Libros para acabar con la novela negra, recomendados por Víctor del Árbol
El autor barcelonés cierra la trilogía del sicario sin nombre con 'Las buenas intenciones'.
Con Las buenas intenciones, Víctor del Árbol ha llegado al final de un camino. Con esta novela, el autor barcelonés cierra la conocida como trilogía del sicario sin nombre, la que abrió con Nadie en esta tierra y anudó con El tiempo de las fieras. En ella, su personaje sin nombre comienza retirado junto a la periodista Clara Fité, para verse arrastrado de nuevo arrastrado por su pasado. Una novela en la que, como en las dos entregas anteriores, se mezclan lo que parecen crímenes aislados con tramas mayores, desde la desaparición de unos niños a las redes de blanqueo de dinero o el escándalo del Banco Ambrosiano. Pero también es el final de otro camino, al menos de momento. Con este libro, del Árbol anuncia el comienzo de una nueva etapa, alejado de la novela negra. Hablamos con él y nos recomendó algunos de sus libros esenciales.
Video: entrevista y libros recomendados de Víctor del Árbol
Confiesa Víctor del Árbol que la sensación de haber entregado ya el final de esta trilogía es ambigua. “Por un lado, piensas que eso ya no da más de sí, que a los personajes ya los has exprimido en su arco narrativo lo máximo que has podido y que hay que dejarlos ir, porque si no se volverían redundantes. Pero, en el sentido de los niveles de profundidad que has llegado a alcanzar con cada uno de ellos, lo que a mí me ha dejado es la sensación de si seré capaz de volver a crear personajes con esa profundidad”, explica. “En principio, yo no tengo interés en volver a este tipo de personaje recurrente. Tres novelas, mil y pico páginas, multitud de situaciones, me han dado para exprimirlos como nunca, para crear unos personajes con unos sustratos de profundidad impresionantes. Ahora la duda que me queda es si yo seré capaz de crear un personaje mejor que el sicario. Ahí está el desafío”.
Personajes atrapados por su pasado
Con Las buenas intenciones, en efecto, del Árbol expone a sus personajes a su naturaleza, en una suerte de huida que no llega. Si con el libro anterior, el autor nos comentaba que no creía en la redención, esta vez pone a sus personajes ante la posibilidad de conseguirla. “He puesto a prueba esa teoría. Me dije que iba a ofrecerles a los personajes la posibilidad de corregir sus errores del pasado, o de soltar esas mochilas que arrastran desde Nadie en esta tierra, a ver qué pasaba. Entre ellos, evidentemente, el personaje vertebrador, que es el sicario. Yo le ofrecí, como demiurgo, la posibilidad de retirarse a Italia con Clara Fité. Yo no soy un escritor determinista, pero evidentemente sí que creo que el pasado nos condiciona. Puede que no nos determine, pero nos condiciona. Y al final creo que se demuestra la tesis que yo planteo: que, por muy buenas intenciones que tengamos, no podemos escapar de lo que somos. No de lo que nos ha pasado, lo que nos ha pasado lo podemos dejar atrás. Podemos ocultarlo, podemos disimularlo, podemos cambiarle el sentido también, pero lo que somos, en esencia, no se puede cambiar”.
La verdad no es relativa.No tiene por qué ser agradable, no tiene por qué ser satisfactoria, pero la verdad es la verdad
El otro personaje vertebrador de la novela, la periodista Clara Fité, también es arrastrada de nuevo por su pasado, en este caso a la investigación. “Clara no necesita tanto la redención como la reivindicación”, apunta del Árbol. “El personaje de Clara, como contrapunto del sicario, me parece muy interesante en un doble aspecto. Por un lado, con el sicario tenemos a un personaje camusiano absolutamente, que no cree en nada, despojado de todo tipo de emociones y de afectos. Y por otro lado, tenemos a una persona como Clara Fité, absolutamente imbuida de pasiones y de emociones. Yo creo que Clara vuelve a la primera línea porque los periodistas no podéis dejar de hacer lo que hacéis. Vuelvo a lo mismo, uno no puede dejar de ser lo que es. Lo que pasa es que, para mí, Clara encarna un tipo de periodismo puro, decente. Decente en el sentido de que a Clara Fité todavía le importa la verdad. Y es más, no solo le importa la verdad, cree que la verdad es importante para los demás, que la verdad puede cambiar las cosas. Eso se llama decencia. Y dirías, bueno, que la verdad es relativa, ¿no? Pues no, la verdad no es relativa. Lo que es relativo es la interpretación de la verdad, pero la verdad es objetiva, incómoda. No tiene por qué ser agradable, no tiene por qué ser satisfactoria, pero la verdad es la verdad”.
Tramas con raíces profundas
Como en las entregas anteriores de la trilogía, en Las buenas intenciones hay casos que, lejos de ser aislados, conectan con tramas mucho más profundas. La desaparición de dos niños en los años 90, inspirada en un caso real, lleva a redes en las que el lavado de dinero o la especulación inmobiliaria están presentes. “El problema de la inmediatez es que nos quedamos con lo anecdótico, con lo que ha sucedido en ese momento”, señala Víctor del Árbol. “Hay tantos ítems de información que lo que hoy es noticia, mañana no lo será, porque hay otra noticia que la suplanta. En cambio, yo como escritor tengo el privilegio de fijarme en los detalles, y de la anécdota puedes encontrar la raíz. Yo tengo la suerte de no estar constreñido a un marco de hechos objetivos. Un historiador, un policía o un periodista se tiene que ceñir a los hechos, no a la interpretación. En cambio, a mí lo único que se me exige como escritor es que la historia sea plausible. Yo puedo coger un hecho de la realidad, y explorar hacia abajo, no hacia arriba, ir a la raíz. Esto es un síntoma, cuál es la enfermedad. Eso es lo que yo intento hacer, siempre cojo un hecho de la realidad, algo que ha pasado realmente, y a partir de ahí explorar las causas, el contexto, las razones, para sacar conclusiones. Esa es la parte que a mí más me gusta de ser escritor”.
Después años muy constreñido por el corsé de la estructura del noir, quiero liberarme un poco como narrador
Sobre eso mismo, sobre ser escritor, tratan los próximos pasos de Víctor del Árbol, que ya anuncia que piensa alejarse de la novela negra. “Un escritor amigo mío que se llama Jordi Ledesma me dijo que todos empezamos con la ambición de ser buenos novelistas y aspiramos a convertirnos en grandes escritores. Parece que es lo mismo, pero no es exactamente lo mismo. Hay novelistas que son grandes escritores, y grandes escritores que son buenos novelistas”, cuenta. “A mí ahora lo que me gustaría, después de estos años muy constreñido por ese corsé de la estructura clásica del noir, es liberarme un poco como narrador. Me gustaría darle más peso a la narración, a la palabra pura y dura. No centrarme tanto en que haya pasado algo, que haya crimen, que haya una muerte. Al final voy a tratar los mismos temas, porque yo arrastro los mismos fantasmas, como todo el mundo, pero se pueden usar para crear desde otra visión. Me gusta mucho la policromía de la escritura. Me apetece explorar, experimentar y tengo una idea muy clara en la cabeza. Ya veremos si los editores me la compran, pero yo la tengo".
Libros recomendados de Víctor del Árbol
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No es exactamente ni ficción ni autoficción, es más bien un libro de testimonio, pero que me parece fundamental hoy en día para recordar y recuperar la esencia de la humanidad, qué es lo importante y cómo evitar caer en la brutalidad y en la indecencia cuando se dejan atrás los valores de la ética.
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Porque estructuralmente es maravilloso y porque es muy atrevido, es muy moderno. Orlando es un personaje sin sexo, que evoluciona y cambia de época, es un personaje con el que Virginia Woolf se permitió la libertad narradora de aquella persona que puede imaginar todos los mundos posibles. Es una novela maravillosa.
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Es un poemario maravilloso sobre la necesidad que tenemos de ser amados. Utiliza la mitología bíblica para contarlo, habla del lamento de Satanás cuando su padre, un dios castigador, un dios vengativo, lo expulsa del paraíso simplemente porque como adolescente su hijo se le ha rebelado, y en lugar de perdonarlo lo expulsa. Y habla de la necesidad de encontrar lo trascendental, el amor, la belleza, de volver a ser ángeles de alguna manera.
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Una novela que siempre para mí ha sido algo paradigmática y que la recomendaré siempre allá donde vaya. El extranjero de Albert Camus plantea de una manera muy sencilla (que es muy complicada, porque lo sencillo es muy complicado en literatura) lo que pasa cuando dejamos de creer en algo. Él demuestra a través de esa novela maravillosa, cortita, que la vida no se puede vivir sin propósito, que el ser humano necesita un propósito, necesita un objetivo, necesita algo en lo que creer, algo por lo que luchar, porque si no lo encuentra simplemente se vuelve una ameba, un ser no pensante y no sintiente.