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“Pensaba que no me iba a leer nadie”: Manuel Vilas sobre sus comienzos más punkis y algunos de sus libros favoritos

El autor reedita sus primeros relatos en 'Zeta', y nos habla de su etapa más rupturista.

Manuel Vilas (foto: Librotea)
Manuel Vilas (foto: Librotea)
Guillermo Arenas España /

Antes de Islandia, antes del Premio Nadal e incluso antes de Ordesa había otro Manuel Vilas. En concreto, un escritor tan diferente que los lectores habituales del autor de Barbastro apenas le reconocerían. A finales del pasado siglo y principios del actual, ese escritor publicó dos libros de espíritu punk, en los que la Zaragoza en la que vivía por entonces se transformaba en algo similar a una Gotham City literaria. Ahora Páginas de Espuma reedita esos dos títulos bajo el nombre de Zeta.

En los relatos que pueblan Zeta hay jóvenes sin futuro, drogas, mucha noche, criaturas extrañas y hasta vampiros. Pero también humor, cáustico o ácido, pero que se vincula con el Vilas Más reciente. Hablamos con él sobre volver la vista al pasado y algunos de sus libros favoritos.

Video: entrevista con Manuel Vilas sobre Zeta

“Pensaba que no me iba a leer nadie”: Manuel Vilas sobre sus comienzos punkis
Manuel Vilas

Explica Manuel Vilas que algunos lectores se acercaban a él para preguntarle por sus primeras obras, y su respuesta siempre era la misma: es inencontrable. “Zeta es un libro que escribí hace más de 26 años, era yo muy joven, y se publicó en 2002. No tuvo ningún tipo de fortuna literaria, y ahí se quedó. Estos inicios míos quedaron allí en el desván, ocultos, sin circulación pública”. Fue Juan Casamayor, de la editorial Páginas de Espuma, quien le propuso rescatarlos.


Ante esa idea, el Manuel Vilas de 2026 se enfrentó al Vilas de hace más de un cuarto de siglo, con resultados inesperados.”Revisé los libros y me gustaron muchísimo. Me topé con un escritor que era yo mismo, pero que me parecía que era otro escritor. Estaba convencido de que me iba a pasar eso, pero vi que había una serie de temas en los relatos que son temas míos, resueltos de una forma distinta a como los resuelvo en las últimas novelas: la soledad, la deshumanización, la alienación del trabajo y la fealdad de las ciudades en las periferias”.

Pero había algo más que le sorprendió especialmente: el humor. “Me acuerdo de que empecé a leer el libro para revisarlo y me empecé a reír. Me moría de risa. me decía: ¡Pero qué haces, si este era yo hace veintitantos años. El hecho de que me riera leyéndome fue definitivo para decir que sí”.

Zaragoza como Gotham City

Una de las singularidades de Zeta es la manera en que Vilas aborda Zaragoza y, en general, la representación literaria de las ciudades españolas. “Sobre todas las ciudades españolas pensaba el realismo. La ciudad española importante, demográficamente o históricamente, ha tenido su representación literaria, o en el costumbrismo, sobre todo en el XIX, y en el XX en el realismo”, señala Vilas.

“No había habido un intento de modernizar el punto de vista, de pasarlo por la psicodelia, pasarlo por Gotham City, con vampiros, con monstruos, con criaturas salidas de no se sabe dónde, con una cotidianidad que de repente se convierte en algo amenazante”. Así, convirtió la ciudad en la que vivía en un territorio literario. “Zaragoza se una visión posmoderna”.

Romper las convenciones

En esa ruptura con las formas tradicionales aparece también su idea de una literatura “burguesa”, una expresión que Vilas matiza para evitar cualquier interpretación despectiva. “Eso de literatura burguesa jamás lo he dicho con ánimo descalificador. He querido decir literatura con códigos razonablemente burgueses, en el sentido de que todos somos clase media. Un lector español o lectora compra una novela esperando que las convenciones habituales del género se mantengan. Eso es lo que yo entiendo por literatura burguesa”.

Zeta, sin embargo, nació precisamente de la voluntad de no respetar esas reglas. “Yo era un punki cuando escribí el libro, esas convenciones no las mantienen, no hay una ortodoxia literaria allí, está roto”. 

La explicación tiene que ver también con la situación desde la que escribió aquel libro. “Yo pensaba que no me iba a leer nadie. Un escritor, cuando piensa que no le va a leer nadie, se convierte en una especie de anarquista o de ser absolutamente libre, porque no tiene ninguna responsabilidad, nadie le va a leer. Cuando piensas que lo que tú haces no le va a interesar a nadie, tu grado de libertad es absoluto y te lleva a no mantener ningún convencionalismo”.

Un vitalismo salvaje

Lo que sí reconoce en Zeta es una energía diferente a la de sus novelas posteriores, pero que entronca con sus temas actuales.  “Hay un gran vitalismo nacido del humor y nacido de la hipérbole, porque es un libro muy hiperbólico, donde todas las cosas están extremadas”, señala. Y encuentra una consecuencia sencilla pero reveladora: “Tú sales de muchos relatos de Zeta riendo. Si sales riendo de un libro, hay vitalismo”.

Ese vitalismo no funciona, sin embargo, de la misma manera que en sus libros actuales. “Es un vitalismo, quizás, obtenido con otros materiales. El vitalismo de mis últimas novelas es más poético, más sentimental y emocional. El vitalismo de Zeta es salvaje, subversivo, disolvente e inaceptable, ronda lo salvaje”, concluye.

Libros recomendados por Manuel Vilas

¿Qué lee Manuel Vilas?
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    Jack Kerouac

    Editorial Anagrama

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    Yo me dedico a releer. Soy un fanático de En el camino, de Jack Kerouac. Me parece una novela maravillosa. Lo que daría yo por haber escrito esa novela. Y puse en Twitter que me la leía todos los meses, o sea, doce veces al año, y que me la leía en inglés. Y mucha gente se lo creyó. Hombre… era una forma hiperbólica de expresar el amor a un libro. Estamos perdiendo hasta eso. El amor es hiperbólico, la expresión del amor.

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    A Borges siempre lo asociaba con la prosa y ahora estoy releyendo la poesía de Borges, que me está seduciendo muchísimo.

  • La muerte de Iván Ilich. Jadzhí Murat

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    He vuelto a leer La muerte de Iván Ilich, de Tolstói. Yo lo leí de jovencito, tendría 18, 19 años, que era cuando se leía a los rusos. Y se me había olvidado el libro. He tenido la necesidad de volverlo a leer y me ha encantado.

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    Ana Merino

    Ediciones Destino

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    Me viene a la cabeza El camino que no elegimos, de Ana Merino. La última novela de Ana Merino. Está ambientada en Estados Unidos, y yo soy muy fan de Estados Unidos. Y cuenta cosas en esa novela que yo tuve el privilegio de poder haber vivido con ella. Es una novela muy querida para mí.


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