba, eso a esa edad resulta fascinante. Hay algo ahí salvaje que se me ha quedado dentro, y tiene algo de sabiduría que ha calado en mí. Además, lo leí de pequeño y quedó sepultado en mi memoria, y no ha sido hasta hace poco cuando me he dado cuenta de la influencia que ha ejercido en mí. La pantera negra aparece en una canción mía, Ojalá.
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En la Universidad empecé a leer a Cernuda, a Bécquer... pero hay un momento revelador: mi amigo el poeta Fernando León se subía en un banco de la facultad y recitaba los poemas del cante jondo de Lorca. Ahí tuve una revelación de cómo esa poesía estaba viva, del poder de esas imágenes y el sentimiento andaluz. Vi cómo se construía el misterio de la poesía, además muy vinculado a mi tierra, pero también con imágenes del surrealismo, muy osadas, que te hacían ver el mundo con nuevos ojos. Luego, cuando aparece Nuevo día de Lole y Manuel, veo cómo el mensaje de Lorca aparece ahí.
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En la universidad me interesaron especialmente dos momentos: la literatura del realismo mágico y Valle Inclán. Creo que es el autor que más he leído, y he disfrutado como una bestia con él. Cuando leí El ruedo ibérico, vi toda la historia de España contada de esa manera, con anotaciones que eran puro cine, con ese verbo imbuido del modernismo... pero contándonos la historia muy de cerca. A Valle-Inclán yo lo veía como el guionista perfecto, te describe todo de manera excepcional. Es uno de los grandes creadores del lenguaje español.
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Me lo leí una primera vez. Me lo leí una segunda, apuntado los nombres de la familia para hacerme mi árbol genealógico. Las imágenes poéticas de Remedios la bella, cuando llega el repartidor de hielo... Eso se te queda grabado dentro. Una vez que entras en ese mundo mágico, la literatura que no lo tiene te sabe un poco a menos. Ya no puedes vivir sin eso.
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Vuelvo a Valle-Inclán porque es el autor más importante de mi vida. Está su teatro, su poesía, los esperpentos... Me gusta todo, pero me quedo con Luces de Bohemia, porque es como una premonición de lo que va a pasar en la vida. Ese escritor cuando se encuentra con el ministro y ves el encuentro entre el arte y las instituciones puedes ver cómo el arte puede tener esa capacidad para molestar al poder.
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Es todo lo contrario a Luces de Bohemia. La misma profundidad, la misma creación de personajes a través del lenguaje y de las pasiones humanas, pero Shakespeare lo hace subido desde las grandes instituciones humanas, desde lo alto. Es demoledor porque es definitivo. Ahí están todas las grandes pasiones humanas, sus vicios, representadas con una grandeza y un despegue...
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Me junté con mi amigo Santiago Auserón en el año 90. Le dije que quería hacer un disco, el último, para intentar vivir de la música. Tenía 38 años y estaba ya desilusionado. Él se puso de mi lado, y me ayudó para que ese disco no fuese el último. Él es un gran filósofo y lector, y me recomendó que leyera la Ilíada y la Odisea, y le estoy muy agradecido, además de otros de Deleuze y de Foucault. Pero la Ilíada me hizo darme cuenta de que esos mitos fundacionales y escritos en esos hexámetros se transmiten oralmente a través de los siglos, como los romances españoles. Son los mismos temas que Shakespeare, pero contado como un tebeo. Y esa potencia narrativa...
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Cuando estaba en Estados Unidos, me tome un tripi por primera vez y me leí ese libro. Me miraba la mano y veía cómo me crecían los pelos, te miras en un espejo y no ves nada. Son cosas muy potentes. No tanto el libro en sí como la enseñanza de hacer ese viaje.
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Lo leí un poco tarde, pero llega un momento en que lo coges y te das cuenta de lo grande que es de España. La gente va a decir al escuchar esto 'este tío es de Vox', pero no, este tío no es de Vox. Te das cuenta de lo grande que es el espíritu español. Te acerca a esa grandeza, que no es la de una bandera, sino la de las vivencias tan contrapuestas, esa generosidad, esa poseía, ese engaño... todo eso es clave en la visión española. Y todos los grandes de la literatura lo han leído y les ha flipado. Es algo muy definitivo de nuestra historia. No se pueden crear historias tan locas y tan cuerdas si no es en España.
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Me junté con mi amigo Santiago Auserón en el año 90. Le dije que quería hacer un disco, el último, para intentar vivir de la música. Tenía 38 años y estaba ya desilusionado. Él se puso de mi lado, y me ayudó para que ese disco no fuese el último. Él es un gran filósofo y lector, y me recomendó que leyera la Ilíada y la Odisea, y le estoy muy agradecido, además de otros de Deleuze y de Foucault. Pero la Ilíada me hizo darme cuenta de que esos mitos fundacionales y escritos en esos hexámetros se transmiten oralmente a través de los siglos, como los romances españoles. Son los mismos temas que Shakespeare, pero contado como un tebeo. Y esa potencia narrativa...
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Es todo lo contrario a Luces de Bohemia. La misma profundidad, la misma creación de personajes a través del lenguaje y de las pasiones humanas, pero Shakespeare lo hace subido desde las grandes instituciones humanas, desde lo alto. Es demoledor porque es definitivo. Ahí están todas las grandes pasiones humanas, sus vicios, representadas con una grandeza y un despegue...