Ian Gibson
Los libros de Ian Gibson
Las estanterias de Ian Gibson
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Libros que te acompañarán toda la vida, por Ian Gibson
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ULISESJAMES JOYCE
Lo que opina Ian Gibson
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Para un hispanoparlante, disfrutar El cantar de los cantares en el latín de la Biblia Vulgata no supone una dificultad insuperable. Vale con creces la pena. ¡Qué bien suenan en el idioma de Virgilio, pero ya menos complicado, los piropos intercambiados de Esposo y Esposa! Una gozada.
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Hay que volver una y otra vez a la novela española más inmensa de todos los tiempos. Por el momento, puesto a elegir, me quedo con la historia de Marcela, feminista militante cuatro siglos antes de las sufragistas. También con el discurso de Quijote sobre la Edad de Oro, ¡ante unos cabreros! ¡Comunismo puro!
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No se trata de una noche de verano cualquiera sino de la de San Juan, la más corta del año y la más mágica, cuando casi todo es posible, hasta el enamoramiento de la reina de las hadas por un asno. La reflexión final de Puck es sublime.
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¿Qué habría sido de nosotros sin la explosiva literatura francesa de mediados del siglo XIX? Tanto 'Madame Bovary' como 'Las flores del mal' se publicaron en 1857, algo inimaginable en la pudibunda e hipócrita Inglaterra victoriana.
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¿Qué habría sido de nosotros sin la explosiva literatura francesa de mediados del siglo XIX? Tanto 'Madame Bovary' como 'Las flores del mal' se publicaron en 1857, algo inimaginable en la pudibunda e hipócrita Inglaterra victoriana.
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¡Qué derroche de erotismo, de colores, de exuberancia! Especialmente el romance “Primaveral”. El gran Rubén, en profunda deuda con Francia, llegaría pronto a España, trayendo consigo la buena nueva del modernismo. Imposible no ponerse de rodillas.
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Proscrita en la Irlanda de mi adolescencia, la novela es hoy motivo de intenso orgullo nacional. Valdría la pena aprender inglés para acompañar a Leopoldo Bloom en su alucinante viaje de 24 horas por Dublín. Entretanto la mejor versión española es la del benemérito Francisco García Tortosa (Cátedra).
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La demostración palpable y genial de que Lorca es un poeta telúrico, “agarrado a la tierra”, a la vez que modernísimo. Nadie lo vio mejor que Vicente Aleixandre, y hasta Dalí tuvo que asentir a regañadientes.
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El magistral relato expresa en pocas páginas, sin una sola palabra excesiva, todo el horror de la España tétrica que, nada más llegar la democracia en 1931, se dedicó metódicamente a destruirla. Inolvidable Mosén Millán y la misa en memoria del campesino fusilado por los fascistas.
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El asesinato de Trotsky contado con toda la fuerza de una tragedia griega por un narrador cubano enigmático a quien vamos conociendo poco a poco a lo largo del relato. Detrás, una profunda investigación sobre el asesino, Ramón Mercader. Padura es grande, grande.