Sofía Balbuena: libros de cuentos y novelas imprescindibles que marcaron a la ganadora del Premio Ribera del Duero
La autora argentina nos habla de 'Personaje secundario', su primera incursión en el relato.
En Personaje secundario, el primer libro de cuentos de la escritora argentina Sofía Balbuena, los hechos cotidianos sirven como detonante de algo mucho más profundo. El devenir emocional, sentimental o las relaciones de amistad o familia son los hilos con los que la autora va tejiendo relatos que ahondan en la psicología de estos personajes, fundamentalmente mujeres.
La manera en la que Balbuena se adentra en el pensamiento de sus personajes, desplegando su complejidad a través de situaciones en apariencia triviales, ha hecho que se haya alzado con el Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve, uno de los más prestigiosos del género en lengua castellana. Hablamos con ella y nos recomienda algunos de sus libros recientes imprescindibles.
Video: entrevista con Sofía Balbuena sobre Personaje secundario
Explica Sofía Balbuena que los cuentos de Personaje secundario partieron casi todos de la observación de la vida cotidiana. “En casi todos los casos, la primera cosa que me llegó fue una escena, un momento”, señala. “Creo que tiene que ver con cómo miro la vida, cómo miro a la gente en la calle y cosas así. A menudo había una escena que se me instalaba en la cabeza y el cuento fue la forma que encontré para dar respuesta a la incógnita que esa escena me generaba. Por ejemplo: ¿qué hay detrás de esa pareja que está sentada en una mesa, él le tiende la mano y ella la rechaza? Eso no está en el libro, pero es una escena que ahora me viene mucho a la cabeza. Tratar de imaginar la historia detrás de lo que vemos, que es un poco lo que conocemos como la teoría del cuento de Piglia: esta historia subterránea que los cuentos, en nuestro tiempo, deberían contar”.
Balbuena comenzó a escribir estos cuentos buscando otro formato, después de escribir Sutura, una novela basada en su propia experiencia. “Me puse a escribir estos cuentos porque había terminado algunos proyectos largos y dije: ‘Quiero escribir algo más corto, que no me demande un proyecto de dos años; algo que pueda escribir en quince días’. El primer cuento que escribí, que fue Avenida Rivadavia, surgió en este momento en el que un hombre llama a su pareja y le pregunta si le puede ayudar a vender o comprar dólares. Ella piensa que es increíble que un hombre adulto no pueda hacer eso solo. En Argentina, vender y comprar dólares es la cosa más normal del mundo.
"El segundo cuento también parte un poco de esa lógica: la imagen de una nena molestando a unos señores que están jugando a la petanca", prosigue. "En otro, La mejor persona del mundo, también había una escena inicial y la necesidad de pensar qué hay detrás de una madre muy joven con una niña de cinco o seis años. Después me di cuenta de que esos dos cuentos se parecían, que tenían elementos en común. Fue muy claro para mí que los cuentos que yo podía escribir formaban parte de una misma conversación”.
En ese punto, encontró la línea que unía estos cinco relatos. “Me cuesta mucho pensar en otra cosa que no sea una unidad de trabajo, una unidad temática”, confiesa. “Me di cuenta de dos cosas: Primero, que tenía más cosas que decir al respecto. Segundo, que el cuento me permitía mantener ese corazón, esa historia oculta de la que hablábamos. Todos estos cuentos eran como pequeñas puertas de acceso a esa cuestión que a mí me parecía importante, que estaba en el centro y que nunca terminaba de verse del todo.
Personajes en el límite
A medida que avanzaba con la escritura de Personaje secundario, Sofía Balbuena fue dándose cuenta de la naturaleza común de los textos. “Yo les digo a mis alumnas todo el tiempo que existe una especie de meseta: cuando uno llega a la mitad de un proyecto, aparece un momento de desánimo absoluto, porque uno no sabe dónde está”, explica. “Yo estaba escribiendo Tsunami, que es el tercer cuento del libro, y me costaba mucho ver qué iba a pasar. Tenía todo el universo del cuento: los personajes, más o menos sabía lo que ocurría, pero no tenía claras las acciones".
En ese momento de crisis llegó la revelación. "Ahí fue cuando, escribiendo, haciendo prueba y error, pensando la tensión del cuento, surgió ese momento en el que Lorenza piensa que es un personaje secundario, alguien que sería olvidado muy pronto por todos en la ciudad. Ahí me di cuenta de que todo lo que ya había escrito, los dos cuentos anteriores, tenía eso en común: la cuestión de esos personajes que se corren del centro de su propia existencia, que se desplazan del foco de su propia vida”.
Una de las prioridades de la autora con estos cuentos se basaba en ponerse límites y metas. “Quería explorar mucho la tensión narrativa”, afirma. “Yo estaba viviendo en Estados Unidos cuando empecé a escribir, y hay algo que aprendí allí: que la tensión es clave como mecanismo para sostener al lector; para tratar de darle algo a quien te está leyendo, darle motivos para continuar con el relato. Yo esperaba haber logrado ofrecer algo más que solo tensión. Pero me parecía muy importante trabajar ese aspecto”. para ello, el cuento también le proporcionaba unos límites que aprovechó. “Me interesaba ponerme restricciones formales, ser más exigente respecto de mi propia escritura y de mi trabajo. Yo florezco así”, cuenta. “Cuando me voy limitando de alguna manera, me ordeno y puedo avanzar. Si todo el mundo me parece demasiado vasto, demasiado amplio, con posibilidades infinitas, me paralizo. En cambio, con indicaciones, con reglas claras, puedo desarrollarme y avanzar”.
Un libro con premio
Personaje secundario, como decíamos, se alzó con el último premio Ribera del Duero. “La verdad es que no lo esperaba. Creo que realmente me siento una recién llegada al género. Pero bueno, también soy extranjera en todas partes, así que también soy extranjera en el cuento”, cuenta Balbuena sobre este reconocimiento, aunque también relativiza la propia naturaleza de los premios. “Por supuesto que ganar es muy importante, pero la lectura también es una cuestión de sensibilidad. Es un acto que depende mucho del momento en el que encuentra a quien lee. A veces te gusta más una cosa por cómo estás ese día y, otras veces, otra distinta. Es algo muy variable. Entonces creo que existe un componente que no diría que es suerte, pero sí algo intangible, algo que yo no controlo ni podría controlar: la forma en que quien lee recibe lo que escribí”.
Libros recomendados por Sofía Balbuena
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Bueno, el primer libro que voy a recomendar es Los mejores días, de mi amiga Magalí Etchebarne. Es su primer libro de cuentos y acaba de reeditarse en Páginas de Espuma. Lo recomiendo porque me gusta muchísimo. Trabajé muchos años como librera y era un libro que vendía sin parar. Me parece un libro perfecto. Además, es un libro sobre la juventud, o quizá sobre ese cruce entre la juventud y lo que viene después, cuando todavía no terminamos de definir muy bien qué es lo que está pasando. A mí me emocionó muchísimo.
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Después quiero recomendar una edición doble de la editorial Tránsito que reúne Los años falsos y El libro vacío, de la escritora mexicana Josefina Vicens, que escribió únicamente esos dos libros. En ambos casos, el protagonista es un hombre. Me parece que Vicens hace muy bien ese ejercicio de performar la masculinidad. En general, me interesan mucho esas inversiones: ocupar, desde la escritura, un rol de género que en principio no es el propio. Desde ahí construye con muchísima solidez un retrato muy preciso de la idiosincrasia masculina mexicana de aquella época. A mí me gusta más Los años falsos. El libro vacío es bastante más conocido y anticipa, de alguna manera, algo que después hará Mario Levrero en La novela luminosa: esa figura del escritor incapaz de escribir. Y lo hace con unos sesenta años de anticipación.
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Después leí hace muy poco un cómic que me gustó muchísimo y que se llama Campeón, de Jazmín Varela. Me parece un libro espectacular. Construye un universo muy potente a partir de una estética que podría leerse como sucia o incluso fea. Es casi terror psicológico. Habla de una familia en la que la presencia de los perros o, en general, de las mascotas, va marcando el destino de sus integrantes. Además, se permite mostrar la deriva y el quiebre psíquico de sus protagonistas. Se anima a empujar a los personajes hacia la locura. Y eso, justamente, es algo que ahora mismo me interesa muchísimo como escritora. Me interesan los personajes desquiciados, al borde del estallido. Los míos están en tensión, pero todavía no estallan. Ahora estoy investigando justamente a los que sí lo hacen.
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En ese sentido también quiero recomendar Material inflamable, de Rosa Ramírez, publicado por Almadía hace relativamente poco. Me encanta porque retrata a un personaje completamente desplazado, en plena crisis psicótica durante un largo período de tiempo. Pero también porque habla de las formas de locura que puede producir la presión del contexto en el que uno vive. En concreto, habla de esa exigencia de asimilación que muchas veces recae sobre las personas migrantes: la idea de que uno tiene que dejar atrás todo lo que era antes para poder ser aceptado en el lugar al que llega. Como si, al pasar por la caseta de migraciones, hubiera que dejar del otro lado todo aquello que era propio y fundirse completamente con el entorno para que el país que te recibe considere la posibilidad de aceptarte con plenitud de derechos.