David Toscana y la novela de los vencidos: así nació 'El ejército ciego', Premio Alfaguara 2026, y sus libros favoritos
El escritor mexicano explica cómo convirtió la historia de 15.000 soldados cegados en el siglo XI en 'El ejército ciego', la novela ganadora del Premio Alfaguara 2026.
Cuando David Toscana se encontró con una breve mención sobre cómo, en el año 104, el emperador bizantino Basilio II ordenó arrancar los ojos de 15.000 soldados búlgaros tras una batalla, se disparó su curiosidad. Cuando algo más tarde descubrió que esa historia apenas había sido contada, ni por historiadores ni por novelistas, tuvo claro que tenía el material para una novela. Lo que no sabía era cómo contarla. ¿Cómo se narra la historia de unos soldados que no pueden ver?
Todo eso lo fue descubriendo por el camino que le llevó a El ejército ciego, la novela con la que ha ganado el Premio Alfaguara 2026 y una obra que juega en su propio universo. A medio camino entre la epopeya de los vencidos, la fábula e incluso el humor, el escritor mexicano da forma a una historia que habla de los personajes olvidados de la historia, de la dignidad que se conserva cuando te despojan de todo y de cómo se construye la Historia oficial.
Hablamos con David Toscana de todo ello y nos recomienda algunos de sus libros favoritos.
Video: entrevista con David Toscana
Cuenta David Toscana que supo de la historia de los 15.000 soldados ciegos por la única mención que se conserva. “La historia de los 15.000 ciegos es la historia en la que el emperador bizantino manda sacarle los ojos a los prisioneros que toman la batalla de Klyuch del año 1014, dejando un tuerto de cada 100 para que los lleve de vuelta a casa. Hay un historiador, Ioannes Scylitzes, que cuenta esto y no cuenta más. No hay ningún otro testimonio histórico, y yo me empecé a obsesionar con esta idea”, explica. “Cuentan que los ciegos llegan de vuelta a Bulgaria, el zar los ve llegar, y no tiene resistencia moral para este espectáculo y se muere. La historia me parecía fabulosa, trágica por supuesto, pero fabulosa para un novelista”.
Toscana, autor de otras obras que se basan en la historia, comenzó a buscar más información sobre aquel cruento episodio. Pero no había. “Cuando busco si algún novelista búlgaro ya se ocupó de esto, resulta que no. Y me encuentro con un historiador polaco especialista en Bulgaria que, en su libro, dice que este es material para un novelista y no para un historiador. Y dije, ya me están invitando por varios lados, así que me propuse escribir esta novela”, recuerda.
Sin embargo, esta historia planteaba tantas posibilidades como retos para un novelista. “¿Cómo se escribe la novela de 15.000 ciegos?”, es preguntó Toscana. “Tardé mucho en encontrarle una solución. Y la solución fue, de algún modo, darle cierto espíritu hasta infantil. No buscar el realismo de la tragedia, porque entonces se volvía cansada la historia, se volvía muy patética y parecía que literariamente no podía sacarle juego”.
La solución la encontró Toscana en la imaginación. “Con lecturas de la época como Las mil y una noche veo que hay una forma de contarlo para que no sea directamente una tragedia, sino que tenga cierto espíritu incluso lúdico”, explica. “En esto, que no tuvo nada de lúdico ni de infantil, pero eso es lo que hace la literatura: transformar la realidad en algo que puede ser bello, que puede ser significativo y que puede ser interesante, apasionante”.
“La novela la escriben los vencidos”: literatura frente a la Historia oficial
Lo que Toscana tuvo claro desde el principio es que quería darle voz a los vencidos. “Hace tiempo que la literatura se ocupa precisamente de la tragedia. Si alguna vez se dijo que la historia la escriben los vencedores, pues la novela la escriben los vencidos”, apunta. “La novela es el territorio para lo trágico, para lo patético, para todo eso que no deseamos en nuestras vidas. Siempre he dicho que deseamos una buena relación con nuestra pareja, fidelidad y una bonita familia, pero ya lo dice Tolstoi, ¿a dónde nos lleva eso? Contar historias de familias felices no lleva a nada. La tragedia es la que nos lleva a la literatura. Los griegos lo entendían muy bien, separaban tragedia y comedia. Nosotros podemos juntar las dos cosas, le llamamos tragicómico o manejamos la ironía, los personajes no tienen que ser reyes y zares, sino también estos soldados de a pie. Y así es como componemos estas historias y le damos la voz a los vencidos”.
Cómo narrar lo imposible: escribir desde la ceguera
Pero quizás la gran pregunta a la que tuvo que responder Toscana es como narrar desde la perspectiva de quien no tiene ojos. “Doy las claves cuando ellos van saliendo de Constantinopla”, apunta. “Entonces uno de ellos dice: ‘Si tuviéramos ojos, habríamos hablado de las murallas de Constantinopla, del mercado, de lo que se vende, de las mujeres, de cómo nos veían, del sol que se refleja en el campanario, del atardecer, de tantas cosas, que es narrar lo que ve el ojo. Pero como no tenemos ojos, simplemente voy a decir que íbamos caminando. Entonces, ya narra lo que puede narrar alguien sin ojos. Y termina diciendo: ‘Cuando uno no ve la vida, lo que hace es vivirla".
Así, Toscana creó una narración que no se basase tanto en lo que se percibe con la vista. "Los narradores no te cuentan todo lo que experimentaron de primera mano. Hay cosas que les cuentan a ellos", detalla. "Siempre tenía que tener la conciencia de qué era lo que se podía narrar cuando se tiene ojos y qué es lo que se puede narrar cuando no los tienes. Y creo que descubrí algo muy interesante para mí como escritor, que es toda esta literatura que acude al entendimiento, pero no al sentido de la vista”.
David Toscana: "El presente lo valoro en otros, pero no me impulsa a escribir"
Con todos esos elementos, David Toscana ha conformado una obra singular, con una atmósfera propia que ha acabado por alzarse con el último Premio Alfaguara. Algo inusual, al tratar temas que se alejan de lo habitual. “Es cierto que la mayoría de la gente que escribe está escribiendo sobre temas contemporáneos”, concede el autor. “En México, por ejemplo, se escribe mucho sobre la violencia, sobre los feminicidios, y considero que es importante que se escriba sobre esto. También hay que dejar testimonio sobre el presente. Sin embargo, mi motor como escritor no es el presente. Ya no sé si al lector le va a apasionar esto, pero a mí como escritor, sí que me apasiona descubrir tantas cosas sin caer en la tentación de volverme historiador. El presente lo valoro en otros, pero no es lo que a mí me impulsa a escribir. Por eso escribo sobre otras épocas, sobre otras realidades”, concluye.
Libros recomendados por David Toscana
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Pienso en otra novela que tiene que ver con la ceguera, de un autor que me gusta muchísimo, Ismael Cadaré. La novela es muy difícil de conseguir, pero se consigue.<br>Se llama El firmán de la ceguera. Es sobre un dictamen en el Imperio Otomano, donde mandaron cegar a varias personas, y a veces se cegaban voluntariamente. Es una novela que me metió un poquito en el mundo del que yo quería hablar.
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Hablando de este mundo de los Balcanes, tenemos una novela que es también un clásico, pero muy poco leída, de Ivo Andrić, premio Nobel 1961. Es una novela apasionante que te cuenta la historia de un puente y, a través de este puente, te cuenta 500 años de historia de este pueblo que se llama Visegrado, pero te está contando la historia del pueblo, del país, del Imperio Otomano, de los Balcanes, hasta llegar a la Primera Guerra Mundial, el Imperio Austrohúngaro y la Primera Guerra Mundial. Es un libro fascinante.
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Hay un libro que yo siempre recomiendo, que creo que para los escritores es importante leerlo, y es un libro que viene de Bizancio, precisamente de aquella época, y se llama Sobre lo sublime. Es un escritor que parece que no conocemos su nombre, pero le llamamos Longino, y da consejos sobre qué es lo sublime en la literatura, qué sirve tanto para escritores como para lectores, qué vamos a buscar en la literatura. Y siempre me ha parecido un libro esencial. Creo que es un clásico que debemos leer los escritores, y te digo que los lectores también.
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He sido un amoroso lector de László Krasznahorkai, escritor húngaro que le acaban de dar el premio Nobel. Es un escritor con una imaginación fantástica. Habla de muchas cosas sin acometerlas directamente. Parece que te está hablando de un mundo un poco kafkiano, y no un poco, bastante kafkiano. El mismo Krasznahorkai dice que siempre está pensando en Kafka, y al no pintar la realidad del mundo comunista de la época en que escribió algunas de sus novelas, al no pintarlo directamente, pinta muchos mundos absurdos, totalitarios, y entonces su literatura se vuelve no puntual, sino vigente y universal.