Los libros que Mario Vargas Llosa recomendaba con pasión
Un recorrido por las lecturas que marcaron a Mario Vargas Llosa y que el Nobel peruano defendió siempre con pasión.
Hace más de un año que falleció el escritor peruano a los 89 años. El último del "boom latinoamericano", el más joven y, posiblemente, el más laureado. Pero no nos vamos a detener a contar todos los premios que recibió. No es lo importante.
Mario Vargas Llosa siempre tuvo muchos admiradores por la obra catedralicia que construyó, por su persistente interés en la estructura novelística, por su pasión por la literatura. Eso era lo primero, la literatura, lo que más amaba. Es cierto que en la última etapa de su vida se ganó muchos detractores por varios motivos. Su presencia en las revistas del corazón de la mano de Isabel Preysler (curiosa cuando menos en alguien que había escrito un libro llamado La civilización del espectáculo). Tenemos que recordar aquí aquel cuento sobre un anciano que se arrepiente de su ruptura con la mujer de toda su vida por irse con otra y que contiene una frase digna de los más altos honores literarios: “Fue un enamoramiento de la pichula, no del corazón. De esa pichula que ahora ya no me sirve para nada, salvo para hacer pipí(...)”. También su alineamiento con gobiernos pseudoliberales de corte derechista y conservador (curioso también siendo él defensor del aborto libre, agnóstico y prodespenalización de las drogas). Pero hoy no vamos a hablar de eso, vamos a hablar de su pasión por los libros, por su vehemencia al recomendarlos y al analizarlos.
Sin lugar a dudas, Mario Vargas Llosa fue uno de los grandes lectores de su tiempo. Hay tres libros, tres autores, en los que se puede considerar que el acercamiento de Llosa fue excepcional. Dos de ellos son franceses y el último es colombiano. Estamos hablando de Víctor Hugo, Gustave Flaubert y de Gabriel García Márquez.
Los tres autores que recomendaba Mario Vargas Llosa:
Llosa publicó en 2004, seis años antes del Nobel, un libro en el que hablaba de Víctor Hugo y su gran novela: Los miserables. El libro se llama La tentación de lo imposible y, como en los demás ensayos literarios del peruano, a través de las apreciaciones sobre los otros escritores podemos descubrir la concepción que él tenía de la literatura. El origen del libro es un curso que impartió en la Universidad de Oxford. En el prólogo del libro, Vargas Llosa nos cuenta que lo leyó en el frío invierno de 1950 en el colegio militar Leoncio Prado (sí, el de La ciudad y los perros). Y que fue esa lectura acompañando a los personajes la que lo sacaba de la depresión, la que hacía que las horas se le pasaran más rápido. Uno de los aspectos que analizó Mario Vargas Llosa fue el narrador de Los miserables —divino estenógrafo, lo llama—, su presencia absoluta, el uso del plural mayestático, su falsa modestia para acercarse al lector. Para Llosa, Los miserables fue la última gran novela clásica, una novela inconsciente a la hora de crear la figura del narrador. Y es que para Mario Vargas Llosa en la literatura francesa existía una línea fronteriza entre la novela clásica, Los miserables, y la primera novela moderna, Madame Bovary, aunque esta última se publicase seis años antes. Y es que para Mario Vargas Llosa, Flaubert revolucionó la novela planteando que el narrador debía justificarse artísticamente. Por eso le dedicó un libro.
La orgía perpetua es un ejercicio brillante de crítica literaria. Es cierto que se aleja de lo académico cuando se enreda con un tono autobiográfico, pero ¿a quién le importa? Se trata de descubrir el nacimiento de una pasión, de sentir por un momento, aunque sea fugaz, lo mismo que sintió Llosa al leer por primera vez Madame Bovary. Este ensayo publicado en 1975 nació como prólogo a una nueva traducción para Alianza. Leer (o releer) Madame Bovary después del acercamiento de Mario Vargas Llosa es leerla de otra forma. Saber que hay alguien tan apasionado por la literatura como para que los personajes que la habitan sean más importantes que los de carne y hueso hace que podamos volver a creer de nuevo en la literatura. Escribe Llosa que dice Flaubert que, al final, un novelista debe ser un “trabajador incansable e incorruptible del estilo”. Bien sabemos que Mario Vargas Llosa nunca olvidó esto.
He dejado para el final el que, en realidad, se publicó primero. La tesis universitaria de Mario Vargas Llosa presentada en la Universidad Complutense de Madrid en 1971 bajo el título García Márquez: lengua y estructura de su obra narrativa y publicada en Barral ese mismo año con el más acertado García Márquez: historia de un deicidio. Este libro que analiza en profundidad la obra de Márquez hasta Cien años de soledad estuvo desaparecido de las librerías durante muchos años. El motivo, se lo puede imaginar cualquiera, un puñetazo. Aunque como libro es un poco más tedioso que los anteriores (no deja de ser una tesis universitaria) es imprescindible porque acuñó un término que será importante para la literatura hispanoamericana de finales del siglo XX como es “la novela total” y dio forma al concepto de realismo mágico.
Las pasiones literarias de Mario Vargas Llosa:
Para Mario Vargas Llosa la literatura escondía una disconformidad con la vida, una insatisfacción sin cura, un deseo soterrado de cambio, la aspiración de querer ser distinto, otra cosa, algo mejor. Para él vivir esas vidas ficticias —leerlas— era una “fuente de ansiedad” que solo podía tornarse en rebeldía contra lo establecido.