La muerte de Unamuno llevada a la novela negra y los libros recomendados de Luis García Jambrina
El autor publica 'El último caso de Unamuno', en la que vuelve a colocar al escritor ante la resolución de un crimen.
Después de presentarnos El primer caso de Unamuno, Luis García Jambrina salta directamente a El último caso de Unamuno. Que no se preocupen los fans de la serie que convierte al autor de Niebla en detective: esta no será la última novela que le enfrente a crímenes y misterios. Simplemente, el escritor y profesor de la Universidad de Salamanca quería abordar desde hace mucho tiempo un episodio todavía no resuelto: la muerte de Miguel de Unamuno.
En este caso, Jambrina lo aborda desde la ficción, aunque basándose en documentación real, para ofrecer una versión diferente a la oficial. Todo ello está envuelto en otra investigación que su Unamuno de ficción deja inconclusa a su muerte, y que su amor imposible, la anarquista Teresa, se encarga de completar. Hablamos con él de esta nueva obra y nos recomienda algunos de los libros que han marcado su vida.
Video: entrevista con Luis García Jambrina
El último caso de Unamuno es, explica Luis García Jambrina, el libro que llevaba toda la vida queriendo escribir. “Quería hacer una novela sobre los últimos meses de Unamuno y, concretamente, sobre su muerte”, asegura. “La idea surgió cuando yo trabajaba en la Casa Museo Unamuno, curso 87-88. Entonces yo no escribía ficción, no sabía cómo afrontar el proyecto y también había salido un libro de Luciano González Egido que, aunque no era una novela, trataba de esto mismo. De modo que una vez que salió el primer libro de la serie y ya me sentí seguro con la figura de Unamuno, me lancé a escribir esta historia”. De ahí ese salto temporal con respecto al volumen anterior. “Entre el primero y el último caso habrá al menos tres más, y entre los cinco tendremos una panorámica de la vida de Unamuno y también del primer tercio de siglo en España, porque él estaba implicado en todos los grandes acontecimientos”.
Para acometer esta idea, Jambrina establece una doble línea temporal: la de los últimos días de Unamuno y lo que sucede después. “Yo quería que sus dos amigos y colaboradores de todos los casos, Manuel y Teresa, investigaran su muerte, pero quería que también que Don Miguel fuera un personaje activo. Eso ya me dio la idea de hacer esta estructura doble, dos líneas temporales que se van entrecruzando, entre las cuales el lector puede ir descubriendo algunas vinculaciones, algunas relaciones que llevan a que ambas historias converjan al final de la novela”.
"La muerte de Unamuno es un enigma histórico"
Así, El último caso de Unamuno es un misterio doble, uno de ellos real. “La muerte de Unamuno, el 31 de diciembre del 36, es un enigma histórico que va más allá de la propia vida de Unamuno”, sostiene García Jambrina. “Tiene mucho que ver con la Guerra Civil en esos primeros meses en Salamanca, una ciudad en la que está el cuartel general de Franco, la oficina de prensa y propaganda, las delegaciones diplomáticas de Italia, Alemania... Allí se estaba cociendo todo en ese momento. Y ahí, justo en el centro, estaba Unamuno. Aclarar las circunstancias de su muerte creo que es completar un poco un episodio de la Guerra Civil española de la que tanto estamos hablando, este año se cumplen los 90 años del comienzo de la guerra”.
En su caso, la causa de su muerte se aclara desde la ficción. “Un novelista tiene la ventaja de que se puede tomar ciertas libertades. Puedo utilizar testimonios que, aunque no han sido confirmados, a mí me parece que son verosímiles y que completan un poco ese dibujo que estamos persiguiendo”, explica el autor. “Pero esto debe ser completado con otro tipo de estudios e investigaciones que, por cierto, se están haciendo impulsadas, entre otros, por mí mismo. Sabíamos alguna cosa, pero ahora sabemos más. Y luego, en mi caso, hay un poco también de invención, pero una invención justificada, una invención basada siempre en documentación. Y, sobre todo, al final, todo tiene que resultar coherente y verosímil”.
"Unamuno no tenía ideología, lo que tenía era pensamiento"
Los últimos días de la vida de Unamuno siguen sin estar del todo claros, al igual que ha habido controversia con su postura sobre la Guerra Civil. “Él comienza distanciándose de los sublevados, a los que inicialmente había apoyado equivocadamente, porque pensaba que venían simplemente a enderezar el rumbo de la república, como había ocurrido antes, sobre todo en el siglo XIX”, señala García jambrina. “Él enseguida vio que no iba por ahí la cosa. Se distanció todo lo que pudo y empezó a mandar cartas, muchas cartas. Algunas llegaron a sus destinatarios y otras fueron interceptadas por la inteligencia militar. En esas cartas vemos como él decía literalmente ‘sé que me van a asesinar’. Él lo tenía muy claro. Además, sabía que estaba jugando con fuego por esas declaraciones, esas cartas que estaba enviando. También hay un momento dado en que él empieza a hablar de fugarse, de huir a Francia y allí contarle al mundo lo que está ocurriendo en Salamanca: los fusilamientos, las sacas, los paseos… Todo lo que está ocurriendo allí y demostrar que estos que han venido, supuestamente, a salvar la civilización occidental cristiana, son tan salvajes, o más salvajes todavía. De eso tenemos testimonios también en unas notas que iba escribiendo para un futuro libro que iba a titularse El resentimiento trágico de la vida. Yo utilizo todas estas fuentes en la novela porque nos permiten conocer cómo fueron esos últimos meses en los que, poco a poco, se va quedando solo, en los que está siendo silenciado. Para él eso era la muerte en vida: no poder hablar, no poder escribir artículos, no poder hacer declaraciones era ya la muerte”.
Salvando las distancias, se pueden establecer algunos paralelismos entre esa época y la actual. “Vivimos un momento de mucha polarización política, ideológica, de mucho dogmatismo, de mucho atrincherarse en posturas y eso obviamente no es bueno”, apunta García Jambrina. “No va a terminar obviamente en una guerra abierta, pero sí que hay una guerra ideológica y una guerra cultural. Explorar la vida y la obra de don Miguel siempre me lleva a preguntarme, ¿qué haría él en estas circunstancias? ¿Cómo participaría en la vida pública? Yo creo que haría un poco lo que hizo: estar contra todo lo que consideraba injusto, contra todo tipo de dogmatismo, contra todo tipo de violencia, contra todo tipo de opresión, explotación. Siempre se dice que era contradictorio, pero no: él siempre mantuvo la misma postura. Él no tenía una ideología, lo que tenía era un pensamiento. Yo creo que eso debería ser un ejemplo para ahora. Las ideologías muchas veces no tienen nada que ver con la verdad ni con la realidad. Nos apartan, nos quitan el sentido de la realidad y eso lleva a hacer juicios equivocados. Lo que tenemos que tener es un pensamiento vivo, como lo llamaba Unamuno, un pensamiento crítico”.
Libros recomendados de Luis García Jambrina
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Primero como lector, y luego me he dado cuenta de que también como autor, los libros más importantes los leí hace mucho tiempo, en la adolescencia y juventud, cuando hacía el bachillerato y los primeros años de universidad. De alguna manera, mi lector ideal soy yo cuando tenía entre 17 y 21 años. Y ahí hubo cuatro libros que fueron muy importantes. Dos tienen que ver con la literatura española y son clásicos, de esos que había que leer y que eran obligatorios. Eso era lo peor que se podía hacer con un libro, obligar a leerlo, porque eso ya vacuna a la gente contra esos libros y contra los clásicos en general. Uno es La Celestina. Yo le debo mucho a La Celestina porque es el origen de una obsesión que es la obsesión por Fernando de Rojas y por la época de Fernando de Rojas. Esa transición entre la Edad Media y la Edad Moderna, entre la cultura medieval y el renacimiento y el humanismo, un periodo muy agitado. Y considero que La Celestina es un libro fundacional. Fundacional de la literatura española, por supuesto, pero quizá también de la literatura europea. Ahí da origen a un género literario propio porque tuvo muchas continuaciones. Todo ese mundo a mí siempre me interesó mucho hasta el punto de que suelo decir que el origen de eso que llamamos novela negra, viene de ahí, de La Celestina. Nada más negro que el ambiente que dibuja La Celestina, el propio personaje de Celestina que muere. Que muere asesinada y que lleva una vida semi-delictiva, vamos a decirlo así.
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Es un libro prodigioso. Hay que leerlo con mucha paciencia, con tiempo por delante, con energía, con avidez, y ahí está el origen de un tipo de novela que a mí me gusta mucho, que es la novela de pensamiento, donde hay una trama, pero sobre todo hay pensamiento, hay debate de ideas. Entreverar el pensamiento con la literatura de ficción, utilizar los diálogos también para eso, para debatir filosóficamente sobre las grandes cuestiones, un poco como hacía también Unamuno, me parece la línea de novela más fructífera.
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Novela fundamental, la gran novela moderna española con la que arranca todo. Es el origen de muchas cosas que luego van a ocurrir en la literatura española moderna. Es el origen de la metanovela, de la antinovela, es una nivola con todo lo que eso significa y es un libro al que le debemos mucho, aunque muchas veces los autores españoles, los escritores españoles son muy cicateros y no lo mencionan. Mencionan a otros grandes novelistas europeos de ese mismo periodo, por supuesto interesantes, Ulises de Joyce, pero no mencionan a alguien que también revolucionó la novela en ese tiempo, con varios libros, pero si hubiera que destacar uno, sería Niebla.
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Lo leí ya con 21 años, cuando se publicó en español, que yo estaba todavía estudiando la carrera de filología y leíamos a Umberto Eco, leíamos sus tratados de semiótica, sus análisis de la cultura de masas, con mucho interés. De repente, sale esta novela que para mí fue muy importante como lector, de gran disfrute y para ver otro tipo de literatura donde se fusiona lo culto y lo popular. A mí la literatura popular o de masas me interesa muchísimo y aquí teníamos reunidas las dos grandes tradiciones de la novela. Cuando yo empiezo a escribir novelas, en 2007, evidentemente tengo una gran deuda con Umberto Eco, no porque yo hable también de asesinatos de frailes o de monjes, pero sobre todo porque me enseñó un camino, el camino que mezcla lo culto y lo popular.