Los mejores personajes malvados de la historia de la literatura
Recopilamos los villanos más perversos que han aparecido en los libros.
Vivimos en un tiempo en el que parece que el mal ha triunfado, en el que impera aquello de “cuanto peor, mejor”. Como cantaba Leonard Cohen en Everybody Knows, “todo el mundo sabe que los buenos perdieron”. Con este estado de las cosas, es imposible no echar de menos a los villanos de la ficción: aquellos que encarnan el mal, que nos recuerdan todo lo que es negativo, pero que no tienen una influencia directa en nuestras vidas. Por eso, a veces es incluso reconfortante contemplar a un buen malo en una obra de ficción, que nos explica cosas de la condición humana y, a menudo, son más complejos e incluso brillantes que los de la realidad. Hoy hablamos de los mejores personajes malvados de la historia de la literatura.
Villanos clásicos
El villano siempre ha estado presente en la literatura, desde los cuentos para niños hasta los poemas épicos que ensalzaban a héroes contra sus enemigos. Pero si ese mal primigenio siempre ha estado ahí, la literatura ha ido explorando otras caras del mal, buscando en lo más oscuro del ser humano. William Shakespeare, uno de los autores que mejor ha sabido reflejar la complejidad humana, lo hizo con una Lady Macbeth que encarna la ambición y el arrepentimiento posterior. Más tarde, una de esas creaciones que ha trascendido la literatura también tiene mucho de ambición. El Kurz de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad ha pasado al imaginario popular como una de esas figuras que se pierde en un complejo megalómano y destructivo, algo que hoy en día podemos reconocer a nuestro alrededor.
Villanos brillantes
Dentro de la categoría de grandes villanos de la literatura, hay un apartado especial para esas mentes brillantes pero malévolas, personajes que encarnan la inteligencia mal encaminada, llevada al crimen o al caos como manera de proclamarse superiores. En ocasiones, se trata de una némesis que permite a un autor hacer un relato entre el bien y el mal, como el James Moriarty de Arthur Conan Doyle, el reverso malvado a Sherlock Holmes y el enemigo que da sentido a la saga.
En otras ocasiones, es alguien con un refinado intelecto y gusto, que tiene un cometido en la vida que está por encima de todo lo demás, incluso la vida humana. Un ejemplo es Jean-Baptiste Grenouille, el protagonista de El perfume, de Patrick Süskind. Similar, pero más complejo incluso, es Tom Ripley, el personaje creado por Patricia Highsmith que pasa de joven buscavidas con un gran talento para imitar a otros a ser alguien que construye su propia existencia en base al crimen. Y refinado también es el Hannibal Lecter de Thomas Harris, pero aún más sangriento y despiadado que los anteriores, como se puede comprobar en la saga que comienza con El dragón rojo.
Villanos sanguinarios
Otros malvados de la literatura no tienen esa mente seductora, sino que encarna la violencia, la pulsión sangrienta y el lado más animal y primario del ser humano. Una de las creaciones literarias más salvajes que se recuerdan es el Juez Holden de Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy, un personaje que no duda en matar y violar a su antojo. Otro ejemplo de ese mal es el de Patrick Bateman que Bret Easton Ellis nos presentó en American Psycho, esa crítica al capitalismo más radical que convierte a alguien en un asesino sin ápice de moral y un culto a sí mismo sin fin.
Villanos metafísicos
Por último, hay autores que han querido expresar el mal de manera más abstracta, creando personajes que escapan de la forma humana para reunir en ellos una maldad primigenia. El Cthulhu de Lovecraft, el Sauron de El señor de los anillos de Tolkien o Pennywise de It, de Stephen King, son ejemplos perfectos de esos villanos que van más allá de lo humano.