Road trip: los mejores libros sobre viajes en carretera
Novelas imprescindibles donde el camino, la aventura y la transformación personal son los verdaderos protagonistas. De Jack Kerouac a Cormac McCarthy.
El viaje es, desde La odisea, un género literario en sí mismo. Pero con la llegada del siglo XX, se inauguró un tipo de narración que tenía en la propia carretera un símbolo en sí mismo. El llamado road trip puede ser muchas cosas: búsqueda de la libertad, de uno mismo, relato de iniciación, experiencia catártica o incluso un relato del apocalipsis, pero siempre tiene algo en común: hay una senda marcada que alguien se propone completar.
Desde los beatniks camino hacia la costa oeste hasta las vías secundarias españolas, seleccionamos algunas de las mejores obras que transcurren en una carretera. Viajes que nos enseñan sobre la vida, el ser humano y, a veces, sobre nosotros mismos.
En el camino, de Jack Kerouac
Hablar de novelas de carretera es empezar, inevitablemente, por En el camino. Publicada en 1957, la obra de Jack Kerouac no solo dio forma al imaginario del road trip, sino que se convirtió en el gran manifiesto literario de la Generación Beat. Sal Paradise y Dean Moriarty atraviesan Estados Unidos una y otra vez persiguiendo experiencias, amistades, música y una libertad que se busca pero que nunca se alcanza. Escrita con una prosa frenética y espontánea, la novela sigue siendo una invitación para entender el viaje como una forma de vivir.
Ponche de ácido lisérgico, de Tom Wolfe
En los años sesenta, el periodista Tom Wolfe decidió subirse al autobús psicodélico de Ken Kesey y los Merry Pranksters para documentar uno de los más fascinantes de la contracultura estadounidense. El resultado fue una crónica electrizante en la que la carretera se convierte en el laboratorio de una generación que quería romper con todas las convenciones. Entre fiestas improvisadas, conciertos, LSD y kilómetros de asfalto, Wolfe construye uno de los grandes clásicos del nuevo periodismo y un retrato irrepetible de una época en la que viajar significaba explorar nuevas formas de entender el mundo.
Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter S. Thompson
Pocas novelas han capturado con tanta intensidad el lado más delirante del viaje como Miedo y asco en Las Vegas. Lo que comienza con una excursión en coche para cubrir una carrera de motos termina transformándose en un descenso al exceso, la paranoia y la sátira política. Hunter S. Thompson utiliza la carretera hacia Las Vegas para desmontar el sueño americano y retratar el final de los ideales de los años sesenta. El resultado es una obra salvaje, divertida y profundamente crítica que convirtió el periodismo gonzo en un género propio.
Cuatro amigos, de David Trueba
No hace falta cruzar Estados Unidos para escribir un gran road trip. David Trueba lo demuestra en esta novela protagonizada por cuatro amigos que emprenden un viaje por las carreteras españolas. Lo que podría parecer una escapada cualquiera acaba convirtiéndose en un recorrido emocional donde afloran los silencios, las frustraciones, los recuerdos y las preguntas que aparecen cuando se pasan demasiadas horas compartiendo coche. Con su habitual mezcla de humor, ternura y melancolía, Trueba construye una historia sobre la amistad y el paso del tiempo que encuentra en el viaje el escenario para hablar de todo aquello que cuesta decir.
Carreteras secundarias, de Ignacio Martínez de Pisón
El viaje también es un sinónimo de relato de iniciación. En Carreteras secundarias, Ignacio Martínez de Pisón retrata la España de finales de los años setenta a través de un padre y un hijo que enlazan mudanzas, pensiones y negocios dudosos mientras intentan salir adelante. El viaje permanente es también una forma de inestabilidad, una huida constante hacia ninguna parte y el aprendizaje de un adolescente que descubre demasiado pronto las contradicciones del mundo adulto. Una novela delicada y sutil que ya ocupa un lugar imprescindible en la narrativa española contemporánea.
La autopista Lincoln, de Amor Towles
Amor Towles demuestra su talento para convertir un viaje en una gran novela de personajes. Ambientada en 1954, La autopista Lincoln sigue a Emmett Watson, recién salido de un reformatorio, y a su hermano pequeño, decididos a empezar una nueva vida. Sin embargo, la aparición de dos antiguos compañeros cambia por completo el itinerario previsto. A lo largo de varios días y cientos de kilómetros, Towles construye una historia coral sobre la amistad, el azar, las segundas oportunidades y la posibilidad de reinventarse.
Salvaje, de Cheryl Strayed
Aunque el recorrido de Cheryl Strayed transcurre a pie por el Pacific Crest Trail y no sobre cuatro ruedas, pocas obras contemporáneas comparten de forma tan clara la esencia del road trip: abandonar todo lo conocido para encontrarse a uno mismo. Tras la muerte de su madre y una profunda crisis personal, la autora decide recorrer en solitario más de 1.700 kilómetros por uno de los senderos más exigentes de Estados Unidos. El resultado es un relato honesto y lleno de fuerza sobre el duelo, la resistencia y la capacidad de empezar de nuevo.
La carretera, de Cormac McCarthy
Si Kerouac convirtió la carretera en un símbolo de libertad, Cormac McCarthy hizo de ella el último refugio de la esperanza. En un mundo devastado por una catástrofe nunca explicada, un padre y un hijo avanzan hacia el sur buscando comida, refugio y la posibilidad de sobrevivir. Cada kilómetro es una lucha contra el hambre, el miedo y la violencia, pero también una prueba del vínculo inquebrantable entre ambos protagonistas. Con una prosa despojada de cualquier artificio, McCarthy escribió una de las grandes novelas del siglo XXI.