Los libros de la otra España vacía: las recomendaciones de Israel Merino
En 'Epifanía', el autor refleja la dureza de la vida en un pueblo castellano, con sus rencillas y control social eterno.
Un pueblo de Castilla en el que nunca pasa nada, en el que todos se conocen y en el que las rencillas y las relaciones de poder se han forjado durante generaciones. Ese es el contexto en el que el periodista Israel Merino sitúa Epifanía, su segunda novela, un libro que puede entenderse como el reverso de la idealización rural vivida a raíz de la pandemia. Merino, nacido en un pueblo de Toledo, conoce bien ese contexto de poblaciones que se van vaciando poco a poco, en la que el trabajo escasea y el control social está siempre presente. Otra visión, más cruda incluso, de la España vacía. Hablamos con él y nos recomienda algunos de sus libros favoritos.
Video: entrevista con Israel Merino
Explica Israel Merino que Epifanía surgió en un viaje, volviendo de una fiesta. “Iba de Gandía a Madrid, en un autobús, con bastante resaca y paramos en Motilla del Palancar”, recuerda. “Yo estaba con los cascos, escuchando Utopia de Travis Scott, y veía toda la llanura árida, todo seco, que se perdía el horizonte, y me acordé de mi pueblo. Me dije dije: molaría escribir una historia, no sobre mi pueblo —porque la novela no va sobre mi pueblo—, pero es una historia que hablara de los pueblos de la Castilla, de las contradicciones que tienen, de los problemas que tienen, de sus dinámicas, y empecé ahí a garabatear ideas. Quería contar las dinámicas de los pueblos y huir de la idealización del rural español que llevamos viviendo más o menos desde la pandemia. Era un poco mi obsesión”.
En un primer momento, pensó en una serie de relatos, “historias que no tuvieran mucho que ver entre ellas”, explica, pero surgió un nexo argumental que las atravesaba: un atropello en la carretera en el que mueren dos adolescentes. “Con el atropello que lo desencadena todo lo que buscaba era un trauma, un trauma colectivo”, apunta. “El atropello es un recurso que queda bien porque es una muerte violenta, por supuesto, es una muerte súper dramática, pero siempre da pie a la ambigüedad: si es intencionado o si es accidental. Me permitía jugar con la ambigüedad”. Un espacio que también es simbólico. “En la portada aparece una carretera y, más allá de que es el lugar donde ocurre el accidente que desencadena la historia, las carreteras son muy importantes en los pueblos. Tanto a nivel físico, porque al final los pueblos son sitios donde coge todo el mundo el coche, pero además necesitas una carretera no solamente para entrar físicamente: necesitas seguir unos caminos muy marcados, muy asfaltados desde hace muchísimo tiempo, para que te admitan dentro de ese pueblo”.
"No es lo mismo vivir en un pueblo que habitar ese pueblo. Puedes llevar 25 años viviendo ahí y que te llamen forastero"
En Epifanía, esa cerrazón de la vida en un pueblo castellano sobrevuela toda la novela. “No es lo mismo vivir en un pueblo que habitar ese pueblo”, apunta Merino. “Si te vas a vivir a un pueblo, puedes llevar 25 años viviendo ahí tranquilamente y te van a llamar forastero, porque no vas donde va la gente a comprar normalmente, no vas a saludar al que se suele ver, no te emborrachas con los que te tienes que emborrachar, no tienes relación con el politiquillo de turno y no generas esas dinámicas, no estás dentro de ese círculo. De hecho, hay un personaje en el libro que se basa un poco sobre esta idea: que tú seas del pueblo de absolutamente toda la vida, hayas nacido allí, tengas tus amigos de allí, pero no formes parte de las dinámicas. Ergo, no eres del pueblo”.
Esa realidad que muestra Merino está marcada también por el pasado, las relaciones que se han ido creando durante décadas en entornos cerrados. “En los barrios de las ciudades, o en los sitios relativamente grandes, la gente se conoce. El problema es que en los pueblos conoces a la persona que tienes enfrente, pero también a sus antepasados, conoces la carga que lleva en la mochila”, apunta. Entonces, cuando ocurre una muerte traumática, la gente no juzga solamente por ti, sino por todo lo que tienes en la mochila, y todos esos rencores. Todas esas rencillas, todas esas culpas se van activando cuando ocurre al final una tragedia como es un atropello”.
"Nadie se ha ido a los pueblos por voluntad propia, se ha ido por despecho"
Epifanía es también una contestación a esa ola de mitificación de lo rural y de cierta vida del pasado que ha estado presente en los últimos años en la ficción y los medios. Una tendencia que ya ha empezado a remitir. “Ha habido una fase de enamoramiento y ahora hay una fase de querer matar al marido”, bromea Merino. “Con la pandemia todo el mundo se piró a los pueblos y empezaron a escribir literatura onírica de lo bien que se vive entre azahares o lo bien que se está entre el trigo castellano. Ahora te toca recoger el trigo, ahora los sabañones en la mano en enero ya no te hacen tanta gracia, ahora hay que pagar las consecuencias. Y se está produciendo un desencanto. Nadie se ha ido a los pueblos por voluntad propia, se ha ido por despecho. La mayoría de la literatura que hay sobre este tema es gente que vive en Madrid, en Barcelona, y además vive en barrios muy concretos de Madrid o de Barcelona, acaba rota, acaba despechada y se va a buscar un nuevo amor al pueblo. Luego se dan de bruces con la realidad”.
Merino apunta a la crudeza que se olvida de la vida en ciertos pueblos como motivo de esa España vacía. “La España vaciada se vació por algo. La gente tiene poca memoria. Yo creo que la pandemia fue un cambio muy drástico para muchas cosas y esto fue una especie de reset. Yo entiendo que es una putada pagar 1.500 euros por una buhardilla en Malasaña de 12 metros cuadrados, que llegue el COVID y que te tengas que tirar 8 meses encerrado sin poder salir, pero la solución no es irse a vivir entre cabras. La gente dejó de vivir entre cabras por algún motivo. Hay motivos por los que la gente prefiere estar en un núcleo urbano bien comunicado, con su tren y con su hospital. Me han recriminado algunas personas que no hable del mal de las ciudades. De hecho, el anterior libro, Más allá de la noche, era un reportaje que hablaba del mal de las ciudades de una forma documentada. Creo que las ciudades también tienen muchos males. En algunos casos, peores. Las ciudades son trituradoras humanas, pero tienen otras cosas buenas que los pueblos no tienen. Los pueblos te ofrecen más espacio físico, pero la diferencia es que todo el mundo está asomado a las ventanas todo el día y la gente acaba loca”.
Libros recomendados de Israel Merino
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Fue el libro con el que descubrí que toda fortuna en el fondo es ilícita. Siempre el mal está en el dinero, y por mucho que se diga que el dinero se hace de forma limpia, siempre es mentira.
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Es un libro que rehúye del arquetipo barato del realismo mágico y te muestra cómo en la sociedad mexicana los crímenes no los hacen las peligrosas brujas sino el peligroso narco.
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Es un libro para aproximarse a algo tan misterioso como es la religión desde un punto de vista moderno, y creo que nunca viene mal, y más ahora en los tiempos en los que estamos viviendo donde parece que hay un resurgir religioso.
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Es un libro que me obsesiona, y creo que quizás sea la mejor novela de lo que llevamos de siglo XXI, al menos en español.