José Carlos Somoza
Los libros de José Carlos Somoza
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La herida oculta
Ricardo Menéndez Salmón, Espido Freire, Pilar Adón, José Carlos Somoza, Gustavo Martín Garzo, Álvaro Colomer, Fernando Marías y Ricard Ruiz Garzón -
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Historia secreta de la Corporación
Lorenzo Silva, Elia Barceló, José Carlos Somoza, Vicente Luis Mora, Marta Rivera de la Cruz, Fernando Marías, Juan Bas y Constantino Bertolo Cadenas -
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Las estanterias de José Carlos Somoza
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Estos espías podrían saberlo todo de ti
Ir a la estantería
El espía que surgió del fríoJohn le Carré
El topoJohn le Carré
La gente de SmileyJohn le Carré
ChacalFrederick Forsyth
La isla de las tormentas (edición Black Friday)Ken Follett
Llamada para el muertoJohn le Carré
OdessaFrederick Forsyth
Ashenden o el agente secretoW. Somerset Maugham
El factor humanoGraham Greene
James Bond 6: GoldfingerIan Fleming
Lo que opina José Carlos Somoza
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Releo esta novelita con frecuencia inusitada. En principio, nadie diría que la literatura de espías fuese propicia para releer. A fin de cuentas, juega con la sorpresa, como la policiaca. Pero aunque esta obra (que dio a su autor la fama mundial) contiene una sorpresa final inesperada -y, por tanto, muy esperada cuando ya la conoces-, es narrativamente tan perfecta que me apetece regresar a ella. No me sucede con ninguna otra novela. Raro
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Para mí, la mejor novela de espías escrita nunca, incluso superior a El espía que surgió del frío, aunque no en la perfección narrativa. El topo es, a su modo, un “tópico”: ¿quién de nosotros es el traidor? Aunque explotado antes y después por otros autores, la sutileza con que lo borda Le Carré en esta historia es inolvidable.
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Es la conclusión de la trilogía iniciada con El topo, y una extraordinaria narración por derecho propio. En ella, el gran enemigo de George Smiley, Karla, es al fin atrapado con la trampa en la que, obligadamente, caemos todos, seamos o no tan astutos como él: la emocional.
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Sin estar a la altura de las obras de Le Carré, es una gran novela de espías sobre todo por una curiosa razón: fue el primer gran bestseller de este género que utilizó una vasta y real documentación, suministrada con todo lujo de detalles, para aplicarla a un argumento de ficción. Desde cómo obtener un pasaporte falso hasta fabricar armas caseras, Forsyth, digamos, inauguró a su modo el reality show de las novelas, y desde entonces nadie se atreve a publicar nada sin hacer los deberes.
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Aunque Follet pareció pretender aprovechar la fuerte popularidad de Chacal, su novela tiene méritos propios, particularmente por el espía Die Nadel, que, a su modo, es otro Chacal, pero Follet tuvo el acierto de envolverlo en una trama emocional (de la que Forsyth libra asépticamente a su asesino) que gustó a muchos lectores.
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Le Carré tenía que regresar a mi lista con esta obrita, no tan maestra, ni de lejos, como El espía que surgió del frío, pero lo suficiente. Aunque tiene más de policíaca, ya su autor apuntaba maneras para crear el género de espías tal como lo conocemos. Smiley vuelve a intervenir, con un tópico genial: el del suicidio poco claro. ¿Por qué se suicida un hombre que había pedido por teléfono ser despertado después de su muerte?
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Merece estar en la lista aunque solo sea por su comienzo: ¿tienen relación el asesinato de Kennedy en Dallas y el suicidio de un judío desconocido en Hamburgo? A partir de ahí Forsyth detalla, con su usual documentación, los intríngulis de una organización real creada para ayudar a escapar a los nazis. Forsyth ya dominaba la forma narrativa documental que él mismo ayudó a inventar.
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Yo leí esta novela un verdadero ancestro genético y genérico de la novela de espías, cuando todavía decir “agente secreto” atraía la atención y curiosidad del público. Maugham fue un agente secreto real y su obra está llena de experiencias y de una prosa muy sólida.
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El gran Graham Greene no es famoso precisamente solo por sus novelas de espías, pero a la larga resultó que era uno de los géneros donde mejor se movía su prosa sutil, de estilo aparentemente sencillo. El exitoso Ian Fleming (creador del delicioso pero artificial 007) estimuló a muchos de sus compatriotas a escribir lo que “de verdad” era ser espía, y Greene lo admitía así.
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Era difícil resistir la tentación de mencionar una de las mejores novelas del archiconocido, archifalso pero, pese a todo, archiexitoso James Bond. 007 no solo tiene licencia para matar: al parecer la tiene para seguir encandilando a los espectadores película tras película. Por desgracia o por suerte, no ocurre igual con las novelas, aunque se siguen vendiendo. Fleming, sin embargo, tiene un mérito más que suficiente como para no faltar en mi lista: es el autor que motivó a otros a recrear y mejorar el género hasta extremos incomparables. ¿Ser bueno o hacer buenos a los demás? Es un enigma sobre el que también podría hacerse una novela de espías.
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Una extraordinaria novela de terror aparentemente "sobrenatural” en donde lo “natural” acaba imponiéndose, todo de la mano de Conan Doyle y su inmortal creación, el detective Sherlock Holmes. Es el libro de Holmes adecuado para comprender que el detective cabe en una novela gótica, fantasmal, con dosis de thriller moderno y cierto romanticismo.
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Publicada en 1886, con ella Stevenson inaugura la transición entre lo antiguo y lo moderno. Una novela de misterio salpicada de tintes de terror, novedosa no solo por su forma (epistolar, con diversos cambios de punto de vista) sino por su tema (el doble, la ciencia como origen del horror). Es tan buena que resiste la relectura e incluso se emplea en muchas academias para estudiar la narración.
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Poe no fue británico sino norteamericano, y de haber sido británico es dudoso que la reina lo hubiese nombrado “Sir”. Alcohólico, vagabundo de las letras, poeta “maldito”, su obra en prosa inauguró la novela de misterio del s. XX e influyó en no pocos autores del XIX. Así, su Chevalier Auguste Dupin está considerado el primer detective de ficción de la historia de la literatura, estrenado en uno de sus cuentos "Los asesinatos de la calle Morgue". Pero sus cuentos, en general, son un fiel reflejo de esa unión entre leyenda, misterio y ciencia ya mencionadas.
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Aunque a caballo en la época moderna, este personaje francés tiene varias cualidades que le hacen pertenecer al mundo “victoriano”, las menores de las cuales no son haberse enfrentado a “Herlock Sholmes” (el nombre con el que su creador Leblanc rebautiza la creación de Doyle), o ser más bien un ladrón antes que un agente de la ley. Nueva vuelta de tuerca a los aficionados al misterio.
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La novela más propiamente de misterio de Wells es esta. Publicada en 1897, Wells narra las peripecias de un científico sumido en la invisibilidad de igual manera que Jekyll lo estaba en la maldad. Sin embargo, Wells consigue aquí dotar a su novela de aires de suspense y misterio, mucho más que en otras creaciones suyas más próximas al género de ciencia ficción.
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En sus obras, aunque escritas a comienzos del s. xx, Chesterton ahonda en esa brecha entre ser humano y tecnología, introduciendo una nueva clave para los misterios: la espiritualidad. Su padre Brown, de glorioso recuerdo, resuelve los misterios apelando también al espíritu, a la ética, a la ideología y no solo a la razón. Sus cuentos son extraordinarios y escritos con una prosa diáfana.
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Esta es la novela de misterio victoriana por excelencia. Roza el terror, pero también la psicología y, ¿por qué no?, el psicoanálisis. Habla del terror interior como ya lo hiciera a su modo Stevenson, pero ahora proyectado hacia lo externo. La voz de la narradora es un patrón dorado de voz narrativa en cualquier escuela de escritores. Se trata de una obra maestra que ha cautivado por igual a seguidores del género de misterio y a lectores generales. Y sigue planteando la misma pregunta: ¿existe todo lo que cuenta la narradora o es producto de su imaginación?
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Este “otro” James no perseguía los mismos objetivos perfeccionistas que el “primer” James, pero en una lista de obras de misterio no debe faltar. M. R. hablaba de fantasmas como seres que parecían nacer de la esencia misma de la casa gótica. Algo así como el polvo o la sábana sobre un mueble olvidado. Su capacidad para el suspense es única.
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Amigo de Dickens, admiradores ambos de las obras del otro, y envidiosos también, Collins escribió la que podría ser denominada la verdadera primera obra de misterio detectivesco de la historia. Influido por Dickens, sin embargo, escribió aquello que al autor de “Oliver Twist” le hubiese gustado crear de haber decidido escribir sobre el misterio de una joya robada. Es larga pero se disfruta cada página debido a sus personajes inolvidables.
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Klara y el sol trata de androides, pero, al igual que hiciera Ishiguro con Nunca me abandones, no es una novela de ci-fi propiamente dicha sino una fábula sobres el estado frágil de la percepción humana.
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Labatut ficciona la historia misma, transmuta las anécdotas reales dotándolas aquí y allá de flecos de maravilla y fantasía. Escoge para ello el relato de ciertos descubrimientos científicos de nuestra época y desmenuza conceptos complejos (química, física cuántica) con gran habilidad. Novela de no-ficción sí-ficción.
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Es, creo, la mejor novela negra del prolífico José Luis Muñoz, uno de los grandes novelistas de este género en nuestro país. Y mantengo esa opinión debido a la sencillez helada de sus descripciones (en muchos sentido:s se desarrolla en Islandia), la fuerza de sus escasos pero contundentes personajes y un sentido increíble de fusión entre paisaje y emociones, propio de los grandes novelistas.
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Biurrun se ha consolidado como un gran escritor de terror, pero Solo los vivos perdonan parece reinventar un género. Se entrecruza la culpa con la historia terrible y reciente de nuestro país y otra historia, subterránea, de nuestra evolución como especie, así como con los fantasmas más reales de todos: aquellos en los que creemos. Biurrun no pretende escribir ficción sino otra realidad. Bien diferente.